Abecedario personal del DF

La idea tiene más años que Chabelo, pero no por ello deja de ser buena. Hacer un listado de la A a la Z de las cosas que hacen que el DF sea el DF y no otra ciudad no sólo resulta particularmente entretenido, sino que además ofrece una oportunidad magnífica para repensar lo urbano desde una perspectiva absolutamente personal.

Esto no pretende ser una guía de turismo con los sitios imperdibles de la capital, ni un recuento de sus aspectos más relevantes o lugares más memorables. Sólo quiero dar a conocer mi ciudad, la que me acoge hoy en día, y cómo la veo desde mi particular perspectiva, la de alguien que nunca deja de maravillarse con las cosas nuevas que descubre en ella.

Si algún lector se suma a la iniciativa, bienvenido sea, no importa que no siga el mismo esquema o no llene todas las letras, que ya harto cuesta encontrar algo que represente a la Ñ, la K o la Y. Lo que sí interesa es poder compartir estas ciudades personales, ejercicio que desde ya recomiendo vivamente a quienes se adentren en este pequeño listado de 27 cosas que definen el DF que amo y que odio, que me cansa y me sorprende, y que nunca me falla a la hora de brindarme inspiración para pensar e imaginar.

Ambulantes. Imaginarse las calles de la ciudad de México sin ambulantes es imaginarse a otra ciudad, así de simple. Explicarlos como un resultado exclusivo de la pobreza y el desempleo cada vez convence menos, sobre todo teniendo en cuenta la magnitud, estabilidad y alto grado de penetración de una industria que de informal cada vez tiene menos.

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Basura. Lo primero que llama la atención al visitante de la ciudad es la suciedad que invade todos sus rincones. Después de recorrer otros lugares del país he llegado a la convicción que el problema no es el mexicano, sino el chilango, que siempre supone que alguien va a recoger lo que él con toda naturalidad bota en la calle. El prehistórico sistema de recolección y acopio de residuos también pone su parte para crear un ambiente que siempre pareciera estar al borde del colapso ambiental.

Congestión. Más que un tema de tránsito, la congestión es una manera de vida en la ciudad de México, un fenómeno que ha creado a una raza de seres neuróticos y resignados al mismo tiempo, la causa de que los relojes sólo se ocupen como adorno y que durante buena parte de su vida el chilango deba comportarse en un ambiente donde todo se rige por la ley del caos.

Diablitos. Si el servicio que presta Luz y Fuerza del Centro puede ser comparado al del Seguro Social de Haití o al de la empresa de Correos de Somalia se debe en gran parte al robo masivo de electricidad, hecho que se hace a vista y paciencia de todo el mundo y que se materializa a través de los diablitos, a esta alturas del partido un clásico del paisaje urbano de la capital.

Erektil. Producto estrella de las farmacias alternativas que hacen nata en las estaciones de Metro, tianguis y barrios como Tepito y La Merced, promete resultados inmediatos y duraderos que dejan al Viagra a la altura de un Pulparindo. Quedarse pegado viendo los anuncios de medicinas milagrosas gracias al poder de la raspadura de uña de la gran bestia o de las genuinas lágrimas de ajolote virgen es una actividad que jamás me dejará con gusto a poco.

Fierros. Asomados en los techos de las casas, nos indican que la mayoría de éstas nunca están terminadas en su totalidad, y que si tienen un segundo piso es para poder llegar pronto al tercero, que se construirá una vez que haya algo de lana y así de paso dejar todo listo para que se levante el cuarto sobre él. La arquitectura informal de la ciudad siempre depara más de alguna sorpresa para el que quiera observarla con detención, quien se encontrará más seguido de lo que piensa con maravillosas construcciones que no tienen nada que envidiarle a los cuadros imposibles de Escher.

Guaruras. Son tantos que uno juraría que el DF está lleno de personas importantes. Son una postal de la inseguridad pero también de la ostentación, porque al parecer en la capital no se es nadie si alguno de estos personajes no lo acompaña a uno a todos lados.

Hummer. El automóvil favorito de la maestra Gordillo encontró en el DF un nicho de mercado que nadie sospechaba, y es que pocas veces se ha visto un vehículo tan disfuncional a las necesidades de una ciudad. Símbolo de la teología del coche, su presencia en las calles no es más que el fiel reflejo de una urbe concebida por y para los automovilistas, donde los peatones no son más que un buen estorbo.

Insurgentes. Más que pasear en Turibús, los turistas debieran pagar los 5 pesos que cuesta el pasaje de la línea 1 del Metrobús y recorrer la totalidad de Insurgentes de norte a sur, la mejor manera de tener en una hora y media un completo scanner de una ciudad pródiga en grandezas y miserias.

Jacarandas. Florecieron y es como si las viejas calles hubieran sido cambiadas por otras mucho más alegres. Ellos solos constituyen una buena razón para salir a caminar cada día y descubrir los nuevos colores que la ciudad regala a sus habitantes.

