Un millón 260 mil arrastres en 2009

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Durante este año, uno de cada tres conductores de la ciudad de México tendrá que hacer un desagradable viaje a un corralón para retirar de allí su vehículo. En efecto, según lo informado por El Universal el 14 de junio de 2008, el contrato firmado entre la Secretaría de Seguridad Pública del DF y las cuatro empresas que tienen la concesión de grúas en la capital establece que durante 2009 se deberá hacer un millón 260 mil arrastres de vehículos mal estacionados a los 29 corralones ubicados a lo largo y ancho de la ciudad. Resulta ocioso comenzar a pensar en cuántos Estadios Azteca se pueden llenar con tal cantidad de vehículos, o hasta dónde llegarían si se pusiera uno detrás de otro, pero lo cierto es que se trata de una cifra astronómica, especialmente desde el punto de vista comercial. Considerando que el pago para retirar un automóvil de los corralones asciende a un mínimo de 530 pesos (40 dólares), se desprende que este año se pretende recaudar la nada despreciable suma de 667 millones 800 mil pesos (casi 50 millones de dólares), nada de mal para un negocio que deja la mitad de esa cantidad en las arcas del Gobierno del DF.

En todo caso, la tarea no va a ser nada fácil, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta el año pasado el promedio de arrastres era de 4.85 al día por cada grúa. A este ritmo, se necesitarán poco más de 700 grúas en la capital para alcanzar la meta, número que triplica las unidades actualmente existentes, pero que no es tan descabellado si las empresas y la SSPDF se esfuerzan un poco más en la tarea de ubicar y acarrear automóviles estacionados más allá de la ley.

¿Qué hay detrás de todo esto?

La explicación oficial es que se trata de educar a la población, que en gran número manifiesta conductas altamente censurables a la hora de estacionar sus automóviles. Loable propósito, pero todo indica que el objetivo último de esta masiva fiscalización de tránsito no es tanto educar a la ciudadanía mediante el castigo a los infractores, sino más bien recaudar generosas cantidades de dinero en un negocio que es una mina de oro por donde se le mire. En este sentido, la meta impuesta a los concesionarios actúa como un incentivo perverso, puesto que ellos harán todo lo posible para cumplir con su cuota, aprovechándose de las debilidades de un sistema que deja en la más absoluta indefensión al automovilista infraccionado, a quien sólo le queda resignarse y pagar sin reclamar el importe de la multa. Así, no son pocos los abusos que se reportan cada día por parte de los gruyeros y policías, quienes son tristemente célebres por abusar de su condición de poder para obtener mordidas de automovilistas que prefieren deslizar un billete antes que hacer el engorroso trámite de retirar sus vehículos de un corralón. En un escenario así, tampoco pueden faltar las denuncias de extorsión, en las cuales los afectados dicen haber sido acusados de faltas de tránsito que jamás cometieron. Es decir, con el pretexto de impedir la comisión de una falta menor se da pie a la comisión de un delito mayor en nuestras calles. Sólo basta echar un vistazo a los testimonios de muchos lectores de Ciudadanos en Red para comprobar la veracidad de esta afirmación.

No es mi propósito defender a los malos automovilistas en estas líneas, que es muy bueno que se les penalice, pero sí es necesario dejar en claro que todos los procedimientos de fiscalización de tránsito deben estar guiados por el objetivo último de mejorar la seguridad y fluidez del tráfico vehicular y peatonal en la ciudad. Por ello, más que la fiscalización con grúas es recomendable tomar otro tipo de medidas que han demostrado ser mucho más efectivas en este propósito. Un buen diseño urbano, que dificulte el incorrecto estacionamiento y facilite el tránsito vehicular y la caminata puede ser mucho más eficaz que un escuadrón de ávidos gruyeros y policías (que ojalá mostraran el mismo interés en perseguir otro tipo de delitos), lo mismo que la implementación de un programa de educación de comportamiento vial constante, cuyos resultados generalmente tienen una alta persistencia en el tiempo.

Fiscalización siempre va a ser necesaria, pero ya está claro que las multas en dinero usualmente no son la mejor manera de cambiar hábitos de larga data, que para ello hay fórmulas mucho mejores, aunque no generen los mismos recursos que una temible flota de grúas.

 

 

1 Comentario on Un millón 260 mil arrastres en 2009

  1. Felicidades por tu blog. Te estarè leyendo con frecuencia.

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