El templo de los flojos

La idea viene de los años cuarenta, cuando Harry y Esther Snyder, dueños y fundadores de la cadena de hamburgueserías In-n-Out Burger se dieron cuenta que gran parte de sus clientes, especialmente los más habituales, estaba experimentando un rápido y sostenido aumento de peso, con lo cual se les hacía cada día más difícil poder acercarse al mostrador para pedir su sagrada ración de carne, pan, pepinillos, mostaza, ketchup, papas fritas y medio galón de Coca-Cola. Preocupados por la salud de su fiel clientela, los Snyder se vieron en la encrucijada de decidir entre dos opciones:

a)      Producir hamburguesas light, bajas en calorías y colesterol, servir papas cocidas en vez de fritas, y terminar con el expendio de Coca-Cola para reemplazarlo por agua, té y jugos naturales exprimidos en el mismo local.

b)      Hacer que el cliente no tuviera que hacer el menor ejercicio para ordenar sus amadas hamburguesas.

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Tomar la decisión tomó no más de dos segundos. Descartada la primera opción por complicada y por los perniciosos efectos que podría tener sobre el negocio, el matrimonio Snyder creó un sistema cuyos efectos no sólo cambiarían el futuro de la comida rápida, sino que también tendría profundas repercusiones en el tejido urbano y cómo la ciudad es entendida y vivida por sus habitantes.

El hoy mundialmente extendido drive-through es tan simple como efectivo: uno llega en su automóvil al local, se forma en una cola, pide por un micrófono todas las hamburguesas, papas fritas y Coca-Colas que quiera, paga, y retira su pedido en una ventanilla colocada unos metros más allá. El proceso no toma más de dos minutos, y tiene el gran atractivo para el automovilista que se hace sin poner un pie fuera del coche (suponiendo que esto es atractivo). Para los dueños de In-n-Out Burger el sistema también tenía grandes ventajas: no se perdía a la antigua clientela, se vendía a mucho mayor ritmo, se necesitaban menos mesas en el interior del local y con ello menos gente encargada de su limpieza, y los estragos producidos por las hamburguesas en la salud de los consumidores ya no se eran visibles para los nuevos clientes.

El legado de McDonald’s

La idea del drive-through está íntimamente ligada a McDonald’s, la más grande cadena de comida rápida del mundo y responsable directo del aumento de millones de kilos en el peso de la población planetaria. Sin embargo, la adopción de la compra desde el automóvil por parte de la compañía de la M dorada es relativamente tardía, produciéndose recién en 1975, cuando abrieron su sucursal en Sierra Vista, Arizona, orientada a dar rápida alimentación a los soldados de la base militar Fort Huachuca, vecina a la ciudad y que al parecer quedaban tan cansados después de sus ejercicios que no les quedaban fuerzas para poder abandonar sus coches y poder caminar hacia la caja a pedir una hamburguesa.

El resto de la historia es por todos conocido: el modelo se replicó hasta la saciedad, y no hubo cadena de comida que no se sumara a la fiebre del servicio a la ventanilla del automóvil. Ni siquiera Starbucks, tan preocupada del medio ambiente, el trato justo, las buenas prácticas y lo políticamente correcto se sustrajo a la tendencia, que después de todo el cliente siempre tiene la razón, aunque su arraigado sedentarismo lo esté matando lentamente a vista y paciencia de todo el mundo.

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No es el efecto, sino el ejemplo

¿Por qué me opongo terminantemente a la existencia de los drive-through? Sencillamente por cuatro razones:

  • Porque promueven el uso indiscriminado del automóvil, cosa que no es tan dramática en los suburbios de Estados Unidos, pero que constituye un problema de dimensiones colosales en ciudades ultra congestionadas como la capital de México.
  • Porque fomenta el sedentarismo en una población que de por sí hace poco y nada de ejercicio. Como si comer comida chatarra no constituyera suficiente daño a la salud de uno mismo, las cadenas además se encargan de introducir todo tipo de mecanismos para que la gente ingiera cada día más botando menos grasa.
  • Porque hacen de las ciudades lugares cada vez más impersonalizados, donde ya ni siquiera se saluda y ve la cara de quien atiende en la caja de un restaurant
  • Porque comer dentro de un automóvil siempre ha sido de pésimo gusto.

Alguien dirá que el impacto urbano de los drive-throughs no es tan grande, puesto que los automóviles que circulan de ventanilla en ventanilla ahorran espacio de estacionamiento, y que quienes utilizan este sistema congestionan exactamente lo mismo que aquellos que sí se dan la molestia de aparcar su coche y caminar los pocos metros hacia la caja. Puede ser, pero mi oposición a este sistema se fundamenta no tanto en sus impactos en la movilidad como en lo que representa.

En efecto, vivimos en una ciudad donde cada día hay más gente que no tiene la menor idea de lo que es mover las piernas, que siempre se desplaza de puerta a puerta arriba de un automóvil, y que jamás disfruta de la experiencia de descubrir la perspectiva urbana que sólo la caminata puede dar. Esas mismas personas ven que cada vez se les hace más difícil bajarse de sus coches, no sólo por el poco entusiasmo que esto que les provoca, sino porque sencillamente ya no caben por la puerta. Terminar con la compra desde el coche – al menos en las áreas urbanas – constituiría una buena señal para decir que las ciudades se deben pensar a escala y para las necesidades humanas, no las del automóvil.

1 Comentario en El templo de los flojos

  1. A esto hay que aumentarle la tendencia de pedir todo “a domicilio.” La pizza a domicilio es una gran idea que nos ha salvado a muchos de morirnos de hambre… pero se ha llevado a extremos. Ahora se pide “online”, y lo que la gente antes utilizaba como pretexto para socializar se ha perdido; ir de compras, por ejemplo. Yo no entiendo como alguien puede pedir su ropa por internet, cuando es una actividad que le debiera hacer ilusion. Sera que la gente es mucho mas importante que yo, y no puede darse el lujo de perder el tiempo, como lo sigo haciendo yo, gracias a Dios.

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