Kioscos. Guardo viva en mi memoria la primera vez que vi una portada de La Prensa: se mostraba con todo lujo de detalles el cuerpo desfigurado de un conductor atrapado entre los fierros retorcidos de su camión recientemente estrellado. El tiempo me demostraría que la portada podría ser calificada como suave dentro de los cánones de la prensa nacional. Como en ninguna otra parte del mundo, cuerpos degollados, descuartizados, incinerados, aplastados, triturados, desmembrados o devorados se muestran sin ninguna clase de pudor ante un público que al parecer hace rato perdió la capacidad de asombro.

Luz roja. Elemento decorativo para la mayoría de los automovilistas de la capital, al igual que los pasos de cebra y las bajadas para discapacitados.

Metrobús. Lo mejor que le ha pasado a la ciudad en décadas, reafirma la creencia de que no todo está perdido en el DF, y que con esfuerzo y un poco de voluntad se pueden ofrecer soluciones de alta calidad que mejoran de manera sustancial la calidad de vida de millones de capitalinos.

Negro Casas. Lo vi pelear una vez en la Arena Coliseo y de inmediato me convertí en su seguidor. Verlo dándose costalazos a los 48 años sencillamente emociona, demostrando de paso que la lucha libre en México es mucho más que un espectáculo, un deporte o una entretención dominguera: es un rito que por un momento nos devuelve al niño que todos llevamos dentro y que quiere verse reflejado y representado en seres fantásticos que sólo un pueblo de imaginación desbordante y colorida pudo haber creado.

El autor junto a Black Diamond (es el de la izquierda). Negro Casas se fue temprano esa tarde.

El autor junto a Black Diamond (es el de la izquierda). Negro Casas se fue temprano esa tarde.

Ñoño. Personaje que junto a Quico, Don Ramón, el Profesor Jirafales y tantos otros se convirtió en la carta de presentación de la ciudad de México en el resto del mundo. Pocas veces un programa de televisión ha mostrado de manera tan certera una realidad, la de la pobreza y la soledad urbana, de una manera tan humana y tan cercana, haciendo que un pequeño chilango habitara dentro de una generación de latinoamericanos que hizo propias las miserias y esperanzas de una vecindad que es tan mexicana como universal.

Organilleros. Con toda seguridad el DF debe tener la mayor cantidad de organilleros por hectárea del mundo. Más cercanos a la mendicidad que al arte, los hombres de traje beige se diferencian de sus colegas internacionales en que aquí laboran en verdaderas cooperativas donde uno da vueltas a la manivela mientras sus dos, tres y hasta cuatro ayudantes pasan el sombrero en un radio que muchas veces excede en varios metros el alcance sonoro de sus instrumentos.

Imagen: lalodemon, vía Flickr

Imagen: lalodemon, vía Flickr

Policías. Por lejos lo peor de la ciudad. Su bien ganada y mundialmente célebre mala fama se advierte de sólo mirarlos: mal vestidos, desarreglados, es común verlos fumando, comiendo unos tacos, o consultando películas piratas, actividades que denotan cualquier cosa menos concentración en su trabajo. Por algo la prudencia y las guías internacionales recomiendan mantenerse lejos de ellos, incluso cuando se es víctima de algún delito.

Quesadillas. No sólo son sabrosas y económicas, sino que constituyen una buena excusa para que los ciudadanos se conozcan y compartan en los improvisados changarritos que aparecen cada noche en las colonias de la ciudad. ¿Mi favorita? La de sesos, sin duda.

Rejas. No es necesario leer la prensa para entender que la delincuencia es un tema de primer orden en la ciudad. Basta ver las rejas, alambradas, cercos electrificados y vidrios quebrados que coronan los altos muros de las casas en la capital. Fortalezas de la paranoia, las viviendas del DF de a poco se han convertido en verdaderas cárceles para sus habitantes, a quienes más que estar seguros les importa sentirse seguros, diferencia sutil que ha tenido nefastas consecuencias en el paisaje urbano.

Segundo Piso. La más grande de las aberraciones construidas en la ciudad en muchas décadas, constituye el hazmerreír de la comunidad internacional de planificadores, ingenieros y urbanistas, quienes juraban que esta solución había quedado enterrada en el mundo hace muchos años atrás. Nacido para quedar rápidamente obsoleto, promueve el uso masivo del automóvil en una ciudad donde sencillamente ya no hay espacio para éste, segregando de paso el territorio y estableciendo barreras físicas y visuales que tomarán muchos años y millones de inversión en ser removidas.

Tortas. Por sí solas constituyen una buena razón para quedarse a vivir en México. Las de El Convento en San Ángel me siguen pareciendo las mejores que he probado, especialmente la de chorizo y la de pierna, que son sencillamente insuperables. Tan sólo ver cómo se mezclan los jugos y sabores en la plancha del maestro tortero es una experiencia incomparable, especialmente cuando se sabe que el pan de uno será untado con esa mixtura de caldos que produce un sabor como pocos hay en este mundo.

