El anacronismo del impuesto a la tenencia vehicular

Está claro que el problema no es la tenencia de un automóvil, sino el uso que se hace de él. Países que son considerados como ejemplo del uso masivo de medios de transporte público y no motorizados, como Holanda y Dinamarca, exhiben tasas de motorización superiores a las de cualquier país latinoamericano, llegando a más de un automóvil por cada dos habitantes, situación que sería una locura en ciudades como las nuestras, pero que en países como los antes citados se puede manejar perfectamente, ya que los dueños de estos coches usualmente los sacan a circular sólo cuando es estrictamente necesario. No es sólo un asunto de cultura, también la morfología de las ciudades ayuda bastante. Urbes compactas donde predominan los usos de suelo mixtos, conectadas por espacios amables con el peatón y el ciclista, y donde el transporte público tiene preferencia de circulación, conducen invariablemente a trayectos más pequeños, viajes más cortos, y por lo tanto a mayor prescindencia en el uso del automóvil particular.

Porque el problema no es la posesión, sino el uso que se da a un vehículo, es que soy un firme partidario de la eliminación del impuesto a la tenencia vehicular, aunque por razones muy distintas a las esgrimidas por el gobierno de Felipe Calderón, que acaba de anunciar su disminución progresiva hasta llegar a cero para automóviles de un precio inferior a los 250 mil pesos (poco menos de 20 mil dólares). Tal como lo expliqué más latamente en un artículo publicado hace poco más de un año, tres son las razones que me impulsan a oponerme a este gravamen. En primer lugar, porque premia a los conductores de automóviles viejos, muchos de ellos altamente contaminantes, quienes pagan mucho menos que quienes poseen coches nuevos equipados con tecnologías más amigables con el medio ambiente. En segundo lugar, porque los dineros recolectados por esta vía se utilizan para financiar partidas muy diversas, desde zoológicos a cócteles oficiales, los cuales en su mayoría tienen poco y nada que ver con el tema del transporte en la ciudad. Por último, porque este impuesto nos hace creer que a través de él estamos pagando por todos los daños que produce la decisión de conducir un automóvil en la ciudad, y que por ello tenemos derecho a utilizarlo cuantas veces nos dé la gana. Cuales comensales de restaurant que ofrece buffet, que para maximizar la rentabilidad de la inversión comen hasta que les da hipo, algo parecido sucede con los conductores y el impuesto a la tenencia, cuyo costo se relativiza en la medida que se utiliza más el automóvil. De esta manera, el impuesto resulta más liviano para el que utiliza su auto todo el día, quien prorratea el costo de la tenencia entre muchos viajes, mientras aquel conductor que usa el coche de manera moderada se ve castigado por una incidencia mayor del impuesto en el costo total de cada viaje. En otras palabras, la tenencia sale muy cara si se hace un solo viaje al año, pero tremendamente barata si es que estos viajes son muchos en el mismo período.

Las razones ofrecidas por Calderón en rueda de prensa están muy lejos de esto; más bien apuntan a facilitar la adquisición de automóviles por parte de familias de ingresos medios, lo que constituiría un gran favor para la industria automovilística nacional y de paso ayudaría a su partido a ganar uno que otro voto en las elecciones venideras, algo que no le vendría nada de mal en tiempo de vacas flacas. Sí, es cierto que esta medida puede significar un espaldarazo a la economía de varios miles de trabajadores que viven de la construcción de autopartes y del ensamblaje de automóviles en varias ciudades del país, pero también es bueno tener en cuenta que las consecuencias urbanas de esta decisión pueden ser nefastas. En momentos donde el discurso público apunta a la creación de ciudades más sustentables (¿habrá un término más manido y difuso?), y en que el gobierno reitera en todos los foros internacionales su compromiso irrenunciable con la preservación del medio ambiente y los recursos naturales, la decisión de facilitar la compra de vehículos particulares equivale a querer apagar un incendio con gasolina. ¿Cualquier medida es válida con tal de fomentar la generación de empleo? ¿Y si se permite la caza de ballenas en costas mexicanas, o la tala de bosque nativo actualmente protegido? Ambas actividades generarían un montón de trabajos, y producirían una derrama económica importante en varias ciudades del país; ni hablar de la legalización de las drogas. En materias urbanas como ambientales no se puede borrar con el codo lo que se escribe con la mano, y si hay unanimidad a la hora de decir que en las metrópolis mexicanas sencillamente ya no caben más autos, resulta difícil comprender que la decisión de terminar con el impuesto a la tenencia no venga aparejada con ni una política destinada a desincentivar el uso del automóvil.

