Mi Modulor de 80 centímetros

- Papá, vamos a jugar.

- ¿Quieres ir debajo del puente? Ahí está bien bonito.

- ¡Síííííííí! ¡Bajopuente, bajopuente, bajopuente!

Los juegos de colores son nuevos. Su único usuario es el mismo niño que ha hecho toda su vida debajo del puente, quien toma un respiro mientras espera la luz roja para seguir limpiando vidrios.

Mentalidad de zoning, creemos que pensar en determinado grupo de la población –en este caso los niños- se reduce a construir lugares para su uso exclusivo. Fragmentamos la ciudad, acotando el espacio infantil sólo a aquellas zonas dotadas de columpios y resbaladillas, olvidando que una ciudad a escala humana es capaz de acoger, en el mismo lugar, distintos tipos de personas, gustos e intereses.

Después de largas jornadas mirando a mi hija, estoy convencido que hacer de cada espacio urbano un lugar apropiado para los niños es la mejor manera de lograr aquel viejo sueño de la ciudad para todos. Si pensamos la urbe teniendo como base un modulor[1] de 80 centímetros de altura, algo torpe, curioso, que se cansa y distrae fácilmente, que a veces hay que cargar y otras traer en una carriola (coche de guagua en Chile), se satisfacen al mismo tiempo las expectativas y necesidades de todos los grupos de la sociedad. De los ancianos, de las embarazadas, de los que no ven, de los que no pueden caminar. Salga un rato a pasear con una niña de dos años y entenderá a qué me refiero: más que columpios – que le gustan mucho y sí deben existir- lo que agradeceremos –agradecerá- es la presencia de cruces seguros, de calles con tráfico reducido, de aceras anchas y sin obstáculos, de rampas en todas las esquinas, de bancas localizadas en lugares protegidos y atractivos, de fachadas transparentes y vivas, de colores y sensaciones diferentes en cada esquina. Básicamente lo que todos buscamos cuando salimos a gozar de la experiencia urbana.

A la misma hora en que los juegos bajo el puente vehicular están a la espera de alguien que los goce, la fuente de los coyotes del centro de Coyoacán –que no fue pensada para niños- está llena de ellos jugando a su alrededor, de padres que gozan viendo a esos niños jugar, de enamorados que se besan, de ancianos que gustan de leer un libro bajo la sombra de los árboles. Otro niño pasa vendiendo dulces. Quizás es primo del que descansa junto a su botella de agua con jabón entre los solitarios juegos de colores bajo un frío, oscuro y ruidoso puente en Coyoacán.

Monito Modulor

Palabras al cierre

¿Y usted qué haría debajo de los puentes? Los detesto, pero si no queda de otra, haría de ellos lugares, si no gratos, al menos seguros para pasar lo más rápido posible. Más o menos lo que está haciendo SEDUVI, pero sin los juegos.


[1] Sistema de medidas propuesto por Le Corbusier que busca servir como base para la creación arquitectónica a escala humana, o algo parecido a eso.

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