Estadísticas chilangas (o una manera distinta de enfrentar la crisis del agua)

Preocupado por la severa crisis de abastecimiento de agua que está sufriendo la ciudad y que se traducirá en racionamientos que afectarán a por lo menos a un millón y medio de habitantes de diez delegaciones del DF, comencé a hacer una mini investigación acerca del alto consumo diario de sus habitantes, el cual sin duda es el gran causante de la actual situación.

Así, y revisando noticias recientes, me encontré con que el 9 de enero pasado Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM), señaló a la prensa que la dotación de agua por habitante en la capital alcanza a los 312 litros diarios, pero que la población flotante de cuatro millones reduce esa dotación a 270 litros al día. Sin embargo, la confusión llegó a mí cuando leí otra nota, de marzo de 2008, en la cual el mismo Ramón Aguirre indicaba que en promedio un capitalino consume 364 litros al día. En otras palabras, en sólo diez meses se produjo una disminución de 52 litros al día por habitante, proeza que ni una ciudad del mundo occidental ha podido realizar sin que sus tuberías e instalaciones hayan sido bombardeadas previamente. Para hacernos una idea de este nuevo milagro mexicano, sería bueno señalar que este ahorro de 52 litros por persona es suficiente para dar adecuado suministro a una ciudad de tres millones y medio de habitantes en Alemania u Holanda. Nada mal. En todo caso, hay que señalar que Aguirre fue muy claro en dicha ocasión al señalar que el consumo de 364 litros era a todas luces excesivo, puesto que más que duplica el ideal para una urbe moderna, que es de alrededor de 150 litros diarios por persona.

Eso sí, mi estado de asombro se transformó en perplejidad al notar que poco antes, en octubre de 2007, el ya mencionado Ramón Aguirre (supongo que será el mismo y no otra persona del mismo nombre) sostuvo que la demanda de la ciudad alcanzaba a 327 litros por habitante. En dicha oportunidad explicó que lo razonable sería bajar el abasto a 250 litros al día, 100 litros más que el ideal señalado 6 meses después.

Claro que el sube y baja del consumo venía ya de antes, porque en junio de ese mismo año la demanda diaria era de 350 litros por persona, siempre en palabras del mismo funcionario (o del homónimo que ocupaba el mismo cargo). Es decir, entre junio y octubre la demanda de los habitantes de la ciudad había bajado en 23 litros diarios, o si se quiere un 6.5 por ciento, logro que a muchas naciones del mundo desarrollado les tomó años de paciencia y esfuerzo. No faltará quien diga que los términos ocupados, dotación, consumo y demanda, no significan lo mismo, pero al menos en los últimos casos citados la palabra empleada, demanda, fue exactamente la misma. ¿Cómo puede cambiar tanto el requerimiento de agua en una ciudad en tan pocos meses sin que se produzca una significativa alteración en su número de habitantes?

Purécongüebo

Foto: Purécongüebo

Números que no son de fiar

En lo personal me tocó sudar tinta china cuando hice mi tesis sobre el avance urbano en ejidos de la zona metropolitana de la ciudad de México. Las diferencias en las superficies de éstos variaban sustantivamente dependiendo de la fuente que se consultara, aunque a veces era una misma fuente la que disponía de información contradictoria en sus archivos. Y no estoy hablando de insignificancias, sino de miles de hectáreas cuya diferencia nadie puede explicar muy bien. Al parecer es una costumbre arraigada en el país, porque la estadística en México abunda y es de fácil acceso, pero resulta común que su fiabilidad sea escasa.

En el caso del agua en la ciudad, el asunto no deja de ser grave, porque el conocer con precisión su consumo es una herramienta imprescindible a la hora de implementar políticas y programas efectivos para un mejor aprovechamiento del elemento. Si no sé sabe exactamente cuánto, cuándo, quién y cómo se está gastando, difícilmente se podrán establecer metas razonables y alcanzables de consumo, que hasta el día de hoy son eso, metas, porque de políticas concretas aún no se sabe mucho.

Por mientras, y para quitarle dolores de cabeza a los investigadores, creo que sería una buena idea que el SACM se pusiera de acuerdo en algún número no muy aberrante sobre el consumo de agua en la ciudad, y mantenerlo por un tiempo, al menos por doce meses seguidos, que así la estadística ganaría bastante en credibilidad. Al año siguiente pueden bajar un par de litros diarios al consumo, y otro par al próximo, y de ese modo la ciudadanía se sentiría tranquila sabiendo que el tema está en manos de una autoridad seria que sí se preocupa de los problemas reales de la ciudad y que para ello le ofrece soluciones razonables y efectivas. Nadie se va a tomar la molestia de ver si las cifras informadas son verdaderas, salvo cuando la mitad de la población esté dependiendo de la pasada semanal de una pipa, pero para eso falta algún tiempo todavía.

1 Comentario en Estadísticas chilangas (o una manera distinta de enfrentar la crisis del agua)

  1. Muy buen post. Me quedé pensando en las variaciones del consumo por persona, y primero coincido en la pobre fiabilidad de las estadísticas, luego en que cada vez que se hacen públicas las cifras, se manejan volúmenes diferentes y, al final, en que si acaso las variaciones del volumen correspondan a los altibajos en la disponibilidad del recurso. No sé. Al final quedo confundido.

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