Perdido en Dinamarca (o el transporte sustentable según Marcelo Ebrard)

Iba muy bien cuando señalaba que durante los próximos años el énfasis de su administración se pondría en desincentivar el uso del automóvil particular favoreciendo la creación y expansión de redes de transporte público y ciclovías. Iba extraordinariamente bien cuando ufano sostenía que los recursos para financiar los proyectos destinados a la construcción y fortalecimiento de estas redes iban a provenir directamente de los bolsillos de los automovilistas, quienes tendrían que pagar el costo real de circular por las congestionadas calles del DF. Iba demasiado bien hasta que señaló que estos fondos no saldrían del cobro por el uso de vías ya existentes (tal como sucede en ciudades como Londres, Estocolmo o Santiago), sino de… ¡unos flamantes y gigantescos segundos pisos construidos para complementar el ya construido en Periférico! Ni se despeinó para decirlo.No es culpa suya no ser experto en temas de transporte, pero sí se le puede responsabilizar por no rodearse de ni un miserable asesor que le diga que el camino no va por ahí, que el espacio vial no se puede reproducir hasta el infinito, que los segundos pisos se dejaron de hacer en el mundo desarrollado hace más de treinta años, que las ganancias de velocidad de desplazamiento supuestamente adquiridas con su construcción se pierden en entradas y salidas que no hacen más que multiplicar la congestión existente, que su levantamiento no se ha traducido en una disminución en los tiempos de traslado al interior de la capital, que implícitamente incentivan la circulación de más automóviles, que los expertos en transportes no los recomiendan ni en broma, que en todo el mundo han quedado obsoletos a los pocos años de uso, que constituyen un atentado al paisaje urbano que es muy difícil de remediar, y que finalmente la única sustentabilidad que esas moles de concreto generan está en los bolsillos de quienes las construyen.

Quizás estaba cansado por el largo viaje, por el titánico esfuerzo físico y mental que supuso poner fin a la comedia grotesca de Juanito, o por la gracia de salir a pedalear rodeado de periodistas con dos grados bajo cero en las calles de Copenhague, pero el caso es que, como Hamlet, Marcelo Ebrard anduvo tremendamente perdido en Dinamarca.

6 Comentarios en Perdido en Dinamarca (o el transporte sustentable según Marcelo Ebrard)

  1. Dado que subsidiamos 6 pesos de cada litro de gasolina a los automovistas, supongo que están dispuestos a pagar por una obra de estas. Si la gasolina no estuviera subsidiada, dudo que este tipo de esquemas tipo “concesión” funcionen.

    • Xavier,

      Los sistemas de tarificación vial, concesionados o no, funcionan de lo más bien donde se han implementado, países donde la gasolina no solo no se subsidia sino además se grava con un impuesto que suele ser bastante alto (en mi opinión no hay despilfarro más inútil y nocivo que el subsidio a la gasolina, tal como señalé en un artículo publicado hace cosa de un año). Tal es el caso de mi ciudad natal, Santiago, donde la mayoría de los automovilistas apoya la idea de pagar a una empresa privada si esto significa un traslado más rápido al interior de la ciudad. Lamentablemente, la otra pata del asunto, el fomento al transporte público, no ha andado tan bien como se esperaría, situación que a la larga se ha convertido en un magnífico incentivo para llenar de más automóviles la ciudad.

  2. Perdido, totalmente. Aunque si quieres ver como se les hace bolas el engrudo a los políticos, checa esto: http://ideasalvuelo.blogspot.com/2009/12/pues-si-es-del-viento-que-la-componga.html

  3. No me gusta el nuevo diseño de la página

  4. No me gusta el nuevo diseño: uno no sabe qué comentó la gente últimamente a menos que busque artículo por artículo, no se destaca cada parte por lo que no se entienden las distintas secciones que tiene el blog. Ya parecen los cambios de facebook que nadie entiende para qué se hicieron.

    • Estimada Reno,

      Muchas gracias por su opinión. El problema de los comentarios ya se solucionó, ahora sí aparecen en pantalla. Si el día de mañana aprendo a programar prometo tener una página más atractiva que la actual. Por mientras, me quedo con el nuevo diseño, que me parece mucho más limpio y sencillo que el anterior. Less is more, decía Mies

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