Enrique Peñalosa hiperventilado

Leo en el último número de Movilidad Amable, publicación del Centro de Transporte Sustentable, una entrevista al ex alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa de la cual me permito copiar un párrafo:

“La única solución de transporte en países y ciudades en desarrollo es con medios que avancen por la superficie. No existe ninguna posibilidad de cubrir ciudades con sistemas férreos porque son muy costosos, no sólo de hacer, sino de operar. La única solución son buses con carriles confinados. La gente de más recursos presiona para que no haya transporte como el Metrobús y que se construyan más líneas de metro y no porque tengan intención de usarlo, sino porque quieren echar a los pobres bajo tierra.”

Transmilenio (1)

Para alguien como yo, que en mayor o menor medida ha decidido dedicar gran parte de su vida a promover una mejor calidad de vida en la ciudad, la figura de Enrique Peñalosa es casi motivo de veneración, ejemplo de lo que una autoridad pública debiera ser en el ámbito urbano. Hombre decidido, de ideas claras y lenguaje tan filoso como inteligente, Peñalosa entró al Olimpo urbano cambiando de raíz la cara de una ciudad que sólo 15 años atrás era considerada el paraíso de la violencia y la delincuencia organizada en América Latina. Es cierto, no ha caminado solo en esta aventura de poner las ciudades colombianas como ejemplos a seguir en nuestros países (imposible no mencionar la labor de Sergio Fajardo en Medellín y de Antanas Mockus en la misma Bogotá), pero Peñalosa brilla con méritos propios, especialmente por la gran obra pública que dejó tras su gestión, y que tuvo como proyecto emblemático el Transmilenio, el sistema de transporte urbano que se transformó en “el” modelo a seguir en un mundo ansioso de encontrar soluciones económicas y sustentables a los graves problemas de movilidad de ciudades que durante décadas pusieron los intereses del automóvil por encima de los de las personas.

Es por ello, por venir de alguien que siempre deja alguna frase para el bronce de los planificadores, que no puedo entender sus declaraciones. Está bien que los sistemas BRT (Bus Rapid Transit) sean una excelente alternativa de transporte colectivo, pero de ahí a ser “la única solución” para nuestros países hay un trecho muy largo. Peñalosa – y cualquier persona con algún conocimiento de planificación urbana – debiera tener muy asumido que en este tipo de temas no existen las respuestas universales, que lo que funciona muy bien en Bogotá puede ser un desastre en otras latitudes, y que por lo tanto cualquier iniciativa urbana de gran escala debe reconocer las particularidades del lugar donde se implanta. Adaptabilidad, flexibilidad, son conceptos esenciales que se deben esgrimir contra la simple copia del modelo, actitud que usualmente tiene consecuencias nefastas en la ciudad y que ya han experimentado en carne propia urbes que decidieron trasplantar sin mayores ajustes el mismísimo sistema de transporte bogotano, cuando la demanda, vialidad y características del tejido urbano eran completamente diferentes. Hay mucho de soberbia en las palabras de Peñalosa, que pueden leerse casi como “sólo el que hace las cosas como las hice yo está bien”, descartando de plano otras maneras de enfrentar el transporte público que no estén basadas en un bus circulando por un carril confinado.

Quizás fue el entusiasmo del momento, porque estoy casi seguro que un tipo inteligente como el ex alcalde colombiano sabe perfectamente que a cada tamaño y características de demanda le corresponde un medio de transporte que las satisface mejor, y que el problema no es tanto si los ricos quieren que los pobres vayan bajo tierra, sino cómo hacer que el transporte público no reconozca fronteras sociales y que sea utilizado por cualquier ciudadano, no importando su ingreso, tal como sucede en Estados Unidos, Europa o incluso en mi ciudad de origen, Santiago, donde la próxima extensión de la red de metro apunta precisamente a los barrios de mayores recursos, que son los que más automóviles aportan al tráfico urbano.

Se nos pasó de revoluciones Peñalosa con sus declaraciones, una lástima, pero eso en nada disminuye la profunda admiración que tengo hacia su persona. Si he podido echar al olvido algunos discos de Bob Dylan, Neil Young o Van Morrison para poder seguir teniéndolos en mi pequeño lugar de veneración, bien puedo también pensar que lo del bogotano fue un pequeño desliz, que en modo alguno empaña su admirada obra.

3 Comentarios en Enrique Peñalosa hiperventilado

  1. No fue el entusiasmo del momento. Yo lo escuché hace un par de semanas y se declaró a si mismo la personificación del interés público. Su forma de implementar proyectos, replicada por algun gobernante apenas unas décimas menos visionario, derivaría en los más terribles errores e injusticias.

    Saludos.

    • Estimado Onésimo,

      Tal como se puede leer en mi artículo, jamás he puesto en duda que Peñalosa sea la personificación del interés público, todo lo contrario. Lo que sí me pareció fruto del entusiasmo del momento fue su afirmación de que en materia de transporte público “la única solución” para nuestras ciudades era confinar buses en un carril segregado, frase que no aguanta el más mínimo análisis puesto que en este ámbito las respuestas universales no existen. ¿Se puede movilizar a toda la ciudad de México a punta de BRTs? Probablemente no, que para eso el buen planificador sabe distinguir la solución más apropiada para cada lugar.
      No debemos olvidar que antes que nada Peñalosa es un político – uno muy bueno por lo demás – y que como todo político tiende a ensalzar en cada momento y lugar su obra, aunque eso signifique aseverar cosas que un análisis más calmo aconsejaría no decir.

      Un abrazo

  2. Estimado Carlos,

    Si tomamos el sentido original de la palabra política, el arte de gobernar la ciudad, resulta obvio que Peñalosa es un gran político. De ahí a que en una elección popular sólo le haya ganado a un pillastre de triste fama es otro cuento muy distinto. Por lo demás, si Bogotá se ha convertido en referente mundial y en el gran modelo a seguir en el resto de Latinoamérica (¿hay alguna conferencia urbana que no cuente con algún bogotano en cartelera?) se debe en gran parte a la habilidad para manejarse políticamente – al menos en el campo internacional – de Peñalosa.
    Ahora bien, las perspectivas cambian de acuerdo al lugar donde se generan, y hay muchos políticos que son mucho más populares en el resto del mundo que en sus lugares de origen (Gorbachov, Jimmy Carter, Allende, el mismo Obama y un largo etcétera). A lo mejor Peñalosa cae en este rubro, y probablemente mi opinión cambiaría bastante si fuera colombiano. Vaya uno a saber.

    Un abrazo grande, que harto se le echa de menos

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