Esa esquiva transparencia ambiental

“Este proyecto (la Supervía Poniente) no forma parte de ninguno de los instrumentos de planeación del Gobierno de la Ciudad. No sólo no está incluido en el Plan Verde de la Ciudad, si no que es totalmente contrario a sus objetivos, como es el de la conservación de los espacios naturales y el desincentivar el uso de los vehículos automotores (…)

La MIA (Manifestación de Impacto Ambiental) refleja los vicios que se tienen en la Ciudad de México para evaluar los efectos generados al ambiente por cualquier obra. Esta MIA considera algunos efectos de la obra y también algunas de las condiciones del ecosistema, pero no enumera todos los impactos ambientales ni tampoco los relaciona de manera adecuada. La metodología del RIAM para realizar esta relación no sólo fue deficiente, como se vio anteriormente, sino que no fue utilizada correctamente para este caso. Por lo tanto, no se puede confiar en sus resultados (…)

Además, a pesar de que se mencionan diversas obras de conectividad en un inicio, la MIA sólo mide la huella que deja el proyecto de “SISTEMA VIAL DE PUENTES, TÚNELES Y DISTRIBUIDORES AL SUR-PONIENTE DE LA CIUDAD DE MÉXICO”, aislándola de las demás obras mencionadas por la misma MIA (…)

Las graves deficiencias señaladas y la falta de rigor científico que se detectaron en la MIA indican que este estudio no aporta la información necesaria para la toma de decisión de una obra que impactará una de las zonas ecológicas más vulnerables e importantes para la Ciudad de México. Por lo tanto, es imperativa una nueva MIA que considere todas las observaciones y deficiencias aquí señaladas.”

Esa esquiva transparencia

Phil Kelly, Mapas de la Ciudad

Los párrafos seleccionados corresponden a las conclusiones de un documento que 19 especialistas de la UNAM, la UAM y el Centro Mario Molina, todos ellos con el grado académico de doctor, elaboraron para referirse a la Manifestación de Impacto Ambiental de la Supervía Poniente presentada a la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal para su rápida aprobación. En total son 22 las observaciones que hacen los especialistas, las que en resumidas cuentas señalan que el estudio presentado por la empresa constructora es, por decir lo menos, incompleto, inexacto y errado en su enfoque y conclusiones. Grave asunto, aunque para nada nuevo, que la discusión sobre el impacto ambiental de grandes obras de infraestructura urbana siempre tendrá aparejado un alto grado de polémica, donde, al igual que en la guerra, la verdad suele ser el primer damnificado. Así, es común que los promotores de estas iniciativas tiendan a minimizar o ignorar sus impactos negativos, amparados en estudios supuestamente serios, tal como sucede en el caso de la Supervía Poniente. Por su parte, los detractores usualmente exageran o incluso inventan dichos impactos, haciéndolos aparecer como calamidades ambientales de escala global cuando muchas veces su incidencia negativa es mínima o se encuentra dentro de rangos aceptables. ¿A quién creer? En esta ocasión claramente mis preferencias van hacia el lado de los opositores, pero esto no siempre es así: demasiada evidencia hay respecto a los métodos de manejo de información de varios grupos ambientalistas, igual de reñidos con la ética que aquéllos utilizados por los poderes económicos y políticos que tradicionalmente se agazapan detrás de este tipo de proyectos.

Por ello, y porque los procesos de toma de decisiones en la ciudad no sólo deben ser limpios, sino también parecerlos, es que se debe tener especial cuidado en transparentar su discusión y aprobación, poniendo en manos de la opinión pública todos los antecedentes necesarios para que ésta pueda hacerse un juicio sólidamente fundado en materias que tienen directa repercusión en su calidad de vida. En este sentido, cuatro son las instancias en que se debe procurar la participación ciudadana informada y con poder de decisión: discusión, evaluación, aprobación y seguimiento.

Respecto a la primera, la discusión, poco puede decirse de lo que ha sucedido en el caso de la Supervía Poniente, donde se ha actuado de acuerdo a una política de hechos consumados, en la que a  la ciudadanía sólo le ha quedado jugar un papel de reacción respecto a un proyecto inconsulto y que jamás estuvo en el programa de gobierno del actual Jefe de Gobierno. Cual Mandrake, Marcelo Ebrard lo hizo aparecer debajo de su manga en un abrir y cerrar de ojos, mala práctica si se consideran los elevados montos involucrados y los altos impactos urbanos, económicos y sociales que a futuro esta obra va a producir. Involucrar a la comunidad desde un principio en el proceso de toma de decisiones urbanas no es sólo una sana práctica democrática, sino además una buena manera de concebir mejores proyectos, que una vez consensuados tienen vía libre para un rápido y eficiente desarrollo.

