En defensa de las tienditas

El aire se llena del aroma de las quesadillas, las gorditas, las flautas y los tacos de guisado, el ambiente ideal para un corte de pelo a 20 pesos, un manicure a 15, para elegir por 10 una película decentemente pirateada entre un amplio repertorio, o para tentar a la suerte en una de las tantas tragamonedas que encadenadas adornan las fachadas de viviendas que forman algo así como la más tercermundista de las versiones de Las Vegas.

Abarrotes Rivera. Imagen: Rodrigo Díaz

Desarrolladores me cuentan que este paisaje es uno de los más temidos en el rubro de la construcción, que las tienditas y fonditas de garaje que como hongos se esparcen por los nuevos conjuntos habitacionales son verdadera kryptonita para el negocio inmobiliario, y que por lo tanto cualquier esfuerzo es válido de realizar si con ello se logra su erradicación. ¿Cuál es el temor?Al tratarse de proyectos que muchas veces alcanzan dimensiones colosales, resulta común que sean construidos por etapas, las cuales deben conservar el mejor aspecto posible para seguir atrayendo compradores. En este sentido, el señor inversionista siempre procurará que las viviendas ya vendidas mantengan por el mayor tiempo posible la imagen inmaculada con que fueron ofrecidas pocos meses atrás, y para ello recurrirá a todas las armas que estén a su alcance para impedir que aparezcan lonas, rejas, toldos, letreros, bancas, sillas y mesas que puedan romper con la agradable monotonía de su producto. Sin embargo, el sol raramente se puede tapar con un dedo, y la presentación impoluta de las fachadas podrá mantenerse por un tiempo, pero no por toda la vida, que la experiencia dice que el sino de los megadesarrollos sociales es que tarde o temprano llegue el colorido de las tienditas para quedarse y cambiar de un plumazo la un día aséptica imagen del barrio.

No debiéramos extrañarnos; mal que mal una gran parte de estos conjuntos está dirigida a satisfacer las necesidades habitacionales de familias de bajos ingresos, que es altamente probable que hayan vivido en condiciones de informalidad en alguna etapa de sus vidas, y cuyos magros recursos – más magros aun en tiempos de crisis – los impulsan (por no decir obligan) a buscar alternativas laborales para seguir subsistiendo. ¿No parece lógico entonces que una familia que con sangre, sudor y lágrimas está pagando el crédito de una casa se sienta con el legítimo derecho de sacar un provecho económico de esta inversión?

Es cierto, las tienditas la mayor parte de las veces ofrecen un aspecto exterior lamentable, es común que se apropien de la acera y a veces hasta de la calle, y son frecuentes emisores de ruidos molestos y malos olores; negarlo sería simple necedad. Sin embargo, también son capaces de ofrecer enormes beneficios para un barrio, los que también sería tremendamente necio desconocer. Y es que aparte de brindar la oportunidad de producir algún dinero extra a familias que no lo tienen en abundancia, las tienditas con su presencia también generan impactos muy positivos en su entorno, específicamente en el ámbito social y en el de la seguridad pública. En efecto, es común que se constituyan en el centro de reunión de barrios que a falta de equipamiento y áreas verdes medianamente decentes transforman a estos puestos informales en los lugares donde la gente tiene la posibilidad de interactuar con los demás. Sin ir más lejos, en el sector donde vivo en Coyoacán he contado hasta cinco casas donde cada noche se abre la puerta del garaje, se sacan mesas, hules y pisos, y se ofrece todo tipo de platos a gente que se acerca no tanto a satisfacer de manera rápida y económica sus necesidades alimenticias como a gozar de unos minutos en compañía de los vecinos y así estar al día con las noticias del barrio. Esa misma cercanía entre tendero y cliente es la que convierte a estos locales en los mejores aliados de la seguridad pública (suponiendo que no albergan actividades criminales), puesto que en la práctica son los ojos que vigilan las calles cuando la mayor parte de la gente no se encuentra en sus casas. La familiaridad con la clientela y el entorno permite que cualquier desconocido de actitud sospechosa rondando por el barrio pueda ser detectado a tiempo, algo que difícilmente es capaz de brindar el comercio establecido en lugares especialmente asignados para ese fin (¿o acaso un Wal-Mart puede dar este desinteresado servicio de seguridad a la comunidad?)

Tiendita

Hamburguesas Chávez. Imagen: Rodrigo Díaz

Si el problema de las tienditas es más bien estético, de higiene ambiental o de invasión de espacio público no habría que preocuparse demasiado, que con un poco de ingenio y buena voluntad es posible encontrar soluciones relativamente fáciles y económicas que no implican la prohibición de una actividad tan enraizada en las ciudades de este país. Normar o regularizar a este tipo de establecimientos puede ser un camino, pero creo que siempre será incompleto dadas las propias características de una actividad que por su naturaleza requiere en la mayoría de los casos de amplios márgenes de flexibilidad (recordemos que una parte importante de las tienditas funcionan unas pocas horas del día y sólo algunos días de la semana, tal como ocurre con algunas fonditas de garaje que sólo abren los fines de semana). ¿Entonces? Siempre he creído que la arquitectura de  las viviendas y los conjuntos puede dar gran parte de la respuesta, lo que en este caso significa reconocer desde un comienzo la alta probabilidad de que los habitantes instalen algún puesto dando a la calle. Un diseño que contemple la posibilidad de expansión controlada para usos no habitacionales puede ayudar enormemente a que el comercio informal de barrio adopte formas estéticamente menos disruptivas con el entorno y que no signifiquen la apropiación indebida del espacio público. Aceptar el carácter de permanente cambio inherente a la vivienda social, donde el espacio construido cambia drásticamente de un año a otro, parece ser el primer paso para la creación de una arquitectura más amable y comprensiva con moradores para los cuales la vivienda generalmente acoge muchas más actividades de las originalmente presupuestadas. Finalmente eso es sensibilidad, eso es sentido común, lo que distingue a un arquitecto de categoría de uno del montón.

2 Comentarios en En defensa de las tienditas

  1. En mi teoria de bar, creo que ante la crisis (economica, politica, social, ecologica e ideologica), México tiene esa, nuestra posiblidad.

    La otra economia, la que no entra en la bolsa.Pero es mas real que Dow Jones.

    Poca defensa necesitan las tienditas.Pero bien podemos dignificarlas.

  2. Asi es y bueno en mi caso acabo de cambiar de colonia (construida por casas ara) y ya se contempla esto que mencionas, venden casas de 3 pisos donde el piso de abajo es local comercial y arriba queda un departamento para vivienda. tiene 2 lugares de estacionamiento y vista al parque.

    Las casas en su mayoria para esta colonia son de solo 2 pisos y esta prohibido poner cualquier tipo de negocio.

    estas son soluciones que deverian de aplicar en todos lugares.

    Saludos desde Queretaro.

    foto de la casa: http://static1.mundoanuncio.com/img/2009/6/25/11744338631.jpg

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