8 notas acerca de un picnic y un desalojo

Primero que nada, habrá que aclarar que quien escribe no participó del picnic sobre Viaducto del pasado domingo. Sí concurrió a la primera versión realizada el año pasado, que al parecer no fue demasiado diferente de las sucesivas, salvo en lo concerniente al abrupto final de la última. Sobre ésta, todo lo que sabe lo ha leído en la prensa y de cosas escritas por conocidos que sí participaron y fueron testigos oculares de los hechos. Ambos testimonios son coincidentes, lo que no es de extrañar dada la aparente carencia de complejidades de la historia. Dicho esto, me gustaría señalar que:

  1. No creo que el Doctor Mancera esté detrás de la orden de sugerir la salida (nada más parecido a desalojar) de los comensales del picnic dominical. No se me pasa por la cabeza que una autoridad de este nivel destine sus pensamientos y acciones de domingo a un evento de esta naturaleza. Si lo hiciera me preocuparía. Sí está la mano del gobierno de Mancera, cosa muy diferente pero no menor. La pobre explicación oficial –el operativo fue desplegado para garantizar la seguridad de los asistentes- da a entender que la autoridad capitalina avala el proceder de los efectivos policiales destinados a la conflictiva esquina de Viaducto e Insurgentes el domingo por la mañana.
  2. Habiendo dicho lo anterior, creo que el pasado domingo el doctor Mancera se perdió una maravillosa oportunidad de ser simpático con un proyecto particularmente simpático, que invita a pensar y soñar una ciudad bastante distinta a la que se ha construido en las últimas décadas. Si el legado de los anteriores jefes de gobierno es una colección de segundos pisos -monstruosos, inútiles- el de Miguel Ángel Mancera perfectamente podría ser la recuperación del río que no tiene la ciudad, lo que no es poca cosa. Cambiar toneladas de concreto por agua, ríos de automóviles por parques donde la gente pueda jugar, pasear, divertirse es un desafío digno de grandes estadistas, que la población usualmente agradece a lo largo de muchas generaciones.
  3. Eso de manifestarse haciendo un picnic arriba de un río entubado, sin obstaculizar el tráfico, sin afectar al comercio y la vida de los vecinos, sin ensuciar ni hacer ruido, sin impedir que los demás tengan la mañana de domingo que les viene en gana, suena demasiado civilizado para una ciudad acostumbrada a la medición de fuerzas en las calles, al diálogo a las patadas, al éxito de la manifestación medida en horas perdidas, en caída de las ventas, en comercios cerrados. El picnic dominical es demasiado propositivo en una urbe que prefiere la oposición sin argumentos, la negociación entre cuatro paredes al diálogo abierto con la ciudadanía. Quizás ahí está su peligro encubierto.
  4. Es más fácil desalojar un picnic que sacar automóviles de la banqueta. Que retirar la publicidad ilegal que afecta el paisaje que todos compartimos. Que sacar vagoneros del Metro. Que perseguir a los que se apropian del espacio público en beneficio propio. Que demoler los departamentos de calle Céfiro. Que destituir a Toledo. Cuando el estado de derecho se aplica de manera antojadiza y en la medida de lo posible deja de ser estado de derecho.
  5. Interesante la nueva preocupación de las autoridades capitalinas por la seguridad de los ciudadanos, fundamento del acto de desalojo. Es de esperar que esta inquietud se traduzca en políticas y acciones concretas para disminuir los riesgos que se viven día a día en cruceros pensados y construidos para acelerar el tráfico vehicular, en los cientos de puentes peatonales diseñados para facilitar la comisión de delitos en la soledad de las alturas, en las miles de casas construidas en áreas de riesgo, en los recintos públicos sin salidas de emergencia adecuada. Bienvenida la nueva política de protección al ciudadano.
  6. El grave problema del proyecto de recuperar el río La Piedad es que sí se puede hacer,  y que tiene todo para ser exitoso, lo que haría evidente el fracaso mayúsculo de las políticas urbanas llevadas a cabo por más de medio siglo en nuestra ciudad.
  7. El picnic en el río corresponde más bien a una época en que la ciudad se soñaba en grande. Hoy eso se lo dejamos reservado a los constructores de carreteras urbanas, que no están interesados en que les salga competencia peligrosa a sus intereses. Finalmente son ellos los que se están haciendo el verdadero picnic con la falta de una visión urbana basada en el interés ciudadano de vivir en un entorno a escala humana.
  8. La solución al problema coyuntural suscitado este domingo está a la vista: el próximo picnic en el río debiera hacerse en el mismo lugar, pero ocupando el arroyo vehicular (otro río), en lo posible en la hora de mayor tráfico. Con ello desaparece el riesgo de caída de los participantes, quienes se congregarían siguiendo un comportamiento más acorde a los estándares de la ciudad. Ocupar la parte superior de un río entubado es una clara subversión del orden establecido, pero bloquear -en buena onda- la circulación del resto de los ciudadanos, de joderles la vida, se inscribe dentro del cómodo business as usual capitalino en el que las autoridades encuentran una zona de confort en la que más vale manifestante conocido que activista por conocer.

He dicho.

Picnic en el río

1 Comment on 8 notas acerca de un picnic y un desalojo

  1. Tonatiuh Martínez // 1 diciembre 2013 en 12:04 pm // Responder

    La “sugerencia de salida” a los comensales de un pic nic dispuesto en el espacio público del cruce del Viaducto Río de la Piedad e Insurgentes, equivalente a un desalojo, arguyendo “garantizar la seguridad de los asistentes”, convierte de entrada a los asistentes mismos en menores de edad y/o no responsables de sus actos. Nótese la relación de lo antes dicho con el hecho de que ya no le ponen a uno un salero en un restaurante. El tipo de “supuesto resguardo de la salud y la seguridad públicas” al cuidarnos incluso de nosotros mismos, no es más que la negación de facto de las garantías individuales que “por nuestro bien” y sobre todo: ¿”decidiendo juntos”? realiza por supuesto el jefe de gobierno capitalino. No sé por qué recuerdo un texto de W. Reich, “Escucha pequeño hombrecito”, no sé por qué…

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 190 seguidores

%d personas les gusta esto: