¿Por qué algunas sociedades pedalean más que otras?

Amsterdam

 

¿Por qué en algunos países la bicicleta es más popular que en otros? Esta es una pregunta que por largo tiempo planificadores urbanos e ingenieros en transporte han tratado de responder para formular políticas que fomenten el uso de la bicicleta en el ámbito urbano. En un estudio reciente, titulado Why Canadians cycle more than Americans: A comparative analysis of bicycling trends and policies¹ (Por qué los canadienses andan más en bicicleta que los norteamericanos: un análisis comparativo de tendencias y políticas públicas) los profesores John Pucher y Ralph Buehler tratan de hallar claves mediante la comparación de las realidades diametralmente diferentes presentes en Canadá y Estados Unidos.

En efecto, y a pesar de contar con un clima más frío, los canadienses pedalean tres veces más que los norteamericanos en sus trayectos al interior de la ciudad, poniendo en duda la creencia que un clima más templado se traduce en una mayor tendencia de la población a andar en bicicleta. Aunque el clima puede jugar un papel importante en el momento en que los ciudadanos deciden cómo movilizarse, el estudio de Pucher y Buehler demuestra que hay otros factores que tienen mayor incidencia, factores que muchas veces no tienen una relación directa con la bicicleta, pero que sí afectan la disposición de la gente a usarla.

Ciudades más densas y diversas

La comparación entre ciudades estadounidenses y canadienses arroja que estas últimas son mucho más densas y con mayor superficie destinada a usos de suelo mixto. El análisis indica que las 5 mayores áreas metropolitanas de Canadá son en promedio un 76% más densas que sus símiles norteamericanas. De manera similar, la densidad de localización de puestos de trabajo es en promedio un 69% más alta en Canadá (1.270 vs. 750 trabajos por kilómetro cuadrado). Esto se traduce en distritos centrales comerciales más fuertes y compactos y en periferias menos dispersas, lo que redunda en distancias más cortas y por tanto menores tiempos de viaje, panorama óptimo para el uso de la bicicleta.

Asimismo, resulta interesante notar que la mayor diversidad en usos de suelo y la aplicación más estricta de regulaciones sobre él en las ciudades canadienses fomenta indirectamente el uso de la bicicleta, puesto que las distancias entre lugares de residencia y trabajo o estudio tienden a ser más cortas, y por lo tanto la gente está dispuesta a cubrirlas pedaleando. 

Más seguridad, más bicicletas

Es un hecho que uno de los grandes temores de aquellos que no ocupan la bicicleta en la ciudad está dado por la posibilidad de sufrir un accidente. En este sentido, está comprobado que hay una directa relación entre menor tasa de accidentes y mayor número de viajes en bicicleta. En este aspecto, las cifras indican que en Canadá hay 2,39 muertes por cada 100 millones de kilómetros pedaleados, menos de la mitad de los 5,74 que exhibe Estados Unidos. Para reforzar este concepto, es bueno notar que no es coincidencia que los países con menores tasas de accidente, Dinamarca, Holanda y Suecia, estén entre aquellos cuya población hace más uso de la bicicleta.

El costo de tener un automóvil

La estadística muestra que los canadienses tienen un 41% menos de automóviles que los estadounidenses (541 vs. 762 automóviles por cada 1.000 habitantes). La explicación de este fenómeno estaría dada en primer lugar por el ingreso per cápita, menor en Canadá, pero sobre todo por el alto costo que tiene en ese país el manejar un vehículo motorizado. De este modo, el alto precio de la gasolina (50% más alto en Canadá durante el período analizado), sumado a la escasez y alto costo de los estacionamientos urbanos hizo que miles de canadienses prefirieran movilizarse en transporte público, a pie o en bicicleta.

La importancia de tener buenas políticas públicas

Pucher y Buehler afirman que el Gobierno Federal de Estados Unidos sí ha fomentado el uso de la bicicleta en los diferentes estados de la unión, ya sea incrementando las partidas presupuestarias orientadas a la promoción del ciclismo urbano, o promoviendo la dictación de normas destinadas a integrar a la bicicleta en los planes de transporte locales. Sin embargo, el análisis indica que las ciudades la mayor parte de las veces hacen caso omiso de estas recomendaciones, destinando la mayor cantidad de esfuerzo y recursos a la ejecución de obras tendientes a favorecer la circulación en automóvil. En Canadá la situación es inversa: si bien es cierto el gobierno central no ha tenido un rol primordial en la promoción del uso de la bicicleta, está lleno de ejemplos en los cuales las autoridades locales han dado a este medio de transporte la categoría de prioridad metropolitana. Es por ello que en territorio canadiense es mucho más fácil encontrar ciclopistas urbanas, bien conectadas entre sí y con el transporte público, claramente delimitadas, seguras y equipadas con estacionamientos amplios y de fácil disponibilidad.    

