Muchos automóviles para pocos viajes

La información sobre movilidad en la ciudad de México aparecida en The Endless City me sigue dando vueltas en la cabeza. Resulta que de las 12 ciudades analizadas la capital mexicana es la que ocupa el segundo lugar en lo que respecta a tenencia de automóviles con la nada despreciable cifra de 383 unidades por cada 1,000 habitantes, siendo superada sólo por Buenos Aires, que registra la aparatosa suma de 429 por la misma cantidad de individuos. En otras palabras, y teniendo en cuenta que el tamaño promedio de una familia en el Distrito Federal es de alrededor de 3.8 integrantes, perfectamente podría decirse que en una distribución equitativa del parque vehicular capitalino a cada familia le correspondería al menos un automóvil.

Tenencia y densidad de automóviles en ciudades seleccionadas. Fuente: The Urban Age Project

Tenencia y densidad de automóviles en ciudades seleccionadas. La densidad se refiere a la cantidad de coches por kilómetro cuadrado. Fuente: The Urban Age Project

Sin embargo, una segunda gráfica publicada en el mismo libro nos muestra que toda esta inmensa masa de coches particulares contribuye a un miserable 16% del total de viajes realizados a diario en la capital, o si se quiere de otra manera, el restante 84% de la población no sólo debe resignarse a usar un transporte público que la mayor parte de las veces es incómodo, inseguro y caluroso, sino que además debe sufrir un tránsito a ritmo de bolero causado principalmente por una minoría que se mueve en sus vehículos particulares.

Distribución de modos de transporte en la ciudad de México. Fuente: The Urban Age Project

Distribución de medios de transporte en la ciudad de México. Fuente: The Urban Age Project

¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Como no tengo todos los detalles estadísticos a la mano (y como la encuesta origen destino del año 2007 realizada en la Zona Metropolitana del Valle de México no está disponible de manera gratuita en internet), me aventuro con cinco razones para explicar un fenómeno que a primera vista pareciera no tener mucho sentido.

  1. Los datos presentados son erróneos y el número de coches en la capital es menor o la cantidad de viajes que se realiza en ellos es mucho mayor, y por lo tanto todo lo que escribí con anterioridad no tiene ningún sentido, que por más serias que parezcan las fuentes consultadas, nunca hay que descartar esta opción. De hecho, lo poco que sé de la encuesta origen destino del 2007 y que está disponible en la prensa señala que de los casi 22 millones de viajes que se realizan a diario en la Zona Metropolitana del Valle de México, casi un tercio se realiza en automóvil, pero no dispongo del desglose entre DF y Estado de México. Por lo demás, un tercio sigue siendo una proporción baja de viajes comparada con el total de automóviles disponibles.
  2. Los automóviles están concentrados en muy pocas familias, donde hasta el gato y el canario disponen de un vehículo propio para movilizarse. Las espaciosas cocheras de las casas ubicadas en barrios pudientes parecen dar la razón a este argumento, que resulta claro resultó favorecido por la implementación del programa Hoy No Circula, medida bien intencionada pero que se tradujo en la compra masiva de segundos y terceros vehículos por parte de individuos que no estaban dispuestos a rebajarse a usar el transporte público un día a la semana y que poseían los medios económicos para darse un gusto así.
  3. La cifra de 383 vehículos por cada 1,000 habitantes considera a muchas carcachas que hace un buen rato sólo sirven de morada a ratones y de lienzo a grafiteros. Donde vivo hay por lo menos tres de estas chatarras en un radio no superior a los 100 metros, y tengo bastante claro que mi barrio no es una excepción en la ciudad. ¿Cuántos miles son los automóviles abandonados en nuestras calles? ¿Qué se espera para convertirlos en chatarra y así liberar el espacio que inútilmente ocupan en la actualidad?
  4. En la ciudad de México se hace un uso tremendamente ineficiente del automóvil, lo que puede apreciarse a simple vista cuando se observa la inmensa cantidad de coches que llevan un solo ocupante en su interior. Si la gente compartiera más su automóvil, turnándose su uso con compañeros de trabajo o estudio que hacen recorridos similares, el problema de la congestión vehicular disminuiría radicalmente, evitándose miles de horas perdidas estúpidamente en el tráfico, a la vez que no habría justificación alguna para el derroche inútil de recursos en megaobras de infraestructura de rápida obsolescencia como los segundos pisos.
  5. Todas las razones anteriormente enunciadas.

¿Alguien tiene otra explicación? Si es así que por favor la haga llegar, que el tema me tiene sumamente intrigado.

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