Ya que nos saltamos este paso, no nos queda otra que irnos derechamente a la fase de evaluación, que es cuando se miden no sólo los impactos ambientales, sino también los beneficios económicos y sociales de las iniciativas. Como la fe pública se encuentra un poco dañada al no ser considerada la opinión de los ciudadanos en la discusión inicial, el ideal es que los estudios de impacto sean realizados por alguna institución cuya integridad e imparcialidad estén fuera de toda duda. No conozco a la gente de la consultora que realizó la Manifestación de Impacto Ambiental, y no tengo por qué dudar de su profesionalismo y honestidad, pero si yo hubiera estado a cargo del proceso, habría seleccionado a una institución -ya sea pública o privada- de común acuerdo con los representantes de las comunidades más afectadas por la obra y que se oponen a ella, cosa de garantizar transparencia y de dotar de credibilidad a un proceso que por su propia naturaleza requiere de un amplio apoyo ciudadano. ¿Existirían las mismas críticas al estudio si éste hubiera sido realizado por la UNAM, por ejemplo? ¿Habría tanta sospecha de asuntos oscuros si la evaluación ambiental contara con el aval de dicha institución? Probablemente no.

Ahora bien, la Secretaría de Medio Ambiente del DF recibió la Manifestación de Impacto Ambiental de un proyecto que resulta prioritario para su jefe directo, quien ha dicho en todos los tonos que se va a construir sí o sí. ¿Qué tipo de evaluación se puede esperar en estas circunstancias? ¿Es posible esperar un fallo adverso a la Supervía cuando el evaluador del proyecto es a la vez juez y parte del mismo? Por si quedaran dudas, la Secretaria Martha Delgado, alguna vez ambientalista, señaló recientemente a la prensa que está “muy complacida” con la iniciativa, “porque es una obra que está muy pensada con una arquitectura natural lógica”. Vaya a saber uno lo que esto significa, pero al menos en esta instancia la suerte parece estar echada. Lo correcto sería que el proceso de análisis estuviera conformado por dos instancias, una de alto perfil técnico, con especialistas que den garantías de independencia y profesionalismo a todas las partes, y otra de corte político, integrada por representantes con alto grado de apoyo ciudadano. Esta última sí existe, con todas sus virtudes y defectos, en la Asamblea Legislativa, pero la primera sigue faltando, y es una de las razones por las cuales gran parte de la población siente que hay gato encerrado detrás de todo esto. ¿Alguien tomará en consideración las opiniones de los 19 expertos? Difícil, muy difícil.

Como suponemos que la aprobación de la obra va a pasar por un tubo (de otra manera no se hubieran ejecutado las expropiaciones de rigor), a la ciudadanía al parecer no le va a quedar otra que exigir participar en el seguimiento de la construcción, para así velar que al menos se ejecute lo que se prometió y no aparezcan los acostumbrados goles de media cancha tan habituales en estos menesteres. Crear una asamblea de vigilancia ciudadana para las grandes obras de infraestructura urbana no es una mala idea, no sólo para velar por su correcta ejecución, sino porque además dificulta la aparición de esos sempiternos invitados a estos eventos que son la corrupción y los malos manejos administrativos y presupuestarios.

Hacer que el daño valga la pena

Edward Burtynsky, Highway #5, Los Angeles

A diferencia de Martha Delgado Peralta, Secretaria de Medio Ambiente del DF, quien en su página web se autoproclama sin ningún tipo de recato como “la principal líder del movimiento ambientalista en México que participa en la sociedad política”, yo no me considero un fanático ambiental, a lo más alguien preocupado por el desarrollo urbano de calidad, consciente de que, querámoslo o no, éste siempre va a alterar el entorno natural en donde se inserta. En lo personal no me molesta mayormente que exista un daño ambiental moderado si es que la ejecución de determinadas obras redunda en un gran beneficio económico y social. Así, debo reconocer que no me quita mayormente el sueño que se talen determinados árboles (se dice que mil 500) para construir la línea 3 del Metrobús. El ideal es que no se hiciera, y un buen urbanista pone todo su empeño en esto, pero si el precio que hay que pagar por tener una nueva línea de transporte público de calidad es la pérdida de este millar y medio de árboles, yo lo pago de todas maneras, que finalmente el beneficio ambiental del Metrobús es mucho más grande que la pérdida por las especies taladas, y por ello el sacrificio es válido. Distinto es el caso de la Supervía Poniente, donde los beneficios económicos y sociales son mínimos o nulos, mientras los costos urbanos y ambientales son gigantescos. Aquí la balanza está claramente desequilibrada (curiosamente por el mismo que propone la línea de Metrobús), y los costos de esta situación lamentablemente son muy difíciles de reparar en el futuro. Es por ello que espero que Ebrard muestre un poco de sensatez en esta ocasión, la misma que demostró para cancelar el proyecto del tranvía en el centro histórico, y lea las observaciones de los 19 expertos. La ciudad, sus habitantes y el medio ambiente se lo agradecerán.