Las fortalezas y debilidades de la ciudad de México

A la luz de lo señalado en este estudio, resulta claro que la ciudad de México tiene fortalezas que la hacen apropiada para la instalación de una red de ciclovías. En primer lugar, y a pesar de su tamaño, la ciudad de México sigue siendo bastante densa, mucho más que cualquier ciudad de Estados Unidos. Asimismo, la presencia de usos de suelo mixtos en la mayoría del territorio hace que los viajes al interior de la ciudad sean más cortos de lo que uno inicialmente pudiera presupuestar. Así, y de acuerdo a la encuesta de origen y destino realizada por INEGI en la capital durante 2007, el 50% de los viajes al interior de la ciudad cubre una distancia inferior a los 8 kilómetros, situación que se ve favorecida por una topografía bastante plana, sin mayores pendientes que puedan disuadir a aquellos potenciales ciclistas cuyo estado físico no es de los mejores.

Sin embargo, hay poderosas debilidades, solucionables pero debilidades al fin y al cabo, que atentan contra un mayor uso de la bicicleta en la ciudad. En primer lugar, la existencia de un transporte público inadecuado, caótico, incómodo e inseguro, hace que muchas familias opten por el automóvil para realizar sus desplazamientos. Todos aquellos países occidentales en los cuales la bicicleta es inmensamente popular cuentan con sistemas de transporte público modernos, cómodos y seguros, equipados con todas las facilidades para acoger los viajes de acercamiento de los ciclistas.

En segundo lugar, el tener un automóvil en la ciudad de México sigue siendo barato. Aunque el precio de la gasolina ha subido significativamente en los últimos meses, éste sigue siendo bajo respecto al contexto internacional. Por otro lado, se siguen construyendo autopistas urbanas de uso gratuito que sólo fomentan la compra de más automóviles por parte de la población, pero que no resuelven los problemas de fondo del transporte en la capital.

Un tercer aspecto negativo está dado por la falta de seguridad que el común de la población percibe respecto del acto de andar en bicicleta, considerado por muchos como una actividad suicida en la ciudad de México. Razones no les faltan: la mala calidad de las vías de circulación sumada al comportamiento agresivo que gran parte de los automovilistas tiene hacia peatones y ciclistas hace que el pedalear en la ciudad sea altamente peligroso. 

Por último, hace falta una mayor coordinación entre los distintos organismos que planifican la ciudad. Si el Gobierno Federal, el Gobierno del DF, el Gobierno del Estado de México y las delegaciones y municipios no dialogan y llegan a acuerdos, resulta extremadamente difícil la implementación de sistemas metropolitanos de transporte público, en los cuales la bicicleta debiera tener un rol preponderante.

El Plan Maestro de Ciclovías impulsado por el Gobierno del DF constituye un paso adelante, pero todavía falta mucho por avanzar en este ámbito. La construcción de ciclopistas habrá sido en vano si ésta no se complementa con una reforma profunda al sistema de transporte masivo en la capital, que haga que tanto bicicleta como metro y microbuses sean partes complementarias de un todo. Por otro lado, se requiere de manera urgente la adopción de políticas que desincentiven realmente el uso del automóvil, como lo son la tarificación vial, la prohibición de estacionar en vastas áreas, y el sinceramiento de los reales precios del combustible. Por último, un poco de educación para ciclistas, peatones y automovilistas no vendría nada de mal, porque esa es la mejor manera de convertir el pedalear en una actividad placentera y segura. Sólo así las ambiciosas metas planteadas por la autoridad capitalina dejarán de ser palabras y se convertirán en una realidad que tanto necesita esta ciudad.  


¹ John Pucher y Ralph Buehler, Why Canadians cycle more than Americans: A comparative analysis of bicycling trends and policies. Transport Policy 13, 2006

 

 

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