Vivienda en Chile: continuidad es el secreto

Las frías estadísticas señalan que menos del 1 por ciento de la población chilena vive en asentamientos irregulares, que a nivel urbano la dotación de agua potable y alcantarillado domiciliario es de prácticamente el 100 por ciento, que la irregularidad en la tenencia de la vivienda es algo cada vez más raro, y que a pesar de todas las críticas – válidas por cierto – que se pueden hacer (que las casas son chicas, que son feas, que están lejos, que no tienen árboles), resulta imposible no reconocer que en materia de vivienda mi país tiene razones más que poderosas para sentirse orgulloso.

Villa Ecológica, comuna de Quilicura

Villa Ecológica, comuna de Quilicura

En todo caso, hay que ser bien claros y decir que estos logros pueden recibir cualquier calificativo menos el de milagro, que milagro es aquello que cae del cielo de improviso, sin haberlo esperado o planificado, y lo de Chile responde más bien a una historia que se extiende por más de 50 años en los cuales la vivienda, más allá de profundas diferencias políticas o ideológicas, ha constituido de manera sistemática una prioridad nacional (y cuando hablo de prioridad hablo necesariamente de discriminación hacia otras áreas). Si gobiernos tan disímiles como el del socialista Salvador Allende y la dictadura de Pinochet tuvieron como punto en común el colocar las políticas habitacionales en el primer lugar de sus respectivas agendas. Los modelos y programas pueden haber sido diametralmente diferentes, pero lo importante es que la prioridad nunca cambió, y eso lo entendieron perfectamente los gobiernos democráticos post Pinochet, que en vez de borrar de un plumazo todo lo realizado por su tristemente célebre antecesor, sabiamente supieron preservar aquellos elementos que se consideraron valiosos, como el sistema de subsidios a la demanda, que a lo largo de los años ha demostrado ser tremendamente eficaz a la hora de asignar recursos focalizándolos en quienes más los necesitan. Hoy en día las políticas de vivienda de Michelle Bachelet no se hacen mayor problema en subvencionar el 98 por ciento del costo de la vivienda a una familia que se encuentra en el 10 por ciento más pobre de la población, que sólo debe hacer un pago único para ser propietaria de una vivienda por la cual no tendrá que pagar un peso más en el futuro. Políticas como ésta, que van contra todo lo que se supone debieran ser los postulados de una economía de mercado como la chilena, con el pasar del tiempo han logrado el reconocimiento incluso de aquellos que ni en sueños recomendarían algo así, como la gente del Banco Mundial o la misma derecha chilena, que en ningún momento ha planteado modificar la estrategia.

Y es que contrariamente a lo que más de algún tecnócrata pudiera decir, esta estructura de subsidios dista mucho de ser a fondo perdido, que las ganancias han demostrado ser inmensas a lo largo de los años. El proveer de vivienda a una familia de escasos recursos liberándola del peso eterno del pago de un crédito le da herramientas gigantescas para poder salir de la pobreza de manera más rápida, puesto que aparte de ayudarle a maximizar sus escasos recursos económicos, además les elimina la incertidumbre de perder lo que se tiene a causa de un atraso en los pagos, algo bastante común en gente cuyos ingresos muchas veces son extremadamente variables de un mes a otro.

Chile sin campamentos el 2010

Como ex funcionario del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, que por espacio de tres años y medio trabajó gestionando soluciones habitacionales para familias residentes en asentamientos irregulares, no dejo de sentir un nada disimulado orgullo al leer que autoridades de gobierno, empresarios, dirigentes de pobladores, universidades y la ONG Un Techo para Chile han firmado un compromiso para que en mi país se terminen los campamentos (asentamientos informales) antes del 18 de septiembre de 2010, fecha en que se celebra el bicentenario de nuestra independencia. Y es que a pesar de de los logros enunciados al comienzo de estas líneas, en Chile todavía hay familias viviendo en condiciones infrahumanas, y aunque el porcentaje de la población que ellas representan sea estadísticamente poco significante, su sola existencia sigue siendo vergonzosa e indignante a estas alturas del partido. Mal que mal, detrás de ese cero punto tanto por ciento de la población se hallan miles de familias, personas de carne y hueso para las cuales las estadísticas alegres no resultan más que un chiste cruel que se hunde lentamente en medio del barro, la basura y las moscas.

