Solución a la obesidad urbana: ¡que suba la gasolina!

La vida de millones de gordos en todo el mundo puede dar un vuelco radical en los próximos años sin la intervención de ningún tipo de dietas, liposucciones ni engrapados estomacales. Lo que no se ha logrado con la intervención de instituciones de gobierno, centros médicos, gurús del adelgazamiento ni iglesias dietéticas probablemente sí sea alcanzado gracias a la acción de un socio inesperado: una gran alza en el precio de los combustibles que se avizora en el futuro próximo.

¿Cómo es esto? Muy simple. La fuerte subida en el costo de la gasolina hará que muchos, entre ellos no pocos gordos, decidan o se vean forzados a dejar su automóvil en casa y movilizarse ya sea en transporte público, caminando o en bicicleta, medios bastante más saludables y quemadores de grasa que el transporte particular, porque incluso quien decide utilizar el metro o un autobús forzosamente tiene que caminar hasta un paradero o estación, ejercicio mínimo pero de grandes efectos en cuerpos abultados de tanto sedentarismo.

Alguien podrá decir que el efecto de una actividad así es casi imperceptible en la salud pública, pero un estudio del profesor Charles Courtemanche de la Universidad de North Carolina indica todo lo contrario. Sus cálculos señalan que, al menos en Estados Unidos, un incremento de 1 dólar en el precio de un galón de gasolina (3.5 pesos mexicanos por litro) se traduce en una reducción de un 10 por ciento de las tasas de obesidad nacionales, cifra equivalente a 9 millones de personas, algo así como la población del D.F. No es poca cosa, especialmente considerando que se calcula en 112 mil el número de muertes anuales relacionadas de una manera u otra con la obesidad en el país del norte. Si lo queremos ver desde el punto de vista económico, son 117 mil millones de dólares los que gasta cada año el Tío Sam en gastos médicos derivados del creciente aumento de peso en la población norteamericana. Con cifras así, una disminución de un 10 por ciento resulta tremendamente valiosa, que ahorrarse 11 mil vidas y 11 mil millones de dólares en 12 meses no es algo de todos los días. Lo mejor de todo es que los beneficios crecen de manera exponencial a medida que aumenta el precio de la gasolina; en otras palabras, si un alza de 1 dólar se traduce en una cierta cantidad de muertes menos, un alza de dos dólares significa un número aún mayor al doble de esa cifra. Alguien dirá que una situación así es tremendamente discriminatoria hacia los gordos conductores de menos recursos, que después de todo a sus pares más pudientes esto no les va ni les viene. Es cierto, pero también es cierto que es precisamente el sector de menores ingresos de la población el que está subiendo de peso de manera más rápida y el que precisamente tiene menos acceso tiene a programas de salud de calidad. En este caso particular se podrá acusar al mercado de cruel, pero en ningún momento de tonto.

El que crea que lo de Courtemanche es un mero ejercicio académico que sólo aplica a los habitantes king size que abundan en ciudades como Chicago o Houston se equivoca brutalmente, que aquí en México la obesidad se está extendiendo de manera vertiginosa en nuestras urbes sin que hasta el momento se vean campañas decididas para enfrentarla. Así, según la Secretaría de Salud el 70 por ciento de la población mayor de 20 años padece de sobrepeso, porcentaje que aumenta en el caso de las mujeres y en los sectores de menos ingresos, donde una dieta inadecuada sumada a la falta de ejercicio físico está comenzando a hacer estragos en una población que todavía no magnifica la gravedad del problema. Las autoridades al parecer tampoco, que sólo para este año se contempla un subsidio de 200 mil millones de pesos para la compra de diésel  y gasolina importados, política destinada a mantener la inflación baja pero que a nivel urbano tiene consecuencias desastrosas, promoviendo el uso masivo del automóvil privado en detrimento de formas de transporte más sustentables.

Quizás sea tiempo de evaluar en serio, con altura de miras, la conveniencia de mantener este subsidio aplicando una óptica centrada no tanto en sus discutibles beneficios económicos y políticos, sino también en los positivos efectos que el sincerar el precio de los combustibles puede traer en la calidad de vida de la población. Si el mundo desarrollado ya optó por estrategias de transporte sustentable que se basan en el uso de locomoción colectiva y la práctica masiva del ciclismo urbano y la caminata, no veo por qué nosotros no podemos subirnos a ese tren, que permanecer en lo de ahora ya no es tozudez, sino sencillamente desprecio por el derecho fundamental de vivir en un ambiente saludable.

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1 Comentario en Solución a la obesidad urbana: ¡que suba la gasolina!

  1. Cristina González // 28 julio 2009 en 3:56 pm // Responder

    Rodrigo

    Me gustan mucho tus comentarios. Decidí retomar mis caminatas diarias, que por el invierno había suspendido. Espero tu próxima crónica

    un abrazo

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