El narco y su contribución al transporte sustentable (bienvenidos al narco – tráfico)

La idea era demostrar quién es quién en Monterrey, así que los muchachos del narco (se supone que fueron ellos) decidieron tomar prestados unos 60 automóviles para distribuirlos en 31 cruces viales cuidadosamente seleccionados con anterioridad, cosa de provocar un caos vehicular de proporciones en una ciudad donde el auto es el amo y señor de las calles (como en casi todo México, a decir verdad). Habrá que ser justos con la acción y señalar que se trata de toda una delicadeza si se toma en cuenta el particular perfil de sus autores materiales e intelectuales, personajes generalmente más proclives a mandar mensajes amarrados de pies y manos, zurcidos en plomo, degollados, adentro de un saco, en pedacitos o disueltos en ácido, tristemente célebres formas de expresión que dejan a los narcobloqueos de la semana pasada a la altura de una broma juvenil.

Lo interesante del caso es que sin querer queriendo las fuerzas del crimen quizás le dieron un impensado espaldarazo a la difusión de modos de transporte sustentable en la ciudad del norte. ¿Cómo es esto? Muy simple: el insoportable tráfico vivido la semana pasada pudo haber significado que muchos decidieran dejar sus automóviles en casa y se desplazaran a sus puntos de destino caminando o en bicicleta, modos en apariencia más lentos, pero altamente recomendables cuando una ciudad es presa de un atasco de dimensiones bíblicas. Sí, ya sé que puede sonar estúpido, pero no hay que olvidar que lo que anima a mucha gente a no movilizarse en auto (me incluyo en este grupo) es la perspectiva atemorizante de enfrentar un mar de automóviles cuyo movimiento se rige por los siempre estresantes dictados de la ley de la selva. Aunque parezca paradójico, la mejor manera de fomentar el uso del transporte público, la bicicleta o la caminata en la ciudad es haciendo del tráfico vehicular una experiencia insoportable. Un buen ejemplo lo proporciona el Metrobús, que debe gran parte de su éxito al hecho que transitar por Insurgentes en automóvil particular sea una verdadera pesadilla durante gran parte del día. Un escenario así, donde a simple vista se puede apreciar que el carril exclusivo del Metrobús es más rápido que las dos vías atestadas de automóviles que están a su lado, constituye el mejor incentivo del mundo para subirse al carro del transporte público. En otras palabras, una buena dosis de congestión puede ser una poderosa herramienta para desarrollar medios de transporte más sustentables, siempre y cuando estos cuenten con una red que permita su desplazamiento expedito.

Tom Vanderbilt en su ya clásico e imprescindible libro Traffic cuenta la historia de Sam Schwartz, ex comisionado de tránsito de Nueva York, quien calculaba que cada vez que emitía una señal de congestión vial aguda (gridlock alert), entre 50 mil y 60 mil vehículos se quedaban guardados en casa. ¿Qué pasaría si a los habitantes de Monterrey se les avisara con anticipación que las calles de su ciudad van a amanecer bloqueadas por coches colocados por narcotraficantes? Seguramente más de alguno decidiría irse caminando o pedaleando a su lugar de trabajo o estudio. No hay más que ver lo que pasa en el DF cada vez que la gente del SME, del SNTE o del sindicato número 5 de JINICUIMEX anuncia un plantón en la ciudad: el número de automóviles circulando disminuye ostensiblemente, mientras los vagones del Metro se ven abarrotados por la llegada de usuarios que generalmente se desplazan en sus coches, pero que deciden que vale la pena hacer una excepción por un día dadas las infernales condiciones de desplazamiento que se viven en la superficie.

Si los bloqueos duraran todo el año, otros tantos decidirían cambiar su lugar de residencia a uno más cerca de sus lugares de destino, lo que finalmente produciría una fuerte presión por localizaciones más céntricas, situación que se traduciría en una progresiva densificación de la ciudad. Ciudades más densas implican menos viajes en automóvil particular y más en transporte público o medios no motorizados, justamente lo que busca una estrategia de desarrollo urbano sustentable.

No somos pocos los que preferimos el transporte público, caminar o pedalear porque el acto de conducir en la ciudad nos provoca urticaria; si el día de mañana nos garantizaran que las calles van a estar permanentemente vacías, que siempre vamos a encontrar estacionamiento gratuito, que no va a haber franeleros y limpiavidrios en las esquinas, y que los demás conductores se van a comportar como unos caballeros, probablemente nos subiríamos a un automóvil, algo que el medio ambiente lamentaría profundamente. Nadie sabe para quien trabaja, que en una de esas el futuro de la movilidad en las ciudades pase por la acción concertada de tipos bloqueando sus calles. No nos debiera extrañar, que el mundo del transporte urbano está lleno de paradojas.

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