Una perlita

Copio textual la noticia aparecida en El Universal el pasado viernes 4 de junio:

“…el secretario de Obras y Servicios capitalino, Fernando Aboitiz, reconoció que el trazo de la Supervía Sur-Poniente se mantuvo en relativa secrecía para protegerlo de especuladores financieros.

Sostuvo que si avisaban antes sobre el proyecto, primero hubieran tratado de evitarlo y segundo hubieran buscado encarecer el precio de los terrenos y por consecuencia el proyecto.”

¿Para evitar que aparecieran los especuladores de siempre, o para que este grupo quedara reducido al de los cuates? Están dadas todas las condiciones para pensar mal.

Más transparencia hay en las aguas de Xochimilco.

7 Comentarios on Esa esquiva transparencia ambiental

  1. Excelente texto!
    Cada vez estoy más convencida de la necesidad de la existencia de un organismo NO gubernamental con participación académica, ciudadana, empresarial, etcétera encargado de evaluar las MIA’s porque resulta que las obras que reúnen una gran cantidad de impactos (negativos) ambientales, sociales y hasta económicos suelen tener como promovente al Gobierno. Como bien dices: juez y parte

  2. Es el segundo sexenio consecutivo después del de la pobre gestión ambiental de Claudia Sheinbaum que las MIAs son solo un trámite. Necesitamos cambiar la Ley Ambiental, pero hacia donde? No todas las obras están mal evaluadas, se podrían incluir como dice Sofía, ONGs para el caso de obras que impulsa el propio gobierno, o bien obras mayores a X millones. Gracias, Rodrigo por tu excelente análisis.

    • Rodrigo Díaz // 22 junio 2010 en 4:56 pm // Responder

      Por ahí va la cosa. En el actual sistema caen justos por pecadores, y estudios que a lo mejor están bien realizados y fundamentados también tienen sobre ellos el peso de la desconfianza ciudadana. Un sistema transparente no sólo es un derecho de la población, sino también una buena manera de agilizar la ejecución de proyectos que por su naturaleza requieren un alto grado de consenso.

  3. Onesimo, como siempre un articulo bien analizado y fundamentado en la ciencia y en la experiencia

    • Rodrigo Díaz // 22 junio 2010 en 4:52 pm // Responder

      Estimado Archibaldo,

      Tengo la impresión que nos equivocamos de blog. En todo caso, también concuerdo en que a Onésimo le quedó bastante bueno su último artículo sobre el tema.

  4. Rodrigo,

    La ciudad de México prácticamente no tiene espacios naturales, hay parques y un par de bosques que no representan beneficios significativos a estas alturas de desarrollo urbano y la solución para este tipo de problemas no es sino la planificación familiar, reducir el numero de personas exponencialmente y educación a las generaciones venideras.

  5. Cristina Barros // 24 junio 2010 en 6:09 pm // Responder

    Rodrigo, mucha miga hay en tu artículo, como suele suceder con lo que escribes. Comentarios como el de los 19 especialistas en torno a la MIA serían suficientes para solicitar una nueva o para detener la obra, pero si ves los comentarios del CEMDA, con los que estoy de acuerdo, el secretario de Obras se refiere ya a hechos consumados. Así ha ocurrido también con la secretaria de Medio Ambiente que en ningún momento ha planteado la posibilidad de dar un dictamen negativo. Su línea ha sido desde el incio hablar de “mitigación”. Esto significa que las cartas están ya jugadas y que sólo con la participación ciudadana y la de los comunicadores honestos podremos detener esta agresión que pone en riesgo el futuro de la Ciudad. Y sí ojalá que el Jefe de Gobierno tuviera la cordura de detenerla ante el evidente descontento ciudadano y los riesgos que implica esta supervía.

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