Peel P50, el papá del Smart

En mi modesta opinión la gran gracia del Smart no es tanto lo bajo de su consumo, lo sustentable de su diseño o materiales o la facilidad para estacionarlo en una ciudad donde los espacios para aparcar son un bien en extremo escaso, sino el haber logrado el milagro de hacer de un automóvil extremadamente pequeño una máquina sumamente cool, con la cual aparte de contribuir a la descongestión se puede llegar más que ufanamente a una primera cita o a un partido de polo. Contrariamente a lo que alguien pudiera suponer, sus conductores no son ecologistas ortodoxos (que por lo general no tienen el dinero para comprarlo) ni amantes de lo ambientalmente correcto, sino personajes de buen pasar que un buen día descubrieron que era mucho más cómodo y bien visto conducir uno de estos pequeños aparatos que un gigante SUV que ahora sólo dejan para ir a Valle de Bravo los fines de semana.

Peel

Nada que criticar a esta decisión, que cualesquiera hayan sido los motivos para la compra de este vehículo, su impacto negativo en la ciudad es muchísimo menor que el de cualquier otro coche actualmente en circulación. Sin embargo, el Smart está bastante lejos de ser considerado el automóvil en serie más pequeño del mundo, honor que tampoco le corresponde al viejo y querido Isetta o al futurista Messerschmitt KR200, sino al más desconocido pero no por ello menos sorprendente Peel P50, automóvil producido en la Isla de Man entre los años 1962 y 1965 y que hasta el día de hoy ostenta el record de ser el más diminuto jamás salido de una planta automotriz. Sus características son de no creer: motor de 49 cc. localizado bajo el único asiento del coche y que alcanza los 61 kilómetros por hora, un solo faro delantero, tres ruedas de las cuales la única que tracciona es la de atrás, caja de tres cambios sin marcha atrás (para retroceder hay que bajarse y empujarlo, cosa que puede hacer cualquier persona capaz de levantar un perro de tamaño mediano), y espacio interior suficiente para una persona no muy grande y una bolsa de supermercado tampoco muy grande. Y sin embargo logró la licencia para ser producido comercialmente, cosa que se hizo pero a pequeña escala y por poco tiempo, puesto que dejando de lado sus atributos como su bajo precio, el hecho de ser tremendamente fácil de estacionar, o que su rendimiento alcanzaba a más de 40 kilómetros por litro, el Peel también ofrecía una serie de desventajas que se ven a simple vista: horriblemente incómodo, lento, ruidoso, pero sobre todo el ser considerado un modo de transporte poco serio, que cuando salía a la calle inmediatamente se convertía en el foco de burlas de los transeúntes y del resto de los automovilistas. Si a eso sumamos que era absolutamente inútil para cualquier tipo de citas, se entiende que su producción no haya pasado más allá de lo anecdótico.

Hoy lo rescato porque su construcción no fue del todo inútil, y porque quizás el futuro del automóvil en ciudades altamente congestionadas vaya por una línea intermedia que mezcle el precio y la simpleza del Peel con la comodidad del Smart, que muy ecológico será, pero sigue siendo un gusto que sólo unos pocos pueden darse.

Para finalizar, los dejo con un video que recomiendo entusiastamente, no importando que dominen o no el inglés, que las desopilantes imágenes hablan por sí solas.

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