El tranvía de Marcelo

La culpa no es del tranvía, que después de todo es un excelente medio de transporte, cómodo, no contaminante y silencioso, ideal para centros históricos donde no hay espacio para carriles confinados y donde se agradecen enormemente aquellas soluciones poco invasivas que no alteran en demasía la fisonomía del entorno construido. Si es hasta atractivo, y hasta dan ganas de recorrer en él los 10.4 kilómetros que separan la estación Buenavista del Zócalo por puro placer.

El problema no es lo que se va hacer, sino más bien lo que se va a dejar de hacer, porque si una ciudad decide darse el gustito de gastar 17 mil millones de pesos en un tranvía que recorre un área relativamente bien servida de transporte público es porque tiene más o menos bien cubiertas las necesidades de movilidad en el resto de su territorio. Si alguien tiene fija en su mente la idea de contar con el tranvía más caro del mundo en su ciudad es porque claramente tiene recursos de sobra para hacer esto, que las grandes urgencias en materia de transporte ya son cosa del pasado y que por lo tanto ha llegado el tiempo de estar a la vanguardia a nivel mundial. El problema está ahí, porque Marcelo Ebrard al parecer olvidó que en sus promesas de campaña estableció que la ciudad contaría con 10 líneas de Metrobús el año 2012, y que a menos que ocurra un milagro no va a ser capaz de cumplir siquiera con la mitad de esa meta. Al parecer olvidó que un 80 por ciento del parque de microbuses de la ciudad está compuesto por cafeteras sin luces ni frenos que hace varios años sobrepasaron el límite de antigüedad establecido por la ley que él mismo está encargado de hacer cumplir. Al parecer olvidó que otro de sus proyectos estrella, el Eje Cero Emisiones, quedó reducido al mero enchulamiento de trolebuses antiguos por falta de fondos. A lo mejor olvidó usar la calculadora para darse cuenta que con los 17 mil millones del súper tranvía se podrían habilitar 400 kilómetros de líneas de Metrobús (suponiendo un costo de 3.2 millones de dólares por kilómetro, lo que incluye infraestructura y equipos). A lo mejor olvidó que la línea 12 del Metro – que atraviesa por serios problemas de presupuesto – cuesta más o menos lo mismo que la proyectada joyita del centro, con la diferencia que puede transportar 10 veces más pasajeros.

Algo huele mal en todo este asunto, especialmente considerando que el mismo proyecto hace un año costaba sólo 2 mil millones de pesos, motivo suficiente para que la idea fuera desechada ¡por falta de recursos! Se dice que ahora es distinto, que al parecer los tiempos cambiaron, que eso es lo que cuesta pagar la obra a 25 años, y que 1,300 millones de dólares son una verdadera ganga, especialmente considerando la experiencia y seriedad de los Sres. Cocodrilo, empresarios a cargo del magno proyecto. Vaya a saber uno, pero resulta tremendamente difícil explicar a la ciudadanía un aumento de un 850 por ciento en los costos de una obra que ya el año pasado parecía bastante cara para una ciudad con las carencias del DF. Como niño encaprichado con su tren eléctrico, Marcelo Ebrard está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de tener su tranvía, que si su administración es capaz de hacer la rosca de reyes más larga del mundo, tener la pista de hielo más grande y el pino de navidad más alto, perfectamente puede traer también el tranvía más innecesario. Como que cada vez es más claro que el propósito del juguetito en cuestión está muy lejos del de transportar gente en a lo largo de casi 11 kilómetros en el centro, pero eso es harina de otro costal.

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