De lo nulo de votar nulo

Veo a algunos amigos demasiado preocupados acerca de la actitud que deben adoptar en los comicios del próximo 5 de julio. La disyuntiva que les devana la cabeza y corazón es si deben anular o no su voto ante la paupérrima oferta de ideas, propuestas y candidatos propuestos por el mundillo político local. Como ya muchos sabrán, en mi calidad de extranjero no voto, así que puedo dormir bastante más tranquilo que mis amistades, sin tener que recurrir a pensamientos muy profundos para tener que justificar mi conducta cívica.

Imagen: Anarchitect, vía Flickr

Imagen: Anarchitect, vía Flickr

En todo caso, debo decir que el tema no me es ajeno en absoluto. Con toda seguridad he ido más veces a las urnas que la mayoría de mis lectores, y no pocas veces he sentido náuseas a la hora de emitir mi sufragio. Por otro lado, soy amigo y hermano de ilustres y refinadores anuladores, tipos que hace rato dejaron de preguntarse por la utilidad de su actitud y que ahora la repiten más por costumbre que por un deseo visceral de comunicar descontento, aburrimiento o lo que sea. Sin embargo, y a pesar de lo anteriormente dicho, debo decir que jamás me he atrevido a cruzar la línea que separa a los votos válidamente emitidos de los que no lo son. En otras palabras, siempre alguien ha podido contar con mi humilde sufragio, sin que él o ella tenga la menor idea si lo deposité con alegría, convencimiento, asco o resignación, misterio que al candidato de turno seguramente le importó un buen pepino.

Motivos para anular hay de sobra. En este sentido, tiene razón Andrés Lajous cuando señala que “el llamado al voto nulo no debe asustar a nadie. Es un paso para reconocer que buena  parte de los problemas del país se debe a cómo nos representan quienes se supone que lo hacen.  Incluso es motivo de celebración para quienes creemos en las instituciones electorales de nuestra democracia. El llamado representa el interés de ciudadanas y ciudadanos por comunicarse con el resto a través del voto, aunque no se sientan representados por ningún partido. No hay mejor forma de mandar el mensaje: “Creo en la democracia y en las elecciones, pero no creo en ninguno de los que hoy quieren ser nuestros representantes“. El argumento se lo he escuchado a varios promotores de la anulación electoral pero todavía no me convence del todo, y no porque sea malo, sino porque he llegado a la conclusión el propósito primordial de las elecciones, y valga la redundancia, es el de elegir a nuestros representantes, y no el de mandar mensajes, que para eso hay otras vías harto más efectivas.

Siempre me ha llamado la atención la ferviente convicción con que quienes llaman a anular difunden su mensaje, como si el futuro de la humanidad se jugara en su solitaria decisión. Y es que lo suyo más que un voto es un mensaje, un grito de protesta, algo que viene de las entrañas, y que si son miles los que se suman será imposible no escucharlo. ¿Es así? Los porfiados hechos nos dicen que la clase política en México, Chile y Nepal no se hace mayores problemas para taparse los oídos ante este clamor ciudadano, que mal que mal los votos por los cuales vale la pena pelearse son los otros. Por otro lado, es bueno recordar que el voto nulo puede ser interpretado de mil maneras que van desde la furiosa protesta hasta la ignorancia supina, pudiendo ser reflejo de un pueblo cívicamente muy maduro o de un país que padece de una democracia famélica basada en un electorado indolente e irreflexivo. ¿Qué lectura debe hacerse? ¿Por qué todos los votos nulos deben contarse como una crítica al sistema de mentes bienpensantes cuando muchos de ellos no son más que fruto de personas a las cuales su país o su ciudad les dan les importan un carajo? La experiencia mundial dice que la clase política ni siquiera se toma la molestia de pensar en las respuestas a estas interrogantes, que el tiempo y el esfuerzo sólo vale la pena gastarlos en aquellos cuyos votos verdaderamente valen. El próximo 5 de julio podrá haber un 90 por ciento de votos nulos, y sin embargo los políticos sólo escucharán y atenderán al restante 10 por ciento de los mexicanos, si ellos son finalmente los que deciden y porque en política es plenamente válido aquello de que más vale pájaro en mano que cien volando.

Hasta el día de hoy no he tenido noticia de ninguna elección que haya tenido que repetirse o declararse no válida por la acción mayoritaria de los votos nulos, que al final siempre alguien tiene que asumir, y en un escenario así yo prefiero aportar mi esfuerzo para que ese ganador sea al menos la menos mala de las alternativas. Tal como en las preguntas que cautivan a los niños, en la vida a veces no nos queda más remedio que decidir entre comer un flan de vómito o una torta de caca, y en una disyuntiva así prefiero ser yo y no otros los que elijan por mí. Si yo anulo mi voto estoy dejando la puerta abierta a que otros decidan en mi lugar, y eso particularmente a mí no me gusta.

¿Qué hacer entonces? Quizás lo mejor sea tomar un buen trago de Kaopectate, Kaomycin o cualquier otro medicamento que afirme el estómago en la mañana del día de la elección, analizar concienzudamente cada una de las alternativas expresadas en el voto, y si ni una nos convence colocar el lápiz sobre aquella menos mal, para posteriormente hacer una raya mirando hacia otro lado, depositar el voto en la urna y salir del local de votación lo más rápido posible que así las cosas se olvidan más rápido. No es un consejo que me enorgullezca dar, pero creo que da mayor peso a la labor cívica posterior, que es tanto o más importante que el voto, que es fiscalizar de cerca a los ganadores, porque si hay algo que otorga la decisión de no anular es el más amplio de los derechos para estar encima de nuestras autoridades y exigirles que cumplan con su deber. Tenerlos cortitos diríamos en Chile.