UNAM. Ir a C.U. es un placer orgiástico para cualquier persona amante de la arquitectura y el arte moderno, quien puede pasar horas perdiéndose gozosamente entre sus edificios, sabiendo que siempre encontrará algo que le llame la atención. ¿Mi obra favorita? El estadio, sin duda, que sólo necesita de un mejor equipo que juegue en sus pastos para lucir con mayor dignidad.

Vochotaxis. Sí, es cierto que son ruidosos, contaminantes, y que sus choferes muchas veces tienen intenciones que van más allá de llevarlo a uno al lugar de destino. También es cierto que el pasajero debe desarrollar una serie de habilidades para distinguir los legales de las diez mil unidades pirata que circulan en la ciudad y cuyo uso supone un riesgo extra del que nadie se hace responsable, a pesar que la mayoría de los ilegales son fácilmente identificables. No importa, yo igual los declararía monumento de la ciudad y los protegería de su desaparición, que el DF no sería el mismo sin su sonora y humeante presencia en las calles.

Imagen: bdebaca, vía Flickr

Imagen: bdebaca, vía Flickr

WalMart. A pesar de estar en todas partes, a pesar de sus precios bajos y sus marcas propias, a pesar de la gran variedad de productos que ofrecen sus pasillos, la cadena de supermercados más grande del mundo todavía no ha sido capaz de hacer desaparecer los colores, sabores y olores de tianguis y mercados, algo que nunca dejo de agradecer.

Xochimilco. Cada vez es más difícil ver los atributos que hicieron que este lugar fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aguas y suelos contaminados, una agricultura moribunda, canales encharcados y asentamientos irregulares por doquier se conjugan para hacer desaparecer un modelo de ocupar y vivir el territorio único e irrepetible. Una lástima.

Yosgart Gutiérrez. Ataja (o mejor dicho juega al arco) en el Cruz Azul, donde se ha hecho famoso no tanto por sus habilidades sino por su trabajado peinado logrado con la ayuda de litros de gel, producto que en México desata tanta o más pasión como el fútbol.

Zócalo. Tiene todo para ser la mejor plaza del mundo, pero la dejación y falta de imaginación y visión de las autoridades lo tienen convertido en un paisaje inhóspito, carente de interés, donde siempre hay espacio para baños químicos, pistas de hielo, carpas y plantones, pero donde es imposible encontrar el más mínimo rastro de diseño urbano de calidad.

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7 Comentarios en Abecedario personal del DF

  1. Un errorcito: en México los kioscos no son los puestos de periódicos sino los que se encuentran en las plazas de los pueblos de provincia (y en algunas plazas chilangas que antes eran pueblos) para las -ahora inexistentes- bandas de musica. No sé me ocurre algo bueno para la K. Voy a pensarlo.

    • Rodrigo Díaz // 22 marzo 2009 en 11:49 am // Responder

      Tienes toda la razón, ya he sido corregido por varias personas.
      Es que sigo pensando en chileno, donde los puestos de periódicos se llaman kioscos de diarios. Por otro lado, encontrar algo para la entrada K fue algo tremendamente difícil, así que se me podrá perdonar por esta vez.

  2. Ambulantes: Los ambulantes existen en México desde antes que llegaran los epañoles. El tiánguis y los puestos callejeros son una tradición milenaria, es cuestión de ir al museo de antropoligía para descubrir maquetas de Tenochtitlan con calles llenas de puestos callejeros.

  3. ¡Pàaaasele marchantaaaaa!

    • Rodrigo Díaz // 22 marzo 2009 en 11:52 am // Responder

      Tienes toda la razón, pero no sé por qué me queda la impresión que el autor del dibujo le puso bastante de su cosecha.

  4. Yo estoy de acuerdo con la K.
    Es verdad que la referencia básica de “kiosco” o “quiosco” es el pabellón de las plazas municipales. Pero me parece que el uso de “kiosco de periódicos”, por ejemplo, es extendido en México. Yo me acuerdo que hace unos 4 años (en mis tiempos de empresario) que las plazas comerciales rentaban el kiosco por metro cuadrado. A parte, ahora estoy leyendo un correo electrónico que recibí ayer de un amigo que me dice que quiere empezar a distribuir en “kioscos de revistas”.

    En todo caso, recordemos que el uso de muchas de estas palabras es generacional.

    Esta es lo que se encuentra en el diccionario de la REA:
    quiosco.
    (Del fr. kiosque, este del turco köşk, este del persa košk, y este del pelvi kōšk, pabellón).
    1. m. Templete o pabellón en parques o jardines, generalmente abierto por todos sus lados, que entre otros usos ha servido tradicionalmente para celebrar conciertos populares.
    2. m. Construcción pequeña que se instala en la calle u otro lugar público para vender en ella periódicos, flores, etc.

  5. ¡Ya lo tengo! El Km. 0. Que como es chilango no esta donde deberia estar o más bien, ha estado en muchos lados. Ver aquí:

    http://www.centrohistorico.df.gob.mx/publicacion/numero4/en_busca_km0.pdf

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