Cabeza, tronco y patitas

Cabeza, tronco y patitas. La lección la aprendió bien cuando en sus años en la escuela de Arquitectura le enseñaron que los edificios eran iguales que un ser humano más o menos normal, y que por lo tanto para verse y funcionar bien debían tener una cabeza (remate), un tronco (cuerpo principal) y pies (basamento). Por eso cuando le hicieron el encargo de la torre empezó rápidamente por sus pies, el punto donde la obra se relaciona con la calle y sus usuarios, y así dibujó una placa de líneas horizontales destinada a albergar las importantes oficinas de un importante centro de fotocopias. Un repentino ataque cardiaco le impidió ver su obra finalizada.

Cabeza, tronco y patitas. La lección aprendida de su jefe tempranamente fallecido le inspiró para el proyecto de la segunda parte del edificio, un cuerpo high tech revestido con algo parecido al titanio del Guggenheim de Bilbao pero un poco más económico, en el cual la composición de ventanas escalonadas juega con las sombras producidas por los delicados pliegues del metal (“quise hacer un fuselaje que trajera a presencia las escamas de una arenque”). Esta vez no fue la muerte, sino la falta de presupuesto la que puso fin a la labor del segundo arquitecto, quien gentilmente cedió los planos a la sobrina recién egresada del mandante -cuyos honorarios eran bastante más módicos- para finalizar el proyecto.

Cabeza, tronco y patitas. La sobrina fue a la misma clase, y supo de inmediato que la obra estaba incompleta sin su remate, y para ello nada mejor que coronar la torre con un piso completamente vidriado -que permite tener una vista panorámica del magnífico entorno- cuyas curvas formas aluden al medioevo mexicano (“quise traer a presencia la arquitectura y materiales vernáculos”).

Los cuerpos laterales y la ampliación de la terraza fueron diseñados por un maestro albañil amigo del mandante, que nunca escuchó aquello de cabeza, tronco y patitas, que jamás conoció a los tres arquitectos que le precedieron, pero que igual se las arregló para que el cilindro modernista-high tech- medieval encajara con el resto de la obra sin caerse.

Ubicada en la esquina de Viaducto con Insurgentes, su eclecticismo desenfrenado (por llamarlo de alguna manera) constituye una verdadera clase de arquitectura.

5 Comentarios en Cabeza, tronco y patitas

  1. mmmmmmm…preziozo. ;-)

  2. Patricio Díaz B. // 24 abril 2012 en 11:44 am // Responder

    La cagó pa´ser feo.

  3. Gustavo Romero // 14 marzo 2014 en 7:32 pm // Responder

    Pues no, es obra de unos arquitectos hermanos que hicieron obras raras (lo raro es pariente de lo feo) que tenían dinero o su familia e hicieron varios edificios de departamentos, uno en Patriotismo casi con FElix Cuevas y el otro en al colonia del valle en una calle esquina con Providencia, eran de ladrillo aparente al principio y después blancos. Ellos decían que estaban haciendo arquitectura de vanguardia. Pero en honor a la verdad por fuera son mejores que muchos de arquitectos que siguen la modernidad o el minimalismo dizque con los cánones de las academias ( que estan muy vigentes) y que el gremio consideran bonitos.

    • Hola Gustavo ¿Sabes cómo se llaman los arquitectos que diseñaron este edificio? La verdad se me hace muy interesante, más allá del gusto personal, creo que este edificio logra lo que la mayoría no. Sin caer necesariamente en lo Kitsch, su extravagancia no es del todo ingenua, recordando a Susan Sontag en “Contra la Interpretación”, se me hace algo cercano al “camp”. El uso del tabique rojo es muy bueno, y a pesar del desafortunado color “metálico” con que últimamente pintaron las piezas escalonadas del cuerpo convexo en la esquina (porque recuerdo que eran de otro color, o no así de burdo), el edificio está bien hecho. No sé cómo funcione por dentro, pero al ver la forma en que divide la fachada, dándole importancia a la de la esquina, cómo trata la junta o unión con el otro cuerpo que da hacia Viaducto con una línea vertical de vidrio para rematar con el cuerpo de tabique, se insinúa una planta con la zona pública dando a una excelente vista, además con un juego interesante de vanos y macizos. La parte privada la trata con materiales más porosos y unas ventanas más pequeñas para el sonido, supongo.

      En lo personal este edificio me crea fuertes contradicciones, me gusta, pero sé qué es feo, y eso, el juicio con que digo que es feo, es lo que me aferra más a él, nada mejor que las palabras de Susan Sontag, para explicarlo:
      “[...] la esencia del Camp es su amor a lo no natural: el artificio y la exageración.
      [...] Me siento fuertemente atraída por el Camp, y casi tan fuertemente ofendida por él.”

      Respeto los juicios someros, pero creo que este edificio desborda su propio significado y es una víctima de sí mismo. Te agradecería mucho que me pasaras el dato de quiénes lo proyectaron, ya que desde hace tiempo he querido hacer una crítica seria de este edificio. Saludos.

  4. Gustavo Romero // 14 marzo 2014 en 7:38 pm // Responder

    Por cierto era conocido como el “Elote” por el vulgo y se suman a otros como la lavadora de Agustín hernandez en santa Fe y el edificio embarazado de no se quien. A otros arquitectos nos ha tocado que les pongan a nuestras obras ” Castillo de la Pureza”, “La casa de las Brujas”, los “Pinochos”, “El taco”, etc, etc.

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