La basura y el sector informal

El Barrendero

“Otro tema prioritario a resolver en esta administración es el relativo a la basura. La estrategia será reducir los actuales volúmenes de basura y avanzar en su reciclamiento. Impulsaremos medidas en el sentido del ahorro que eviten el desperdicio.”

En lo que respecta a tratamiento de residuos sólidos, el segundo Informe de Gobierno de Marcelo Ebrard es exactamente igual al del año anterior, lo que no tiene nada de malo, especialmente considerando que los objetivos planteados avanzan en la dirección correcta. El único problema radica en que resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, que el Jefe de Gobierno del DF pueda decir que cumplió con su meta al cabo de los seis años de su mandato. Es que el sistema de recolección, tratamiento y depósito de residuos sólidos de la capital de México en muchos aspectos es digno de la más tercermundista de las ciudades, y su reemplazo o siquiera mejoramiento no se ve ni siquiera cercano.

En todo caso, sería injusto culpar a Ebrard por problemas de larguísima data que han generado un sistema aberrante para una urbe del tamaño y complejidad de la Ciudad de México. ¿Por qué aberrante? Básicamente por el alto grado de informalidad presente en todas las instancias del sistema, que no sólo lo hacen extremadamente frágil, sino que lo condenan a una ineficiencia crónica, propia de un estado de subdesarrollo que esta ciudad debió haber dejado hace rato.

Es cierto que en todos los países latinoamericanos es posible encontrar algún grado de informalidad relacionado con el mundo de la basura, pero ésta generalmente se desarrolla de manera paralela al sistema de recolección y depósito, quedando restringida al ámbito del reciclaje de todo aquello que no es reutilizado por los canales formalmente establecidos. En cambio, el sector informal mexicano opera como parte constituyente y fundamental de la recolección, tratamiento y depósito de los residuos. Tal como lo describió la investigadora argentina Verónica Paiva en un estudio comparativo sobre la presencia del sector informal en esta área, en el contexto latinoamericano México “exhibe la situación más llamativa no sólo por la cronicidad del fenómeno, sino por ser uno de los pocos casos en donde “el circuito formal e informal” funcionan conjuntamente, estando el sector informal absolutamente integrado a los mecanismos formales de recolección de desechos, de una manera no sólo “socialmente” aceptada, sino hasta fomentada por las necesidades del propio estado”¹. Dicho de otra manera, si el día de mañana desaparecieran los recolectores informales en Bogotá, Montevideo, Buenos Aires o Santiago, lo más probable es que desde el punto de vista ambiental no habría mayor problema, viéndose resentido exclusivamente el reciclaje de residuos. En cambio, en México el resultado sería devastador, derivando en una emergencia sanitaria de insospechadas dimensiones.

Clientelismo, Caciques y Basura

El contar con un sistema moderno y eficiente de recolección de basura curiosamente no pasa por la completa eliminación de la informalidad, como más de algún tecnócrata pudiera pensar, pero sí por su completa renovación y reformulación. Así lo han entendido algunas ciudades como Curitiba, Bogotá y Santiago, que de una u otra forma implementaron medidas tendientes a la regularización del sector informal, todas las cuales partieron por la dignificación de las personas que trabajan en esta condición y su consiguiente reconocimiento como verdaderos profesionales de la basura. Así han surgido iniciativas exitosas como la conformación de cooperativas de recolectores en Colombia y Brasil, la creación de puntos verdes para el acopio y selección de basura en Uruguay, o la creación de acuerdos público – privados en Santiago para el reciclaje de desechos a manos de microempresas formadas por recolectores (cartoneros) previamente capacitados. Todas estas iniciativas produjeron un significativo aumento en la calidad de vida de las personas dedicadas a este oficio, a la vez que en un incremento en la cantidad de desechos reciclados.

Sin embargo, resulta extremadamente difícil introducir este tipo de cambios en un contexto como el mexicano, en el cual la gigantesca red de actores que rodea el tema de la basura está estructurada en torno al clientelismo y a un complejo sistema de lealtades y caciquismos en el cual unos pocos logran grandes ganancias a costa de una gran multitud de personas que viven sumergidas en la basura en condiciones infrahumanas y con muy pocas perspectivas de surgir. Los grandes beneficiados por este sistema, muchas veces enquistados en los más altos niveles del poder político, difícilmente querrán dejar un sistema que a lo largo de los años les ha dejado enormes ganancias a costa de la calidad de vida de millones de habitantes que son prisioneros de un modelo en que la basura a veces es lo más limpio. Como señala Pamela Severini en su estudio La Gestión de la Basura en las Grandes Ciudades, “lo que es difícil de trasladar es la compleja trama de relaciones sociales, políticas y económicas informales que sobre esta situación (la basura) se ha enquistado”.²

Cambiar el actual escenario requiere no sólo de visiones técnicas, sino más que nada políticas, las cuales deben tener en consideración la importante variable social del problema. Desde ya, una buena manera de empezar sería entender que un sistema eficiente de recolección de basura no puede estar basado en la paga de propinas. Instaurar el cobro por el retiro de residuos, tal como sucede en todas las ciudades del mundo desarrollado, transforma la recolección en una obligación y no en un favor. Esto no significa en absoluto la desaparición de la fuente de trabajo para las miles de personas que hoy trabajan como barrenderos, burreros, pre pepenadores o pepenadores, sino más bien abre la posibilidad para su incorporación de lleno a un sistema en que su labor puede ser complementaria a los canales formales de recolección, tratamiento y depósito. Un sistema así, más transparente, ayuda además a debilitar el sistema de prebendas y mordidas hoy instalado en gran parte de las ciudades de México. Esto no significa en absoluto la necesidad de privatizar el sistema; el mundo está lleno de buenos ejemplos tanto públicos como privados, lo que hace falta es definir cuál es el más adecuado para cada lugar y situación.

Resulta imperativo implementar un sistema de tratamiento de residuos acorde con la realidad del siglo veintiuno, orientado al manejo integral de los desechos, más que a su simple recolección y acopio. Quienes hoy trabajan en la basura en condiciones de carencia absoluta no pueden ser marginados de este proceso. A fuerza de laborar durante años en condiciones extremas han acumulado un conocimiento que más que desechar hay que saber encauzar. La ciudadanía lo agradecerá.


¹Paiva, Verónica, Cooperativas de Recuperadores. Asociativismo, Redes Sociales y Producción de la Ciudad. Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, Buenos Aires, Argentina, 2004

²Citado por Gerardo Bernache Pérez, Cuando la Basura nos Alcance. El Impacto de la Degradación Ambiental. Publicaciones de la Casa Chata,, México D.F., 2006 

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