Que no es publicidad, es conciencia ambiental

El pasado 8 de enero los vecinos de Polanco las arremetieron contra un contenedor plástico en forma de celular instalado en el Parque Lincoln. ¿El argumento? Que el verdadero propósito del armatoste de 4 metros de altura era hacer publicidad en una de las áreas verdes más bellas de la ciudad, y no fomentar el reciclaje de celulares, que como es sabido generan gran cantidad de problemas ambientales una vez que caen en desuso.

Consternado por la actitud de los ciudadanos, el director de Comunicación y Relaciones Públicas de Nokia, empresa que patrocinaba tan loable campaña ecológica, ni se sonrojó para rechazar que el objetivo del celular gigante con audífonos fuera promocionar a la compañía fabricante de teléfonos móviles (cómo se les ocurre), sino fomentar la concientización social por el cuidado del medio ambiente.

Afortunadamente para la gente de Nokia y del Gobierno del Distrito Federal (que recibe el desinteresado aporte de esta compañía en su cruzada ecológica), la actitud de la gente de Polanco no ha sido imitada en los otros cinco lugares de la capital donde todavía se encuentran estos armatostes.

Uno de ellos se emplaza en la esquina de Nuevo León y Ozuluama, frente a la librería El Péndulo, colonia Condesa. No sé cuántos celulares habrá ayudado a recolectar esa estructura, pero me imagino que no muchos, o al menos no tantos como para llenarla entera. Es que el tema no es de capacidad – dirán los promotores de la idea – sino de llamar la atención a la gente, y por eso vale la pena pagar el costo de colocar un artefacto que no sólo rompe con la estética del lugar, sino que además obstaculiza el desplazamiento y la vista de todos aquellos que gustan de caminar, correr o pedalear en el camellón allí existente.

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Esto recién comienza

La iniciativa de Nokia rápidamente encuentra adeptos en otras empresas con marcado sentido de la responsabilidad social. Así, se rumorea que Duracell planea la instalación de una batería gigante en uno de los patios del Palacio Nacional, donde los capitalinos podrán ir a dejar sus baterías usadas, que como es sabido contienen peligrosos niveles de níquel, cadmio, plomo, mercurio y litio, capaces de contaminar seriamente el agua, aire y suelo de la ciudad.

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Por su parte, Kellog’s no se queda atrás y anuncia la pronta construcción de una caja de cereal gigante en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, en la cual la gente podrá depositar cajas, papeles y cartones que son fácilmente reciclables. Se pretende que una réplica de 100 metros de altura del gallo Cornelio, símbolo de la compañía, recorra las diferentes colonias de la ciudad para promocionar la iniciativa, dejando siempre en claro que el objetivo de su recorrido no es el de hacer publicidad a la empresa.

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Por último, y para no ser menos, los ejecutivos de Coca-Cola también tienen planeado hacer su aporte al medio ambiente colocando un depósito gigante en las ruinas de Teotihuacán donde los visitantes podrán depositar sus latas vacías. Se espera que la instalación del contenedor cilíndrico coincida con la inauguración del esperado Resplandor Teotihuacano, espectáculo de luz y sonido que promete cambiar la historia de tan afamado lugar patrimonial. Desde ya se anuncia que Godzilla, mascota del mencionado espectáculo, otorgará su más entusiasta apoyo a tan destacable iniciativa medioambiental.

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