Tragados por la tierra

La luna recortada en el cielo fue probablemente la última imagen del mundo que vio Alejandro Ramírez Arredondo, quien el sábado 7 de julio de 2007 tuvo la mala ocurrencia de estacionar su Chevy en la intersección de las calles Guadalupe Victoria y Bellavista, colonia Lomas de San Lorenzo, delegación de Iztapalapa. No llevaba mucho tiempo en el lugar cuando de improviso en la tierra se abrió un socavón de 12 metros de profundidad que literalmente se lo tragó a él y su automóvil. Sólo después de 80 horas de intensa búsqueda fue encontrado el cuerpo del malogrado joven de 19 años, justo debajo del salón de fiestas Brislet, donde fue arrastrado por el agua de la lluvia a través de los ramales de la grieta donde encontró tan espantosa muerte.

Vivir sobre un queso suizo

A decir verdad, la tragedia de Ramírez Arredondo era perfectamente esperable. Y es que sólo en Iztapalapa se estima que hay alrededor de 200 grietas como la de Lomas de San Lorenzo, las que surcan las colonias Ermita Zaragoza, Ejército de Oriente, Zona ISSSTE, Zona Peñón, Concordia Zaragoza, Santa Martha Acatitla, San Lorenzo Xicoténcatl, Santa María Aztahuacan, Vicente Guerero, Jacarandas, Cananea, Francisco Villa y Los Ángeles.¹ El problema es tremendamente grave, especialmente teniendo en cuenta que son más de 60 mil las personas que habitan en estas colonias, y que 15 mil alumnos estudian en 12 escuelas de esta delegación asentadas sobre fallas geológicas que están en serio riesgo de colapso. Y es que el terreno de Iztapalapa es un verdadero queso suizo lleno de agujeros que en cualquier momento pueden hacer ceder la tierra sobre ellos y llevarse todo lo que está encima, especialmente en temporada de lluvias, cuando el agua reblandece el suelo profundizando las grietas existentes.

El problema se ha resuelto parcialmente mediante el relleno de los huecos detectados mediante el uso de bentonita (una arcilla de grano muy fino), tepetate y cemento, pero queda claro que no se puede seguir eternamente con este tipo de solución, que ataca los efectos pero no las causas del problema. Para lograr esto último resulta necesario emprender un gran esfuerzo conjunto entre gobierno y ciudadanía para disminuir el gran causante de la aparición de grietas en la ciudad: el excesivo consumo de agua.

La ciudad se sigue hundiendo

La ciudad de México obtiene el 70% del agua que consume de fuentes subterráneas, algo que no ocurre en ni una otra gran metrópoli del mundo. El problema no es tanto la fuente de obtención del líquido, sino su alto consumo, que llega a 327 litros diarios por persona, uno de lo más elevados de México, y muy superior al establecido como ideal para una ciudad de este tamaño y complejidad, que no debiera superar los 250 litros diarios por persona. Lo más grave de la situación es que el 38% el suministro se desperdicia, y que éste no es repartido de manera equitativa, puesto que hay miles de familias en la capital (muchas de ellas en Iztapalapa), que sobreviven con 30 litros diarios por persona, lo que les da justo para cubrir sus mínimas necesidades de consumo, higiene personal y limpieza. El alto consumo también tiene como grave consecuencia el hundimiento progresivo de la urbe, que en algunas partes llega a más de 20 centímetros al año, originado por la incapacidad del acuífero para recargar todo lo que se le extrae cada día (se calcula en alrededor de 50% el sobreconsumo respecto a su capacidad de recarga). Los hundimientos, que no son parejos, provocan la aparición de grietas en la superficie y el deterioro estructural de los edificios, que ven sus fundaciones sometidas a esfuerzos de corte que pueden llevar incluso a su colapso, tal como se pudo apreciar en el terremoto de septiembre de 1985. Si se quiere mitigar el peligro que representan las grietas de Iztapalapa y otras delegaciones, resulta fundamental entonces el disminuir drásticamente el consumo de agua por parte de la población y minimizar las pérdidas en la red. Esto no es fácil, pero resulta urgente hacerlo. Medidas como terminar con el subsidio generalizado al agua, que fomenta el despilfarro, van en esta línea, lo mismo que el reemplazo de artículos sanitarios por unos de consumo eficiente y la reparación generalizada y permanente de la red. Asimismo, la exploración de nuevas fuentes de suministro, como el agua de lluvia, puede aliviar en gran parte el tremendo esfuerzo que hoy día están haciendo los mantos subterráneos, que sencillamente no es sostenible en el tiempo.

No todo es agua

Lamentablemente, disminuir el consumo de agua no va a hacer desaparecer por completo el peligro que las grietas representan en la ciudad. El esfuerzo será inútil si no se hace cumplir la zonificación vigente, que especifica claramente algunos lugares donde el levantamiento de construcciones está expresamente prohibido. El seguir permitiendo la instalación de asentamientos irregulares tiene consecuencias nefastas para la ciudad, puesto que éstos generalmente se localizan en aquellos lugares que representan mayor riesgo, como las barrancas. Para evitar esto no sólo se debe estar dispuesto a pagar los costos políticos que esta actitud puede representar (después de todo, quienes viven en estas condiciones representan una buena cantidad de votos), sino además se hace necesario el desarrollar políticas de vivienda dirigidas a los sectores de más bajos recursos, quienes no alcanzan a ser cubiertos por los programas existentes y que muchas veces se ven forzados a vivir en la informalidad.

Evitar la repetición de tragedias como la de Alejandro Ramírez supone un esfuerzo que va más allá del simple relleno de grietas; implica desarrollar políticas urbanas integrales que ataquen la raíz de los problemas, problemas que tarde o temprano pueden significar una tragedia mayor que puede ser perfectamente evitada o atenuada.

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¹ “Encuentran 200 grietas en Iztapalapa“, Terra, 9 de julio de 2007  

1 Comentario en Tragados por la tierra

  1. ¿Y los pozos de absorción? El agua pluvial que es abundante en esta ciudad se va directo al caño. Idealmente, esa agua debiera colectarse para servicio y consumo humano, pero como eso es muy caro, yo sugiero que el GDF obligue o incentive a que que todas las caidas de agua de las azoteas se lleven a pozos de absorsión, lo que es relativmente barato. Yo puse dos en el jardín y han funcionado maravillosamente. Me gusta pensar que quiza gracias esos dos pocitos, ya no se va seguir hundiendo el centro historico (ja!, ojalá).

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