Ex campamento Santa Nora de Melipilla

Ex campamento Santa Nora de Melipilla

Se podrá decir con justa razón que el sistema chileno dista mucho de ser perfecto, y que los desastres urbanos generados por las políticas de vivienda implementadas en los últimos años no son pocos, pero también es cierto que gracias a estas políticas se está en mejor pie para pasar de lo urgente a lo importante, que hoy día es tener ciudades más amables, más integradas y más sustentables. El hecho que las carencias habitacionales de menos del 1 por ciento de la población todavía nos duelan es un muy buen síntoma, que hace ver que los esfuerzos de todos estos años no han sido en vano. En este sentido, más que construir el gran monumento o la megaobra espectacular, me parece que el comprometerse a terminar con los campamentos es el mejor regalo que el país se dar para celebrar el bicentenario de su independencia. Que así sea.

6 Comentarios en Vivienda en Chile: continuidad es el secreto

  1. no imagino la satisfaccion de escribir un articulo parecido. Aca en colombia no se llaman campamentos, sino “ollas”…. y con las politicas de exterminio que maneja este gobierno de mafias, no pinta nada bueno…

    • Rodrigo Díaz // 5 agosto 2009 en 10:23 pm // Responder

      Ojo, que Colombia está dando muy buenos ejemplos en materia de planificación, transporte y vivienda que son estudiados en toda Latinoamérica. Acabo de ver un proyecto de rescate de un asentamiento irregular en una quebrada de Medellín que es muy bueno, y que marca lo que a mi juicio es una política adecuada para trabajar con este tipo de espacios.
      A no desanimarse amigo Alberto, que su país está dando harto que hablar en materia urbana, en el buen sentido de la expresión.

      Un abrazo desde México

  2. Recuerdo que en las afueras de Concepción había unos pueblos callampa bastante bonitos. Quien sabe que habrá sido de ellos…
    Siempre me agrada la lucidez de tus compatriotas cuando hablan acerca de su país.
    Sobre todo los que conocen otros contextos y tienen puntos sólidos para comparar…
    En México tenemos otras cualidades, y claro, ninguna de ellas incluye la creación de estrategias eficaces de vivienda social.
    Saludos

  3. Es cierto que en la región Chile ha dado buenos ejemplos de cómo dar grandes soluciones al problema de la deficiencia habitacional y como señalas, los números, de la mano de la continuidad, son exitosos…

    Ahora, si dejas la teoría a un lado, te darías cuenta que las estadísticas son una realidad muy distante a la que viven a diarios los vecinos que son “hijos” de esta continuidad… la decisión de construir mas por menos, (me refiero a que la calidad habitacional no se tomó en cuenta) arrojó una enorme cantidad de conflictos urbanos, como por ejemplo una fuerte segregación de la ciudad, la aparición de verdaderos ghettos urbanos… Conflictos que incluso dieron pie a un excelente libro que lleva por nombre “Los con techo, un desafío para la política de vivienda social”…

    • Rodrigo Díaz // 1 octubre 2009 en 8:05 am // Responder

      Mario,

      Habría que ser muy ciego u obtuso para negar que la calidad de los nuevos conjuntos habitacionales en Chile – y de las ciudades que estos generan – deja harto que desear, y en este aspecto la crítica es unánime, llegando incluso al mismo gobierno, que precisamente desarrolló el programa Quiero mi Barrio para renovar conjuntos habitacionales financiados por el Estado con alto grado de deterioro.
      No obstante lo anteriormente dicho, hasta los más críticos (y en esto incluyo a Alfredo Rodríguez, autor del libro que mencionas) reconocen que el balance final de las políticas de vivienda implementadas en Chile es positivo, sobre todo si se hace la comparación con el resto de Latinoamérica, donde el llegar a menos de un 1% de la población viviendo en asentamientos irregulares (que es lo que en Chile se ha logrado) es todavía una quimera.
      Más aún, si se compara la calidad de la vivienda que se entrega a las familias del primer quintil de la población, la gente del MINVU sigue saliendo airosa, que en el resto de América Latina las soluciones que se entregan a este segmento son mucho más precarias o sencillamente inexistentes.
      Si en este momento los esfuerzos se centran en la calidad de la vivienda en las ciudades chilenas es porque ya se salió de la necesidad urgente de la cantidad, y créase o no, son pocos los países en este rincón del mundo que pueden darse el gusto de abocarse a este tipo problemas.

    • Rodrigo Díaz // 1 octubre 2009 en 1:20 pm // Responder

      Dicho sea de paso, está bueno tu blog. Felicitaciones. Eso sí, nunca pude encontrar la manera de comentar un artículo en particular.

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