Trampas a uno mismo

Cannabis card

Tiempo atrás un amigo de la India me contaba que en muchos estados de su país hay grandes restricciones a la venta de alcohol, el cual a veces resulta tremendamente difícil de conseguir a menos que se recurra al mercado negro. Sin embargo, y como gente sedienta siempre va a haber en todas partes, en algunos de esos estados se permite su comercialización bajo razones médicas, las cuales se deben acreditar al momento de la compra mostrando una licencia que certifica que el poseedor sufre de alguna dolencia que encuentra en la ingesta de alcohol alivio eficaz. Sobra decir que al igual que mi amigo, se cuentan por miles los ciudadanos indios que portan una de estas credenciales expedidas por un médico de confianza de sonrisa picaresca, y que les permite acudir a los bares – sanatorio donde enfermos de reumatismo, tortícolis y pie plano se dan cita diariamente para tratar sus dolencias.

Me acordé de esta historia al leer Estado Alterado, magnífico reportaje de David Samuels aparecido en la edición de septiembre de Gatopardo, y que trata sobre la despenalización de la siembra y comercialización de la marihuana en el estado de California con fines medicinales. Públicamente conocido es el positivo efecto que tiene el cannabis para aliviar el dolor en personas que sufren males como cáncer o sida, razón que llevó a los californianos a votar favorablemente en 1996 la Proposición 215, que faculta a dispensarios al menudeo debidamente acreditados la venta de marihuana a aquellos ciudadanos del estado que cuentan con la respectiva prescripción médica. Sin embargo, el legislador, consciente o inconscientemente, hizo que la propuesta estuviera redactada en un lenguaje lo suficientemente ambiguo como para que cualquier padecimiento pudiera ser considerado como tratable con cannabis, bastando para ello la anuencia de un médico de criterio más amplio que el tradicional. En otras palabras, si un doctor lo considera apropiado, la marihuana puede administrarse legalmente a alguien que sufre migraña, insomnio o estrés. Es por ello que a nadie extrañó el florecimiento de prescripciones médicas dadas a personas cuyo estado dista bastante de los terribles padecimientos de los sujetos a los cuales estaba originalmente destinada la propuesta. Así, se calcula que en la actualidad son más de 200 mil los consumidores con permiso médico en California.

Ahora bien, los efectos de la medida han ido en direcciones opuestas a los inicialmente pronosticados por detractores y simpatizantes de la despenalización. Si bien es cierto ha habido un aumento sostenido en el consumo de marihuana en Estados Unidos, no queda claro que esto se deba a la despenalización puesta en práctica en algunos estados. En el caso de California, las políticas adoptadas tampoco han supuesto el fin del comercio ilegal. Por el contrario, mucha gente sigue prefiriendo a sus viejos y queridos dealers, cuya mercancía sigue siendo fácil de conseguir y a un precio generalmente más barato que el de los proveedores autorizados. Y es que contrariamente a lo esperado, la despenalización con fines terapéuticos no trajo consigo una caída en el precio del producto, sino más bien todo lo contrario. En este sentido, más que la aparición de grandes compañías dedicadas a la provisión de cannabis legal, lo que ha ocurrido más bien es un refinamiento del mercado, que se ha diversificado en cientos de pequeños cultivadores gourmet que han comenzado a desarrollar especies altamente sofisticadas y por las cuales los consumidores, todos ellos provistos de su correspondiente prescripción médica, están dispuestos a pagar altas sumas de dinero.

Soluciones tangenciales a problemas directos

Lo interesante de todo este caso es que la distribución legal del cannabis no ha dejado de tener inconvenientes, puesto que la disposición estatal entra en conflicto con la ley federal, que sigue considerando ilegal el cultivo, venta y consumo de marihuana. Así, los proveedores y consumidores de California y los otros 12 estados que a la fecha han despenalizado la marihuana para uso terapéutico, en la práctica continúan actuando en las sombras por temor a la acción de la DEA, la oficina antidrogas norteamericana, que los sigue tratando como infractores de la ley. Así, la privacidad y el sigilo siguen siendo las características de un negocio que no se anuncia en periódicos ni en la calle, que funciona más bien de acuerdo a arreglos tácitos y leyes no escritas, y cuyos clientes todavía prefieren el más absoluto de los anonimatos.

Hoy en día la tendencia mundial va hacia la despenalización del consumo y distribución, pero algo pasa que no podemos abordar el tema de frente, y preferimos salidas oblicuas como la del uso terapéutico, que dejan a las drogas en un limbo donde sigue prevaleciendo la oscuridad. La situación de California revela que las drogas todavía se encuentran en un área donde la ambigüedad es regla general, y donde cuesta una enormidad abordar el tema con la seriedad y altura de miras que necesita. Las crudas cifras nos señalan que las prisiones norteamericanas albergan en su interior a más de dos millones de reclusos, o si se quiere uno de cada cien adultos del total de la población del país. Muchos de ellos se encuentran allí por consumo de drogas, siendo que está más que probado que la cárcel es el lugar menos indicado para rehabilitar a un individuo. Vale entonces preguntarse si lo que queremos es castigar a la persona que consume drogas o más bien darle un tratamiento médico y social que la ayude a enfrentar su problema. Al menos yo prefiero lo segundo. Sin embargo, nuestras sociedades se empecinan en tratar el tema desde una óptica criminal.

Recientemente se han lanzado propuestas, tanto a nivel federal como en el DF, para despenalizar el uso de la mariguana, propuestas que han encontrado como respuesta más ruido centrado en gramos más o menos que un análisis profundo. ¿Acaso es muy complicado hablar del tema de manera madura? Lo único que sé es que de este silencio e hipocresía están haciendo negocio unos cuantos, a quienes no les conviene que la sociedad aborde este tipo de problemas, y que prefieren que se mantengan en la más nebulosa de las oscuridades. La situación actual no puede ser peor, con un reguero de violencia que cada día cobra cantidades pornográficas de víctimas donde se confunden los que trafican, los que combaten el tráfico, los que consumen, y finalmente todos los ciudadanos del país. Ya ha llegado la hora de pensar una estrategia nacional enfocada no al enfrentamiento de quienes producen y distribuyen las drogas, sino al efecto que éstas producen en la población. Cambiar la lógica criminal por una de salud pública debe ser el primer paso en el debate. Si se despenaliza o no la venta de determinadas substancias y bajo qué criterios esto se hace es algo que se verá en su debido momento, pero lo que no puede seguir ocurriendo es continuar dándonos de cabezazos contra un muro indestructible, repitiendo enfoques y estrategias que ya es más que claro que nos tienen a la gran mayoría de perdedores. 

3 Comentarios on Trampas a uno mismo

  1. Me encanta tu blog. No sé cuanto tiempo lleves en México, pero lo dominas. Privilegio del peatón, me imagino, que otros no conocen. Saludos.

    • Rodrigo Díaz // 17 enero 2009 en 3:00 pm // Responder

      Estimada,

      Se agradece enormemente el comentario. En México llevo 5 meses, aunque antes estuve aquí haciendo mi tesis en un ejido de la zona de Xochimilco. Y tienes razón, el ser peatón y tener muy poco tiempo en un lugar ayudan sobremanera a ver las cosas de una manera particular, que es lo que la gente que quiere y se preocupa de la ciudad nunca debe perder.

  2. Se ve muy feliz en la foto de su credencial, no dudo la razon.

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