Sobre los gastos extraordinarios y la línea 12 del Metro

El Big Dig, aquel prodigio de la ingeniería moderna que logró hacer un túnel que cruzara la ciudad de Boston, adentrándose incluso en el mar, sin que la carretera que iba inmediatamente sobre él viera interrumpido su uso ni un solo día tuvo un costo final aproximado de 14.8 mil millones de dólares, que constituyen nada menos que un 146% por sobre los 6 mil millones originalmente contemplados.linea12b

Otra maravilla de la ingeniería, el aeropuerto de Kansai en Osaka, costó la friolera de 20 mil millones de dólares, de los cuales alrededor de un 40% corresponden a gastos extraordinarios producidos en su mayoría por las medidas tendientes a contrarrestar el progresivo hundimiento de la isla artificial donde se levanta el gigantesco terminal aéreo proyectado por Renzo Piano. Cosa parecida sucedió con el Eurotúnel que conecta Inglaterra con Francia, cuyo costo de construcción se calcula que excedió en un 80% el presupuesto original, y que al igual que el aeropuerto japonés sigue dando números rojos varios años después de su inauguración.

Yendo a una escala un poco más pequeña, los proyectos de Frank Lloyd Wright eran famosos no sólo por su elegancia, atrevimiento y prolijidad en los detalles, sino además por el hecho que indefectiblemente se salían varias veces de su presupuesto, situación que llevó a decir a uno de sus atribulados clientes que en los encargos de Wright era finalmente el mandante quien terminaba trabajando para el arquitecto.

Los gastos extraordinarios son tan viejos como la historia de la arquitectura o la ingeniería, y ni siquiera los más sofisticados avances tecnológicos han podido evitarlos, porque sencillamente todavía no se pueden calcular de manera anticipada todos los imprevistos que afectarán una obra, que los porfiados hechos siguen esforzándose en sacar canas verdes a quienes están detrás de proyectos que se rehúsan a ceñirse a la más detallista de las planificaciones. Si hasta obras menores como una vivienda unifamiliar generalmente asignan algún porcentaje del presupuesto a imprevistos, porque nunca falta la roca donde se supone había tierra blanda, el sitio paleontológico que obliga a detener una obra durante meses para desenterrar un mamut, o la narcofosa que no fue detectada por la mecánica de suelos y que hace que todo el cronograma de actividades elaborado meticulosamente por los señores ingenieros se vaya al buen carajo.

En todas partes se cuecen habas

Si se equivocaron rotundamente en Boston, Osaka, París y Londres, perfectamente se pudo haber fallado en los cálculos en la ciudad de México, y eso mismo es lo que informó El Universal el pasado lunes 1 de junio al señalar que algunos pequeños ajustes habían causado que el costo de construcción de la futura Línea 12  del Metro, la Dorada, la del Bicentenario, hubiera subido en unos 2 mil 300 millones de pesos, un 13% más de los 17 mil 583 millones originalmente considerados. Según el director del proyecto del Metro de la Secretaría de Obras del Distrito Federal, Enrique Horcasitas, la justificación de este incremento se debería a que el convenio firmado con el consorcio constructor que integran ICA, Alstom y Gicsa no contempla partidas adicionales como supervisión, estudios y obras complementarias que se contrataron a otras empresas, así de simple. Como era de esperarse, los comentarios de los lectores del periódico no fueron muy comprensivos hacia las razones esgrimidas por el funcionario capitalino, apuntando de inmediato los dedos acusadores hacia el Jefe de Gobierno del DF, su antecesor, los empresarios que se adjudicaron la obra y cualquier persona que tuviera remota relación con la misma, que 2 mil 300 millones de pesos siguen siendo 2 mil 300 millones de pesos, dinero suficiente como para hacer un montón de cosas en la ciudad, entre ellas unas 5 líneas nuevas de Metrobús, que tanto hacen falta. En lo personal ya tenía escrito un artículo bastante sabroso sobre el asunto, en el cual me permitía elucubrar sobre el destino de esos fondos y la justificación para asignarlos, que no había que ser muy ocurrente para armar unas cuantas líneas que encendieran la pasión de los pocos pero fieles lectores de este humilde espacio.

Sin embargo, y justo cuando ya estaba prácticamente listo para subir el contenido a la red, quise recabar un par de antecedentes que consideré que me faltaban para hacer más contundente el escrito, y allí me topé con una nota publicada por la prensa nacional el 22 de mayo de 2008, en la que Marcelo Ebrard declaraba que el costo de la mencionada línea se había disparado en un 40% hasta llegar a casi 20 mil millones de pesos, que es más o menos la suma de los 17 mil 583 millones licitados más los 2 mil 300 millones por los que armó todo el escándalo El Universal. En otras palabras, el gasto extra informado el pasado lunes se enmarca perfectamente dentro de los costos comunicados públicamente hace un año atrás, o dicho de otra manera, el costo extra fue anunciado con un año de anticipación sin que nadie dijera nada en todo este período. Si había que investigar algo, eso se tuvo que haber hecho hace 12 meses, cuando el costo del proyecto subió de 13 mil 500 millones de pesos a los 20 mil millones anteriormente mencionados, pero si durante todo este tiempo nadie abrió la boca es porque quizás las cosas están en orden, aunque a muchos les cueste aceptarlo. Con esto no estoy asegurando que la totalidad del proceso de construcción sea cristalina ni poniendo las manos al fuego por la honestidad de la gente del GDF, que eso son palabras mayores; sólo me limito a decir que una investigación un poco más acuciosa por parte del periodista que firma la nota hubiera evitado poner un nuevo manto de duda en la ejecución de obras que por su naturaleza y cuantía siempre serán miradas con sospecha por gran parte de la población.

Por eso mismo, y aunque no haya nada anormal, las autoridades deben entender que en este tipo de proyectos resulta primordial establecer desde un comienzo canales de comunicación fluidos y transparentes con la ciudadanía que ayuden a eliminar de raíz manchas molestas que afectan a obras que suponen un gran progreso en la infraestructura de transporte público en la ciudad. 20 mil millones de pesos de inversión es una cantidad demasiado alta como para tomarse a la ligera el tema comunicacional, porque cuando se ejecutan obras de esta cuantía no basta ser transparente; además hay que parecerlo.

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2 Comentarios en Sobre los gastos extraordinarios y la línea 12 del Metro

  1. LUIS RODOLFO VAZQUEZ AYALA // 9 noviembre 2009 en 11:33 am // Responder

    ME GUSTARIA TAMBIEN QUE HICIERAN UNA LINEA DEL METRO QUE CORRA DEL METRO CIUDAD AZTECA A LA COLONIA JARDINES DE MORELOS SECCION PLAYAS EN ECATEPEC

  2. al parecer si me escucharon porque hace poco inauguraron el mexibus que casualmente sale del metro cd azteca y llega a ojo de agua en tecamac, pero curiosamente pasa por jardines de morelos. entonces los credtos por la obra del mexibus son mios,no sean cabrones pinches encajosos. jajajajajaja!!!!!!

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