Haga algo inútil: separe la basura

“¿Quiere que tire la caja también?” me dijo el joven recolector – no más de 14 años – cuando me vio llegar con mis muy ordenados residuos en sus flamantes cajitas de plástico verde. En ese momento empecé a comprender que lo mío había caído de lleno en el terreno de la simple ingenuidad, y que lo dicho por vecinos, amigos y conocidos era una verdad del tamaño de una catedral. Y es que desoyendo sus palabras, que señalaban que es una pérdida de tiempo, que no hay infraestructura para el tratamiento adecuado, y que en el camión finalmente todo se mezcla, en mi casa decidimos cuadrarnos firmemente con el reciclaje de la basura, así que compramos unas cajitas plásticas donde dejaríamos debidamente clasificados todos aquellos desechos inorgánicos producidos en nuestro hogar para que pudieran ser fácilmente reutilizados. Sé que esto es lo mínimo que se le puede pedir a un ciudadano medianamente civilizado, que es una vergüenza que no lo hubiéramos hecho antes, y que hay una ley en el DF que promete las penas del infierno a quien no lo haga, pero lo claro es que conozco a muy poca gente que realice este procedimiento elemental, y cualquier persona que aguante estar por un par de minutos al lado de un camión recolector podrá dar fe que la gran mayoría de la población sigue botando sus desechos en el más completo desorden, tal como lo hacíamos en mi hogar hasta el fin de semana pasado.

Basureros diferenciados con basura no diferenciada (ni menos recogida) en Chapultepec

Basureros diferenciados con basura no diferenciada (ni menos recogida) en Chapultepec

Más vale tarde que nunca dice el dicho, y de los arrepentidos es el reino de los cielos, que lo importante es que finalmente nos incorporamos, al menos en el tema de la basura, a la ola sustentable que arrecia en el discurso público hoy en día, y que se supone se basa en pequeños cambios de actitud individuales – como el nuestro – que finalmente se transforman en colectivos ya sea por imitación u osmosis. El “¿quiere que tire la caja también?” del niño del camión de mi colonia (una verdadera oda al trabajo infantil, dicho sea de paso) me hizo intuir que nuestra nueva actitud caería indefectiblemente en el ámbito de la extravagancia, pálpito que se vio confirmado al ver cómo los plásticos delicadamente seleccionados eran rápidamente mezclados sin ningún pudor con cáscaras, pañales, periódicos, latas, restos de comida, y todo lo que mis vecinos traían en sus bolsas rellenas a la antigua, cuando no existía el discurso verde (el ambientalista, no el de la pena de muerte).

Ya hablé del tema en un artículo anterior, y a estas alturas ya cansa seguir insistiendo en lo mismo. Mientras el sistema de recolección siga estancado en la época de las cavernas, mientras no se profesionalice a sus trabajadores (¿puede estar basada la recolección de residuos de la segunda metrópolis más grande del mundo en una infinita cadena de propinas y mordidas?), mientras no se eliminen las redes clientelares que operan el sistema y que se oponen tajantemente a su modernización, mientras no se renueve completamente el parque de camiones por unos especialmente adaptados para la separación de residuos, mientras el sistema siga descansando en gran parte en un ejército semi formal de barrenderos y sus malolientes botes metálicos, mientras el reciclaje no dependa de si es buen o mal negocio (por eso mis plásticos fueron mezclados con la basura orgánica, cosa que no ocurrió con las botellas y los cartones, que al parecer sí se pagan mejor y por esos fueron separados), mientras no se aplique una filosofía del tratamiento más que del amontonamiento de los residuos, todos los esfuerzos que se pidan a la ciudadanía en este ámbito caerán en el terreno de las buenas intenciones, del voluntarismo, como para que no se diga que las autoridades no son sensibles al tema.

¿Sirve para algo la Ley de Residuos Sólidos del D.F. que nos obliga a clasificar nuestra basura y disponerla en contenedores separados cuando todo el sistema de recolección no está preparado en lo más mínimo para una labor así? Por supuesto que no, y la imagen del niño recolector del camión delegacional que no tenía la menor idea de qué hacer con los residuos separados es la prueba más fehaciente de un sistema al cual todavía le falta recorrer muchos pasos para entrar al mundo de la sustentabilidad.

¿Qué haremos con nuestras cajitas verdes? Seguir ocupándolas nomás, que tarde o temprano el plástico será buen negocio y alguien sí aprovechará el esfuerzo realizado.

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2 Comentarios en Haga algo inútil: separe la basura

  1. Sin embargo hay muchas cosas que se pueden hacer al respecto. Se requiere un metro cuadrado de patio o azotea para crear una composta. Al menos en mi casa gran parte de los desechos orgánicos de la cocina terminan en la composta.

    Hay muchas acciones ecoógicas que se pueden realizar sin mucho dinero, y que no requieren que el gobierno o ley las solicite.

    • Rodrigo Díaz // 20 julio 2009 en 10:28 pm // Responder

      Estimado Felipe,

      Nadie duda que la composta es una práctica tremendamente sustentable digna de ser imitada, pero allí poco tienen que hacer mis envases plásticos que son los que finalmente más tardan en descomponerse y que más necesario resulta reciclar.

      Un abrazo

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