Quizás por aquí venga el principal problema. Tal como dije en un principio, soy firme partidario de la eliminación de este impuesto, y no tengo ni un problema en que la mayor cantidad de gente pueda adquirir un automóvil, que es lo que busca el gobierno, pero sí me preocupa que esto no se acompañe de medidas tendientes a fomentar un uso responsable y eficiente del mismo, que sí se puede tener una alta tenencia y una baja utilización, tal como sucede en gran parte de los países desarrollados. ¿Qué medidas sería necesario tomar, por ejemplo? En primer lugar, hacer una progresiva disminución del subsidio a la gasolina, que anualmente significa un despilfarro de más de 15 mil millones de dólares, y cuyos principales beneficiarios son quienes pertenecen a la mitad de más altos ingresos del país, quienes no pagan el costo real que el conducir tiene hoy en día. En segundo lugar, creo que se hace cada día más necesario implementar sistemas de tarificación vial en las ciudades más congestionadas, quizás la mejor manera de distribuir un recurso escaso como lo son las vías urbanas. Algo parecido debiera hacerse con los estacionamientos, disminuyendo su número e instalando un sistema de parquímetros en las áreas de mayor demanda, una de las maneras más efectivas que se conocen de regular el tráfico vehicular. Por último, ya va siendo hora de empezar a planificar la implementación de dispositivos electrónicos que permitan el cobro por la utilización que se hace del automóvil, algo parecido a los que sucede con los celulares, donde mientras más se ocupa el sistema, más se paga por él. Hoy día ya se han desarrollado tecnologías que permiten la instalación de pequeños dispositivos al interior de los automóviles que permiten registrar tiempos, distancias y lugares de uso, pudiéndose considerar variables como la cilindrada del vehículo o la incorporación de tecnologías no contaminantes para el cálculo de una tarifa a pagar por los perjuicios ambientales que ocasiona la decisión de hacer circular un automóvil en la ciudad. Este sistema, bastante más justo que el pago de la tenencia, premia a quien hace un uso responsable y eficiente de su automóvil, castigando al que lo utiliza hasta para ir a comprar una Coca Cola a la esquina, quien tendría que desembolsar una fuerte suma de dinero a fin de mes. De hecho, en Holanda se está a punto de lanzar un sistema como el descrito, lo que supone una verdadera revolución en la manera como nos enfrentamos al fenómeno del automóvil y su negativo impacto ambiental.

Y es que está comprobado que a nivel urbano el bolsillo es el que primero reacciona a la hora de introducir cambios de conducta en la ciudadanía, y todas aquellas sociedades que han sincerado el verdadero costo de circular en sus ciudades lo han comprobado de manera positiva. Aunque esto duela.

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5 Comentarios en El anacronismo del impuesto a la tenencia vehicular

  1. Muy buen artículo. Otra vez.

  2. Jorge López de Obeso // 25 junio 2010 en 8:32 pm // Responder

    Rodrigo, me parece un excelente articulo. Estoy interesado en recibir más de estos y en establecer contacto. Saludos

  3. Estoy convencido de que la tenencia no es el impuesto correcto a los automóviles, sino que debe gravarse el uso. Yo por lo regular me inclino por tasar la gasolina, aunque algunos estudios también marcan el agotamiento de modelos basados sólo en el cobro en la gasolina, y hay que castigar el uso en horas pico, el uso en ciertas rutas, el estacionamiento, etc.
    El tema de la eliminación de la tenencia en México sí me tiene contrariado. Es cierto que no es tan grave tener auto como usarlo. Yo tengo coche aunque principalmente me muevo en transporte público. Pero lo que me parece grave es la manera en que Felipe Calderón y el PAN trivializan el tema: en vez de llevar a la sociedad a una discusión de lo que debe pagar cada usuario. Insisto, hay que castigar el uso y no la propiedad, pero el impuesto a la propiedad es mejor impuesto que el no impuesto … y la situación a la que nos está llevando Calderón es al no impuesto. Esa trivialización del impuesto es la que me molesta.

  4. Excelentes publicaciones coincido en casi el 100% de tus comentarios y te felicito…!! espero seguir en contactocontigo..!!

  5. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    Debemos cobrar impuesto al Uso del auto, que es lo que causa los costos externos o sociales, y destinar esos recursos a la ampliacion y mejora del TransPub y movilidad activa en bici o caminando.

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