3 ideas a propósito de Ecobici

Acomodó las nalgas en el sillín, midió la distancia al manillar, tocó la campanita, puso el pie derecho en el pedal y sonrió una, dos, cuarenta y ocho veces a los fotógrafos que captaban el momento histórico. Después de la pista de hielo, el pino navideño y la rosca de reyes más grandes del mundo, Marcelo Ebrard anotaba otro gran logro a su gestión al inaugurar Ecobici, el sistema de bicicletas públicas del DF que promete cambiar la manera en que los capitalinos se transportan, y que en sus orgullosas palabras “nos pone al mismo nivel que ciudades como Barcelona, París, Washington y 11 ciudades europeas” (donde dicho sea de paso nadie ha hecho una rosca de reyes siquiera comparable a la del Zócalo).

¿Tendrá éxito la iniciativa de Ebrard, o durará lo mismo que su promesa de 10 líneas de Metrobús para el 2012? Vaya a saber uno, pero como se trata de un proyecto loable, que va en la dirección correcta, que sí ha funcionado en el resto del mundo, y al cual vale la pena darle todo el apoyo necesario, me atrevo a señalar tres factores pueden hacer la diferencia entre un sistema de alto impacto en la movilidad de una ciudad y otro que termina convertido en un montón de fierro oxidado por el olvido.

  1. Aplicar la teoría del vidrio quebrado. El mantenimiento de las bicicletas y las estaciones es fundamental, y por lo tanto cualquier signo de deterioro debe ser reparado en el acto, que gran parte del éxito del sistema descansa en brindar un servicio de calidad, donde el ciclista ocasional sepa que el vehículo que montará cuenta con frenos confiables, una cadena bien engrasada, un foquito que sí se prende en la noche, y un sillín que  no se saldrá después de pasar por un bache, percance tan frecuente como incómodo en bicicletas que no cuentan con un adecuado programa de mantenimiento. El tema no es menor, que en París, donde todo empezó, se estima que 8 mil de las 20,600 bicicletas con que el sistema Vélib partió han sido robadas, algo no menor en unidades que tienen un costo de unos 3,500 dólares cada una y que con el paso del tiempo han pasado a abastecer el mercado negro ciclístico de Europa Oriental y los países del norte de África. A ese número hay que agregar otras 8 mil que han tenido que ser reemplazadas después de la acción de vándalos que las dejaron convertidas en chatarra. Sólo para dar una idea de la magnitud del problema, JCDecaux, el operador parisino, repara unas 1,500 bicicletas al día, para lo cual cuenta con 11 talleres especializados, uno de ellos sobre un bote que navega por el Sena.
  2. Disponibilidad a toda hora. El sistema resulta atractivo y confiable en la medida que siempre haya bicicletas esperando a un usuario que no quiere perder el tiempo haciendo una cola para esperar a que otra persona venga a devolver una. De la misma manera, resulta fundamental que al término de los 30 minutos que como máximo dura el préstamo, el ciclista encuentre sitio donde estacionarla, que de otra manera tendrá que llevarla 250 metros más allá, a la siguiente estación, cruzando los dedos para que sí haya espacio y así no tener que caminar aun más para llegar al punto de destino, momento en que la bicicleta deja de ser una ayuda para convertirse en un problema. En París a los pocos días se dieron cuenta que la demanda de bicicletas no era uniforme en todas las estaciones, que a algunas horas del día algunas tenían problemas de stock, mientras en otras no había espacio donde aparcar, situación que hacía desaparecer gran parte de los atractivos del sistema, y que se solucionó mediante el uso de una flota de camionetas que durante todo el día van desocupando aquellas estaciones llenas de bicicletas para alimentar otras que experimentan una alta demanda de las mismas.
  3. Las rutas sí importan. Quizás el talón de Aquiles de todo el Ecobici, que poco se saca teniendo un sistema ágil y económico de renta de bicicletas si no se cuenta con una red de circulaciones apropiadas para pedalear. Si a la ya conocida actitud hostil de los automovilistas hacia el pedalero se suma la carencia de un espacio adecuado – vale decir agradable, seguro y que tenga continuidad – para andar, la reticencia del capitalino a montar sobre dos ruedas se va a mantener por los siglos de los siglos, aunque pongan a su disposición la mejor bicicleta del mundo. Aunque se la regalen.

