Que 3 años no es nada

Se supone que Juanito (aka Rafael Acosta) sólo durará unos 15 días en su puesto en Iztapalapa. En este caso nadie puede reclamar, que todos estaban avisados con mucha anticipación

Se supone que Juanito (aka Rafael Acosta) sólo durará unos 15 días en su puesto en Iztapalapa. Nada que decir, que todos estaban avisados con mucha anticipación

Me cuenta un funcionario de una embajada europea que hace un tiempo tuvieron la genial ocurrencia de invitar a un presidente municipal de Morelos a un tour para que conociera los últimos avances en materia de vivienda sustentable en el Viejo Mundo

Así, durante una semana el señor alcalde tuvo la oportunidad de conocer en directo, libretita y cámara en mano, las tecnologías constructivas más avanzadas y los más recientes tendencias en materia de planificación urbana y vivienda. Tomó notas aplicadamente, sacó miles de fotos, llenó la maleta de otros tantos miles de folletos, repartió fajos de tarjetas de representación de vivos colores, y participó de numerosos ágapes donde no dejó de agradecer a sus gentiles anfitriones la impagable oportunidad de acercar su pobre pero honrado municipio al primerísimo primer mundo, un pequeño paso para él pero un gigantesco salto para el estado de Morelos (aplausos).

Tan impresionado quedó con la experiencia que lo primero que hizo apenas llegó a suelo mexicano fue renunciar a su puesto, animado por el deseo de seguir sirviendo a su gente ahora desde las arenas de una diputación. Bellísimas intenciones, aunque la gente de la embajada no lo entendió así, que lo que a ellos les interesaba era establecer un trabajo a largo plazo con un alcalde – que es el que realmente hace cosas en un municipio – y no con un diputado de morondanga. En resumen, dinero perdido, tiempo perdido, esfuerzo tirado al tacho de la basura, ganancia cero.

Moralejas de un viaje

Para el señor presidente municipal: es verdad aquel dicho que dice que todos los días nace un ingenuo.

Para los señores de la embajada: también es cierto que todos los días nace un sinvergüenza, así que la próxima vez (si es que hay) será necesario hacer un filtro más exhaustivo a la hora de invitar autoridades locales al Viejo Continente, y de ser así, se deberá hacer sólo durante el primer año de su gestión, que después sólo es un despilfarro de tiempo y dinero.

Los perversos incentivos

No le carguemos toda la mano a la clase política, que soy un convencido que la mediocridad generalizada de las administraciones municipales no se debe tanto al bajo nivel humano, laboral y profesional de las autoridades electas como a la falta de incentivos que éstas tienen para realizar su labor de manera medianamente decente. Se podrá decir que un servidor público de tomo y lomo no requiere de estímulos extra para cumplir decorosamente con su labor, ya que la sola confianza depositada por la ciudadanía es acicate suficiente para dar lo mejor de sí durante cada minuto de su gestión, pero otra cosa es la vida real, y que por eso no hay que olvidar jamás que detrás de cada presidente municipal, de cada delegado, hay un hombre, una mujer de carne y hueso que tarde o temprano necesita de un aliciente para hacer mejor su deber. En este sentido, vale la pena preguntarse si puede esperarse un empeño constante, sin flaquezas, por parte de una autoridad cuando ella sabe desde el día en que fue electa que por más bien que lo haga durante su mandato, éste jamás podrá prolongarse más allá de los tres años. ¿Le echará ganas de manera pareja alguien que sabe que su futuro político – y económico – dependerá más bien del árbol al que se arrime al interior de su partido y no de su desempeño al frente de un gobierno local? Como los mandatos duran tan poco, pronto se olvidan, así que no es de extrañar que quienes se desempeñan en la labor edilicia en México rara vez se embarquen en programas y proyectos ambiciosos, de largo aliento o gran complejidad, que el escenario está más bien dado para aquellos que administran el día a día sin mayores sobresaltos y sin meterse en ningún asunto que les pueda provocar un dolor de cabeza o un futuro tropiezo electoral.

Valga como dato que de los 16 delegados del DF, 10 renunciaron a sus puestos antes de cumplir con el período de gobierno que la ciudadanía les encomendó; en otras palabras, sólo se desempeñaron en su labor durante dos años y medio durante los cuales ganaron un sueldo nada despreciable para después mandarse a cambiar de un día para otro dejando un cerro de obras inconclusas y promesas sin cumplir. Dadas así las cosas, la experiencia dice que en la práctica un alcalde sólo destina el primer año de su mandato para realmente gobernar, que en el segundo ya anda preocupado de su futuro y de ver a quién hacer reverencias y sobar la espalda, para así entrar de lleno al tercero donde estará metido de lleno en la campaña de turno. Es más, en estricto rigor es sólo el segundo semestre de su mandato el que puede ser productivo, porque los primeros seis meses se los pasa aprendiendo cómo funciona su oficina y nombrando cargos de confianza. En un escenario así, esperar gestiones eficientes y que dejen una impronta perdurable no es más que pedirle peras al olmo. Así de simple, así de triste.

¿Entonces? Aunque a algunos les dé urticaria de sólo pensarlo, creo que se hace necesario plantear cuanto antes la posibilidad de reelección inmediata para las autoridades de elección popular por un período y sólo uno, que la eternización en los cargos tampoco es nada buena. Por supuesto que esto generará que muchos mediocres saquen la tapita marcada con el vale otro, pero también es cierto que la posibilidad de ejercer gobiernos más largos (y seis años es un buen período de tiempo) ofrece la oportunidad de desarrollar propuestas y programas de más largo aliento, de consolidar equipos profesionales al interior de las instituciones de gobierno, y de finalmente dar la oportunidad al pueblo de premiar o castigar directamente a quien se lo merece, algo que hoy día no es posible realizar. No hay que olvidar que todos los grandes líderes urbanos postularon alguna vez a alguna reelección, que finalmente ese es el verdadero motor que mueve a un político. Ofrecerle sólo tres años no es sólo negarle gran parte de su razón de existir, sino que significa quitarle el alimento que hace que pueda moverse mejor, algo que tiene repercusiones demasiado funestas en un sistema donde el presidente municipal, el delegado, sigue siendo el eje en el cual giran todas las decisiones de la ciudad. Y es que si el capitán del barco anda desganado, difícilmente el buque podrá llegar a buen puerto.

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