Sobre la poca utilidad urbana del impuesto a la tenencia automotriz

Llevemos las cosas a un extremo y supongamos un par personajes, Marcelo y Antonia, que en un día de suerte se ganan dos de las 59 Hummer último modelo rifados con todo amor y cariño por Elba Esther Gordillo para recaudar fondos para mejorar la educación en México.

Marcelo, hombre sedentario como pocos y que siempre quiso manejar uno de estos vehículos, apenas puede decide dar rienda suelta a su sueño cumplido y comienza a ocupar su llamativo coche hasta para comprar tortillas en pleno Zócalo, que para qué uno tiene una Hummer si no es para gozar de su conducción, su doble ancho, y para que todo el mundo lo vea a uno a bordo de ella. Antonia en cambio decide reservar el uso de su nuevo automóvil sólo para los fines de semana, cuando gusta de ir a recoger flores en las afueras de la ciudad. Sin embargo, y aunque no lo hayan querido, ambos generaron externalidades negativas con su accionar, esto es, efectos perjudiciales para el resto de la población, traducidos en mayor congestión, ruido, contaminación, aumento de la inseguridad en las calles, etcétera, razón por la cual parecería justo que pagaran algún tipo de compensación por el daño real o potencial que ocasionaron a quienes no manejan o al resto de los conductores.

Ahora bien, tanto Marcelo como Antonia suponen que efectivamente sí pagan por estos perjuicios potenciales cuando cada año deben cancelar el impuesto a la tenencia automotriz, el cual según su creencia – bastante extendida por cierto – les daría derecho a ocupar sus automóviles cuando y donde quieran sin sentir ninguna clase de remordimientos por las externalidades que pudieran ocasionar. ¿Están en lo cierto? ¿Pagaron realmente por los efectos colaterales negativos generados por la conducción de sus vehículos? Todo parece indicar que no.

De partida, queda claro que el impuesto no significa lo mismo para Marcelo que para Antonia, porque si bien es cierto ambos pagaron exactamente los mismo por la tenencia de sus Hummer modelo Gordillo, resulta más que evidente que el perjuicio que provocó la conducta de Marcelo al resto de la población fue mucho mayor que el causado por Antonia, quien apenas congestionó o contaminó. En otras palabras, para Marcelo el costo marginal de cada viaje (el precio que se paga por realizar un viaje más) fue relativamente bajo, mientras para Antonia fue altísimo. Después de esta experiencia, es muy probable que ella decida vender su flamante cuatro por cuatro y lo cambie por un modelito más viejo y económico, por el que pagará muchísimo menos por concepto de tenencia y combustible, aunque probablemente contaminará más que todos los 59 Hummer de la señora Gordillo juntos.

Este ejemplo ilustra una de las falencias del impuesto a la tenencia, cuyos efectos se hacen sentir en la posesión de los vehículos, pero no en el uso que se hace de ellos. Hay que entender que este impuesto tiene un propósito netamente redistributivo, “castigando” más a quienes tienen más recursos y que por lo tanto poseen coches más caros, que no son necesariamente los que más externalidades generan en la ciudad. Así, una persona que sea dueña de diez Mercedes Benz pagará un impuesto gigantesco, aún cuando estos vehículos se encuentren estacionados la mayor parte del tiempo en un recinto privado, algo que no genera ningún tipo de problemas para el resto de la población, mientras el dueño de un contaminante Vocho de los sesenta pagará muy poco aunque las externalidades negativas que produzca en la ciudad sean inmensas. Y es que tal como lo expresé en mi artículo anterior, el impuesto a la tenencia genera de por sí dos incentivos tremendamente perversos: promueve la compra de vehículos más viejos y económicos, que pagan menos pero que son mucho más contaminantes e inseguros, y por otro lado estimula de una manera implícita el uso intensivo del automóvil como una manera de rentabilizar el pago anual de la tenencia. Tal como quien asiste a un restaurant que ofrece buffet tratará de comer hasta quedar redondo para maximizar su inversión, el dueño de un automóvil siente que en la medida que más circule, menor será el precio marginal por viaje que deberá pagar, prorrateando así de una manera más favorable el costo del impuesto.

¿Y entonces?

A estas alturas del partido queda claro que el impuesto a la tenencia no tiene ningún efecto positivo en la movilidad al interior de la ciudad, razón por la cual aparecería como lógico eliminarlo. No obstante, sigo creyendo que los conductores deben pagar de alguna manera por las externalidades negativas producidas por la circulación de sus coches, no sólo porque es justo, sino también porque es una buena manera de combatir la congestión en la ciudad.