Tengo la impresión que los dos primeros puntos han sido considerados de una u otra manera por los gestores de Ecobici, pero en el último el retraso es evidente. El moderno sistema de renta no se condice con un espacio de circulación diseñado por un primate, donde el pedalero y el peatón deben hacer camino al andar entre baches, obstáculos, vallas y trampas estratégicamente dispuestas para hacer fracasar una iniciativa buena como pocas. Cuando Marcelo Ebrard comparó al DF con Barcelona, París y Washington olvidó poner la vista en el espacio de circulación de las bicicletas, donde el DF está claramente a años luz de las que a su juicio son sus ciudades hermanas. Lo bueno del asunto es que hacer el cambio no es tan difícil, que hacer buenas banquetas y ciclopistas no es ni difícil ni caro, necesitándose sólo un poco de voluntad y sentido común. Es cosa de echarle ganas, que no se necesita ser un genio para cambiar de un plumazo la manera como se vive la ciudad, y así en una de esas la próxima foto va a ser de verdad, con Marcelo realmente yéndose a trabajar en bicicleta, tal como alguna vez prometió hacer una vez al mes, una excelente manera de promocionar un medio de transporte donde está todo por hacer.

5 Comentarios en 3 ideas a propósito de Ecobici

  1. No he recorrido aún otras zonas de la ciudad para ver las estaciones ecobici, pero por lo pronto la Roma y Condesa se están llenando de ellas, ocupando los de por sí muy escasos y disputados lugares de estacionamiento. Me molesta el aire de eco-bobo que tienen las bicis y las estaciones.
    Y por supuesto, mientras no haya carriles confinados para bicicletas, ¿quién se va a arriesgar a ir al trabajo en bici? Creo que el problema no es la falta de bicis, mucha gente tiene una oxidándose en la azotea, pero si no se usan es por el peligro que representa cualquier chilango que cree que por tener auto ya es rey.

  2. Muy cierto el tercer argumento, un tio que trabaja en un mercado de distribuidor de carnes a restaurantes en bicicleta ha sufrido varios accidentes a causa de que no hay un carril para bicicletas en la ciudad, lo cual, me atrevo a decir, si se trata de implementar crear carriles, los automovilistas harán el mismo caso que con los del Metrobus, que cada que pueden se meten en el.

    • Rodrigo Díaz // 10 mayo 2010 en 9:42 am // Responder

      La idea de Ecobici no es mala, pero claramente se empezó por el final. Antes de poner las bicicletas se tuvo que construir una red cómoda, segura y funcional de ciclovías, cosa de facilitar la adopción del producto por parte de la población tradicionalmente no ciclista, que a mi juicio debiera ser el público objetivo de la iniciativa. La semana pasada anduve por Reforma a eso de las 7 de la tarde y no vi a nadie utilizando bicicletas que estaban disponibles en gran número en las estaciones existentes, que no son pocas. No es de extrañar, que las banquetas de Reforma, que son bastante altas, ni siquiera tienen rampa para discapacitados en las esquinas.

  3. Me parecen muy ciertos los puntos que resaltas, además creo Marcelo y todo su séquito de monigotes que colaboran con él, creen que el D.F. es sólo La Roma, Reforma, La Condesa y Centro, olvidándose de otras zonas importantísimas (entre muchísimas otras, Iztapalapa, Iztacalco, Rosario, Zacatenco, Neza, etc) donde la gente realmente necesita de transportes económicos y maneras accesibles de moverse, y son zonas donde no se hace ni el más mínimo esfuerzo por intentar mejorar la calidad del transporte público y la movilidad, yo soy de esos seres que tienen problemas en su cabeza y mi único vehículo es mi bicicleta y puedo decir con toda seguridad que no es nada del otro mundo andar en bici en el D.F. (mi recorrido diario es de Metro Indios Verdes hasta la Delegación Iztacalco en un horario de 3 de la tarde, regresando cerca de las 10:30 de la noche, por Circuito Interior) Claro que es peligroso, pero no imposible. Y considerando eso, hay muchas zonas escolares de educación media – superior, que creo aprovecharían mil veces más un sistema como el Ecobici para el traslado del metro a la escuela, que los niños ricos y los ejecutivos de la Condesa que como bien dices, ni aunque se las regalen, andarían en bici.

    • Rodrigo Díaz // 13 mayo 2010 en 4:38 pm // Responder

      ¡De Indios Verdes a la Delegación Iztacalco en bicicleta! Me saco el sombrero, que usted es un verdadero apóstol del pedaleo urbano. Yo no sería tan crítico con la instalación de Ecobici en sectores de altos recursos, que finalmente la decisión de instalar las estaciones me imagino que se tomó dada la gran cantidad de gente que visita esos lugares, su alta densidad, la existencia de usos de suelo mixto, y la presencia cercana de líneas de Metro y Metrobús, complemento ideal para la bicicleta. En lo personal no me considero muy condesero, pero creo que es un lugar que cumple con gran parte de las características que debiera tener un barrio en el cual lanzar un sistema de bicicletas públicas. Esto no quita todas las críticas que hago a Ecobici, relacionadas básicamente con la inexistencia de una red de ciclopistas funcional, cómoda, segura y conectada al sistema de transporte público y de renta de bicicletas; por eso no me extraña que las estaciones se vean con muy poco movimiento, porque tal como está el sistema sigue siendo poco atractivo para aquéllos que no pedalean habitualmente, y que son el público objetivo de la iniciativa.

      Muchas gracias por el comentario

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