Programa Cubeta Libre: combatir congestión vehicular con millones de cubetas

El economista, el urbanista, el abogado sufre un ataque de nervios, se tira los cabellos y pone el grito en el cielo para denunciar los nefastos efectos de la colección de dispositivos (cubetas, llantas, cajas, sillas, piedras, fierros, troncos, palos, bolsas, envases plásticos, botellas, macetas) que inundan nuestras calles para reservar lugar de estacionamiento. Razones no les faltan: la acción anteriormente nombrada constituye una apropiación indebida del espacio que nos pertenece a todos, el espectáculo que ofrece la variopinta gama de objetos no es el más afortunado desde el punto de vista estético, la práctica es utilizada ilegítimamente por acaparadores del espacio urbano (llámese franeleros) y, más que nada, favorece el aumento de los niveles de congestión vehicular al reducir enormemente la cantidad de espacio disponible para dejar un vehículo, alentando además el estacionamiento en áreas no habilitadas para ello (se calcula que hasta el 30 por ciento de los vehículos circulando en áreas de alta demanda se encuentran buscando estacionamiento. Uno de cada cinco terminará aparcado en un lugar prohibido).

Quizás valga la pena cambiar el enfoque del problema, y aprovechando que en estos lados la apropiación de lo público no sólo es tolerada, sino además bien vista (tener cubetas con concreto fuera de la casa da algo de estatus), propongo humildemente que la ocupación del espacio de estacionamiento frente a las propiedades públicas y privadas sea obligatoria para los particulares que habiten o trabajen en ellas. Todos los objetos son bienvenidos: baldes, piedras, jardineras, vallas, llantas, maniquíes, conos, siempre y cuando dejen claramente establecido que el espacio que estos reservan sólo podrá ser ocupado por el propietario de los objetos de ocupación. Programa Cubeta Libre, si el gobierno no tiene cubetas, que te las pague, que lo importante es garantizar igualdad de derechos en el uso y administración del pavimento financiado con dinero de todos los contribuyentes. Las ventajas de esta política de ocupación total son tres: en primer lugar, elimina la extendida sensación de injusticia imperante en el actual sistema, donde la calle es de quienes tienen el descaro de apropiarse de ella. En segundo término, manda para la casa a quienes lucran adueñándose de lo que no les corresponde, cosa que sólo los directamente afectados lamentarán. Por último, y quizás el efecto más importante, es que desincentiva fuertemente el uso del automóvil particular, que puede ser utilizado para desplazarse sólo a aquellos lugares de bajísima demanda, donde la medida resulta inútil, o donde encuentre lugar en recintos específicamente habilitados para ello, donde tendrá que pagar un ojo de la cara para dejar su automóvil en paz. El resultado estético puede ser deplorable (qué le hace una raya al tigre), pero a cambio ganamos una calle menos congestionada, menos contaminada, más fluida para el transporte público, y más amable y segura para peatones y ciclistas.

Suena descabellado, pero no lo es tanto. Estacionamiento generoso en los lugares de origen del viaje, pero esquivo en los puntos de destino, es una política que cada vez adoptan más países europeos que quieren limitar el número de viajes en automóvil particular a través de la supresión masiva de cajones de estacionamiento en la vía pública, inmovilizando vehículos en la zona de residencia. La gestión de la demanda vehicular a través de millones de cubetas llenas de concreto puede ser un camino oblicuo –retorcido tal vez- pero altamente respetuoso de la idiosincrasia local para llegar a un fin más que necesario.

Palabras al cierre

Para los porfiados y prepotentes que se siguen estacionando en las aceras hay cientos, miles, millones de jardineras de todos los tipos, tamaños y colores esperándolos. El policía de concreto no falla en su labor.

2 Comentarios on Programa Cubeta Libre: combatir congestión vehicular con millones de cubetas

  1. Estimado Rodrigo:

    Ya nos diste una idea. Los últimos doscientos metros de la ciclovía ciudadana en horas pico se convierten, por la graciosa voluntad de los automovilistas, en un cuarto carril para coches. Le vamos a poner unas cuantas docenas de botes con cemento… Las bicis van a pasar como si nada, los coches que se atrevan se llevarán un recuerdito.

    Saludos,

  2. Hola Rodrigo, siempre es un gusto leerte, sólo comento una situación. Frente a la casa de mi abuelo, en una zona habitacional, él también pone una cubeta rellena de concreto para apartar el lugar, yo sé que está mal en muchos sentidos, pero eso ha evitado que un vecino con un taller mecánico no estacione los cadáveres de varios coches que tiene desparramados a lo largo de la calle y que llevan varios años. No sólo eso, ha evitado que se estacione un microbús que, aunque está en su derecho de hacerlo, genera un buen lugar para un delincuente de la zona ya que hace oscura la banqueta de día y noche abarcando mucho espacio, sabemos de dos asaltos cada que ha estado ahí tapando las visuales hacia la banqueta.

    A pesar de que no me gusta esa medida del bote, en este caso particular, el bote hace la tarea de policía vecinal.

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