Palabras al cierre

Vaya a saber uno qué insondable trastorno político-sexual sufre la población de mi país que une indisolublemente el acto de anular el voto con el de dibujar genitales masculinos en él. Esta tradición, tan antigua como la democracia chilena, se transmite de una generación a otra de anuladores, que han descubierto en las formas fálicas la mejor manera de expresar su rechazo al sistema político y sus representantes. Se ha sabido de personas que han tomado clases de dibujo con este único propósito, no siendo raro encontrar en los recuentos verdaderas obras maestras del desnudo masculino (más bien una parte de él). Otros con menos dotes artísticas se limitan a grafías más simples, como la vieja y socorrida firma de Walt Disney o la no menos tradicional frase de “pico pa’l que lee” (pene para el lector) cruzando de lado a lado el sufragio.

¿De dónde vendrá tan extraña costumbre? Hoy bautizada bajo el nombre de “anula con la tula”, ha sido motivo hasta de canciones y concursos, como el organizado por el pasquín The Clinic las pasadas elecciones municipales de octubre de 2008 y que premió a los mejores exponentes de una práctica que está más viva que nunca. Y es que si uno va a anular el voto, siempre va a ser mejor hacerlo con clase o al menos picardía. 

8 Comentarios en De lo nulo de votar nulo

  1. Lo que si me intriga es de donde sacaron la palabra “tula”.

  2. ¿dejar que otros decidan por mi? JA JA JA eso lo vienen haciendo en México desde que el P.R.I. se vovlió partido de estado, y ahora, el cambio, tenemos un P.R.I. pero de color azul, nosotros no tenemos como ciudadanos ningun poder para exigir ni nada, el candidato promete, y ya que votamos por el, ¿como lo obligamos a que cumpla lo prometido? PROMETER HASTA METER, Y YA METIDO, ¡TENGAN LO PROMETIDO!! exigir?? pues si NI NOS VEN NI NOS OYEN, esa es la realidad, nuestro voto ayuda a esos oportunistas a conseguir un hueso (cargo publico muy bien remunerado) y en vez de servir AL pais, se sirven DEL pais, no lo digo yo, lo dicen los hechos, la realidad, y lo mejor de todo, NOS SUBEN LOS IMPUESTOS mientras ellos SE SUBEN LOS SUELDOS, y al amparo de sus cargos y puestos, se dedican a hacer negocios privados, eso y mas sucede cuando tu, amigo ciudadano, emites tu voto!!!

    • De acuerdisimo DarkLord en México si nos importa un pepino elegir con el voto sabemos que no es real, ni aun ganado el candidato se queda se queda el que los del norte diga, el que compro las elecciones y el que tiene claro en se gasta más en elecciones en México que en Salud y educación

  3. Comer Caca o Vómito? Precisamente es lo que quiero heredar a mis hijos, el poder de decir NO!, no como ni una ni otra, y eso es lo que haces al ANULAR TU VOTO, no convertirte en comparsa ni patiño de estas gentes, no pecar agarrando la pata de la vaca; básicamente se trata de deslegitimizar (ojalá y exista la palabra, y de ser así, que esté bien escrita, si no perdón) a estos políticos chafas y ratas. -pasión pero con respeto, saludos…

  4. Rodrigo: Hacía tiempo que no leía un post tan estúpido y banal como el tuyo. ¿Acaso no pones tú mismo un énfasis y una energía inusitados en argumentar que sí hay que votar, que sí hay que hacer el juego al sistema? ¿No te sientes una ovejita más, contribuyendo con tu triste lugar común a un rebaño que carece de conciencia de sí mismo, de sus derechos, de su fuerza?

    Es necesario que reflexiones tú también, Rodrigo.

  5. Antes que nada Rodrigo entiendo perfectamente que esto es cosa de opiniones, aunque parezca una banalidad decirlo.

    Y con tu opinión y la mía podemos seguir con tu discurso en este sentido: “Entre comer un flan de vómito o una torta de caca”, según como tú lo dices, parece que se te olvidó una tercera opción que la “vida” también ofrece: no comer nada.

    La tres opciones más temprano que tarde de cualquier forma mata al que tiene que elegir. Entonces el problema no estaría en el que elige sino en aquel que pone las opciones. Al buen entendedor pocas palabras.

    Y algo que percibo en tu post y con el que estaría de acuerdo: votar, abstenerse, anular el voto o patalear tiene el mismo resultado en nuestros políticos. Pero a pesar de eso, es mi opinión, tendré la plena seguridad de que hubo en esfuerzo ciudadano (si tu quieres limitado, disperso, sin cohesión social) que buscó en una especie de callejón sin salida dar la vuelta y no topar con la misma pared. ¿De qué servirá? No lo sé; pero cuando menos no aceptamos ni vómito, ni caca, ni nada. Y lo podremos contar con orgullo.

    Saludo Rodrigo.

    p.d. El comentario de arriba es mi tocayo.

  6. chkte la propuesta del psd contra el voto nulo:
    http://www.psd.org.mx/noteanules.html

  7. Algun dia la gente se dara cuenta que los partidos solo ven por sus propios intereses y no por los de la gente, de ahi salen sus enoooormes sueldoss y aguinaldos exagerados, al menos anulando el voto se puede entender que la gente que lo anula es porque esta inconforme, que a lo largo de los gobiernos de estos partidos ninguno a cumplido, y que les falta musho por hacer para que la gente cree en ellos, yo no creo, y dudo musho en que pueda creer.
    Yo apoyo la ANULACION DEL VOTO y no lo anulare porque me lo digan o me lo pidan… lo anulare porque soy realista.

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