Tal como en la cuenta telefónica, en la cual uno paga de acuerdo a los minutos que habla, en la urbe de hoy perfectamente se pueden implementar sistemas que permiten cobrar a los automovilistas por las externalidades que realmente producen. La tarificación vial en zonas urbanas ha demostrado ser una poderosísima y efectiva herramienta para controlar el tráfico en la ciudad, estableciendo zonas o vías de pago cuyo costo puede variar de acuerdo a la hora en que se circule, lo que permite regular de una manera bastante eficiente el flujo de automóviles, estableciendo tarifas altas en las horas punta en aquellas áreas o arterias de alta congestión, mientras que en aquellos lugares y horarios de baja demanda la circulación puede mantenerse de manera gratuita. En un esquema así, Marcelo lo pensará dos veces antes de adentrarse en la Condesa a las 7 de la tarde, porque sabe que esta aventura finalmente será sufrida de manera bastante fuerte por su bolsillo a final de mes. Por su lado, Antonia no se vería castigada injustamente, pagando poco o casi nada por sus eventuales viajes dominicales en un Hummer del cual no tendría por qué deshacerse. Más aun, la tecnología moderna de telepeajes puede a su vez establecer tarifas diferenciadas de acuerdo al tipo de vehículo, lo que da la oportunidad a las autoridades de establecer incentivos a aquellos automovilistas que posean coches más ambientalmente amigables.

El sistema de peajes urbanos ha dejado de residir en el ámbito de la ciencia ficción, instalándose con gran éxito en ciudades tan disímiles como Londres, Estocolmo, Santiago de Chile o Singapur. Si la batalla contra la congestión se está perdiendo por paliza en metrópolis como la ciudad de México, quizás valga la pena dar una mirada a lo que se está haciendo en el resto del mundo, aprovechando que la tecnología existe y que ha demostrado de sobra que es eficiente.

Palabras al cierre

Cada vez que alguien sugiere implementar un sistema de tarificación vial en México generalmente se debe tragar una buena andanada de cuestionamientos cuando no de insultos. La principal objeción que se hace al sistema es su carácter clasista, ya que beneficia a la población más rica, a la cual prácticamente le da lo mismo tener que pagar por circular en calles que anteriormente eran gratuitas. Esto es cierto, pero sólo a medias, puesto que los perjudicados por este sistema en ningún caso son los más pobres – que después de todo no poseen coche -, sino quienes poseen menos recursos en la mitad más rica de la población, que después de una medida como ésta deben restringir el uso de sus automóviles.

Es cierto que hay otras medidas más democráticas, como la restricción vehicular (“Hoy no circula”), que se supone afecta a todos por igual. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que los efectos de una medida como ésta muchas veces son contraproducentes, puesto que las familias más adineradas terminan comprando un segundo, un tercer y un cuarto automóvil para así evitar el día de restricción, con lo cual los efectos mitigadores sobre la congestión se ven disminuidos drásticamente.

Para combatir el caos vehicular no hay fórmulas mágicas, pero ya está más que probado que la tarificación vial urbana, a pesar de todos los cuestionamientos que se le puedan hacer, es una herramienta bastante eficiente para hacer que la movilidad en la ciudad sea más expedita y segura. Como para pensarlo más detenidamente. 

7 Comentarios en Sobre la poca utilidad urbana del impuesto a la tenencia automotriz

  1. ¡No puedo creerlo, estoy de acuerdo contigo en todo lo que escribiste! Me estoy haciendo viejo, ¿o qué?

  2. NO estoy de acuerdo con esto, aun cuando ya debo tener la edad suficiente para serlo, estaria de acuerdo si este impuesto fuera a beneficiar la fuidez vehicular, sin embargo y como es bien sabido, bueno en el D.F y ciudades mas grandes, entre mas aumenta el parke vehicular, menos se agrandan las vias o se tardan tanto en agrandarlas que cuando ya pueden soportar una carga esta a sido rebasada, es obvio que no podremos tener un acuerdo, pero en mi caso, clase media baja que aspiro a tener un carro no contaminante, este impuesto viene a grabar aun mas el esfuerzo de haber comprado un carro y sobre todo a stresar la salida a la calle por el hecho que el no pago, implica el mucha mordida. La tenencia como tal, es igual que todos los impuestos que pagamos y no recibimos, benefician mas a los que manejan ese dinero que a los que esperamos que ese pago nos de alguna recompensa en un mejor servicio, si no que le pregunten a los inutiles de los diputeibols y senadores ( no se me ocurrio algo que los ejemplifique en jerga popular) cuyos sueldos insultan a los que año con año batallamos para pagar impuestos como este, LA TENENCIA

  3. MMM…
    CREO QE ES BUENO
    PERO LA VDD NO SE ZOBRE
    LO QE SE HABLABA
    BAA!! LA NETA ME ABURRI
    BYE

  4. “sin embargo y como es bien sabido, bueno en el D.F y ciudades mas grandes, ”

    Antonio … no hay ciudades mas grandes que el D.F

    :S

    • Rodrigo Díaz // 6 enero 2010 en 1:54 pm // Responder

      Karla,

      De hecho sí la hay. Tokio es por lejos la ciudad más grande del mundo, con una población que oscila entre los 33 y los 35 millones de habitantes, dependiendo de la fuente consultada. La mayoría de las estimaciones ubican al área metropolitana de la ciudad de México con sus casi 20 millones de habitantes como la segunda ciudad más grande del mundo, pero algunos centros dan este lugar a las aglomeraciones de Seúl, Mumbai y Delhi. Todo depende de qué se considere área metropolitana y de la fiabilidad de los censos. Una información bastante buena se encuentra en Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudades_m%C3%A1s_grandes_del_mundo

  5. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    Las malas politicas publicas en materia fiscal y de movilidad

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