La crisis en primera persona

Y la crisis dejó de ser algo abstracto y comencé a sentirla en carne propia. Para hacerlo rápido, a las 6 de la tarde del pasado jueves 29 de enero me convertí en un ilustre desempleado. Ese día me comunicaron que la debacle económica había golpeado fuerte a la oficina donde hasta entonces trabajaba, y que por lo tanto se veían en la necesidad de prescindir de mis servicios. Hoy día, cuando escribo estas líneas, acaba de aparecer el último boletín temático de Ciudadanos en Red de mi autoría. Lo miro y no puedo dejar de sentir un montón de sensaciones encontradas. Fueron casi cien artículos escritos en cinco meses, notas que versaron sobre todo lo que jamás creí que pudiera escribir: aeropuertos, drogas, economía, basura, sismos, movimientos sociales, discriminación, y todo aquello que pudiera caer en ese universo tan vasto e inagotable que es lo urbano.

Creo que tan mal no lo hice. Después de todo, los últimos boletines – escritos en su totalidad por mí – tuvieron más de 7 mil 500 visitas, algo que parecía bastante lejano algunas semanas atrás. Pienso que con el tiempo aprendí a conocer a mis lectores, dándoles algo que realmente les interesara sin por ello ser complaciente con sus gustos u opiniones. Quizás por eso si me pidieran rescatar un solo artículo de los que escribí, no dudaría un momento y elegiría aquel en que propuse cobrar por el uso de segundos pisos, que no fue el más leído, pero sí el que más polémica levantó. A decir verdad, no me importa mucho si no convencí a nadie con mis argumentos, pero si fui capaz de hacer reflexionar a alguien sobre el tema me siento más que satisfecho.

Se podrán decir muchas cosas de Metrópoli 2025, institución que edita el boletín de Ciudadanos en Red, pero sería tremendamente injusto de mi parte el no reconocer que durante cinco meses me dejaron escribir literalmente de lo que quisiera, sin ningún tipo de pauta o censura, cosa que siempre se agradece. Son pocas las instituciones que harían eso, especialmente considerando que quien estaba detrás de los comentarios era un extranjero.

desempleo

Mis lectores y yo

Debo ser honesto y decir que a mí los números de lectoría no me interesaban tanto como los comentarios que llegaban en cada artículo, los que leía una y otra vez para entender mejor qué opinaban los lectores de su ciudad y su país. En este sentido, siempre me llamó mucho la atención el sentimiento de pesadumbre que podía leerse en la mayoría de ellos. No tengo claro que sea una sensación generalizada, pero resulta impresionante ver cómo una gran parte de los lectores de mis artículos manifestaban un marcado pesimismo de cara al futuro, como si a México y su capital nada ni nadie los pudiera cambiar. Por eso es que quizás algunos comentarios expresaban una profunda desconfianza hacia mis opiniones, como si siempre hubiera una doble intencionalidad detrás de mi discurso, el que forzosamente debía obedecer a un oscuro interés partidista. Una de las desventajas de internet es que cualquiera puede tirar una piedra desde el más absoluto anonimato sin hacerse responsable de sus afirmaciones. Así, no me molesta tanto que una persona la semana pasada me haya sindicado como miembro de la “elite de rateros del gobierno o perredista de hueso colorado”, sino que dicha acusación haya sido hecha de manera cobarde detrás de un pseudónimo.

Afortunadamente esta fue la excepción, porque la mayoría de las opiniones fueron hechas en un marco de respeto, aun cuando no se concordara con lo que yo expresaba. Sin duda se va a echar de menos esa retroalimentación que tanto enriquece la manera de ver las cosas en la ciudad.

¿Qué sigue ahora?

No tengo la menor idea. De partida debo encontrar un trabajo cuanto antes, porque todavía no descubro la manera de alimentarme de aire. Mientras ocurre esto me voy a dedicar a gozar de este descanso no deseado, escribiendo en este blog que tantas satisfacciones personales me da, leyendo todos aquellos libros y artículos que por falta de tiempo ni he abierto, viendo todo el fútbol que pueda, corriendo en la medida que mi cuerpo y ganas me lo permitan, paseando con mi novia, y maravillándome con una ciudad que nunca deja de sorprender.  

1 Comment on La crisis en primera persona

  1. Pues mal plan lo del trabajo, en metrópoli ya extrañamos un poco la visión de la ciudad por un extranjero. Los mexicanos no entendemos y no queremos ver muchas cosas, basta leer el Laberinto de la Soledad de Octavio Paz para descubrir que a pesar de haber sido escrito hace ya varias decadas hay cosas que siguen siendo vigentes hoy en día y de lo cual también Denisse Dresser hace referencia en uno de sus tantas ponencias.

    Esperemos que con educación esto cambie pronto!!

    Saludos!

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