Cabeza, tronco y patitas. La lección la aprendió bien cuando en sus años en la escuela de Arquitectura le enseñaron que los edificios eran iguales que un ser humano más o menos normal, y que por lo tanto para verse y funcionar bien debían tener una cabeza (remate), un tronco (cuerpo principal) y pies (basamento). Por eso cuando le hicieron el encargo de la torre empezó rápidamente por sus pies, el punto donde la obra se relaciona con la calle y sus usuarios, y así dibujó una placa de líneas horizontales destinada a albergar las importantes oficinas de un importante centro de fotocopias. Un repentino ataque cardiaco le impidió ver su obra finalizada.
Cabeza, tronco y patitas. La lección aprendida de su jefe tempranamente fallecido le inspiró para el proyecto de la segunda parte del edificio, un cuerpo high tech revestido con algo parecido al titanio del Guggenheim de Bilbao pero un poco más económico, en el cual la composición de ventanas escalonadas juega con las sombras producidas por los delicados pliegues del metal (“quise hacer un fuselaje que trajera a presencia las escamas de una arenque”). Esta vez no fue la muerte, sino la falta de presupuesto la que puso fin a la labor del segundo arquitecto, quien gentilmente cedió los planos a la sobrina recién egresada del mandante -cuyos honorarios eran bastante más módicos- para finalizar el proyecto.
Cabeza, tronco y patitas. La sobrina fue a la misma clase, y supo de inmediato que la obra estaba incompleta sin su remate, y para ello nada mejor que coronar la torre con un piso completamente vidriado -que permite tener una vista panorámica del magnífico entorno- cuyas curvas formas aluden al medioevo mexicano (“quise traer a presencia la arquitectura y materiales vernáculos”).
Los cuerpos laterales y la ampliación de la terraza fueron diseñados por un maestro albañil amigo del mandante, que nunca escuchó aquello de cabeza, tronco y patitas, que jamás conoció a los tres arquitectos que le precedieron, pero que igual se las arregló para que el cilindro modernista-high tech- medieval encajara con el resto de la obra sin caerse.
Ubicada en la esquina de Viaducto con Insurgentes, su eclecticismo desenfrenado (por llamarlo de alguna manera) constituye una verdadera clase de arquitectura.









mmmmmmm…preziozo.
La cagó pa´ser feo.