Gran parte de lo que sabemos de nuestros antepasados lo hemos obtenido de sus residuos; arqueólogos, antropólogos y biólogos han obtenido toneladas de información sobre la dieta, modo de vida y costumbres de los primeros hombres y culturas mediante el análisis de lo encontrado en los basurales y desechos que nos dejaron.
Edward Burtynsky (Ontario, Canadá, 1955) se sitúa a sí mismo en el rol de arqueólogo del futuro sumergiéndose en lo que ha sobrado y sobrará de la actual generación de humanos, una generación que se las ha arreglado perfectamente para producir en pocos años la misma cantidad de desechos que antes tomaba varios siglos en juntarse, y que en su mayoría eran absorbidos por la misma naturaleza, cosa que no ocurre con los millones de toneladas de desperdicio que cada día genera la humanidad y que probablemente seguirán estando allí por varios siglos más. Cementerios de automóviles, cementerios de neumáticos, cementerios de chatarra compactada, cementerios de edificios, cementerios de helicópteros, cementerios de aviones conforman parte de la macabra belleza de los paisajes que Burtynsky ha fotografiado a lo largo de su carrera, y que sirven como mudo testimonio de una manera de entender la vida que refleja un profundo desprecio por el legado que se dejará a las generaciones venideras. Vaya como muestra una serie de imágenes de autopistas que forman parte de su colección Oil, un crudo documento de un mundo que en el último siglo comenzó a girar en torno al petróleo y sus derivados, y que por primera vez en la historia de la humanidad generó ciudades y paisajes hechos y pensados a la escala de un elemento distinto al hombre. Postales del futuro que se pueden ver en la página de Burtynsky, que entusiastamente recomiendo visitar.










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