El futuro es COMICO: compacto, mixto, conectado

De las 6 familias básicas de contaminantes que provocan el calentamiento global, la que mayor incidencia tiene es el dióxido de carbono, más conocido como CO2, que aporta un nada despreciable 43 por ciento del total de los gases causantes del efecto invernadero. De acuerdo a los datos aportados por el Programa Específico para el Desarrollo Habitacional Sustentable ante el Cambio Climático, documento publicado por la CONAVI en diciembre de 2009, un 3 por ciento de estas emisiones de CO2 proviene de las viviendas por concepto de consumo de energía eléctrica y gas. Como ya es sabido, una buena manera de reducir estas emisiones es mediante la instalación de ecotecnias como calentadores de agua solares y focos ahorradores de energía, los que pueden lograr hasta casi un 40 por ciento de disminución en la cantidad de dióxido de carbono emitido al ambiente por una vivienda de unas dos recámaras construida en zonas templadas. Las emisiones de CO2 aumentan de manera sustantiva en zonas muy cálidas, debido principalmente al uso de equipos de aire acondicionado, especialmente si estos son viejos o no tienen un adecuado mantenimiento. En lugares así, como Hermosillo o Mexicali, la producción de CO2 de una vivienda típica puede llegar a casi 4 toneladas al año. Sin embargo, y tal como lo señala un estudio efectuado por el ingeniero Gabriel Quadri,  en una región de estas características se puede disminuir sensiblemente la cantidad de emisiones de gases contaminantes si se instalan equipos de aire acondicionado eficientes acompañados de una buena aislación térmica de la vivienda. ¿Qué tanto? Casi un 60 por ciento.

Por otro lado, a estos beneficios habría que añadir las reducciones indirectas que se producen por concepto de ahorro en la producción de energía eléctrica, que no son menores si se considera que la generación de esta energía contribuye con el 19 por ciento del total de emisiones de CO2, y que de ésta el 25 por ciento se destina al consumo domiciliario.

Ahora bien, y de acuerdo al Inventario Nacional de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero, publicado en 2006 por INE y Semarnat, el 18 por ciento de las emisiones de CO2 tienen origen en la combustión de gasolina y diesel en el sector transporte. De esta cifra, alrededor del 80 por ciento es aportado por automóviles particulares, que sólo transportan un tercio de la población, generalmente la de mayores ingresos. Sólo para hacernos una idea, y utilizando esa magnífica herramienta que es ceroco2.org, si consideramos un automóvil que al año recorre unos 20 mil kilómetros, algo absolutamente normal, y que este coche tiene un consumo promedio de 12 kilómetros por gasolina en la ciudad, algo que tampoco es del otro mundo, tendremos una producción de casi 4 toneladas de CO2 anuales, prácticamente lo mismo que una vivienda localizada en la más desventajosa de las condiciones climáticas de México, y casi tres veces más que lo emitido por una vivienda promedio en una zona templada. Esto para un solo automóvil, que si son dos en una casa la cantidad de contaminantes también se duplica. Si en vez de tomar como ejemplo un auto común y corriente consideráramos un Hummer H2, que produce 412 gramos de CO2 por kilómetro, la cantidad de gases emitidos en el mismo período y para la misma distancia recorrida sube a más de 8 toneladas. Sólo como referencia, el híbrido Toyota Prius, considerado como el modelo de automóvil sustentable, produce 104 gramos de CO2 por kilómetro, o si se quiere, poco más de 2 toneladas al año si se consideran los mismos 20 mil kilómetros recorridos. En otras palabras, el Prius, ecológico y todo, emite más CO2 que una vivienda común y corriente del valle de México, y eso que sus conductores juran que le están haciendo un favor al medio ambiente cuando lo conducen por la ciudad.

La clásica respuesta que se da para enfrentar este problema es el desarrollo de automóviles que utilicen fuentes de energía distintas de los combustibles fósiles, como la eléctrica. En lo personal, no creo que la solución vaya por allí, que después de todo esa energía extra requerida habrá que generarla de alguna manera, ya que dudo que la capacidad instalada en la actualidad dé para alimentar eléctricamente a todo el parque vehicular mundial, y la generación de más electricidad, al menos en México, produce altas cantidades de contaminantes. En otras palabras, cambiaríamos una fuente de contaminación por otra, un poco más amable pero contaminante igual (recomiendo sinceramente leer Green Metropolis de David Owen, quien se explaya con harta mayor gracia y detalle sobre este tema).

Compacto, mixto, conectado

¿Entonces? Como no hay automóvil más ecológico que el que no se ocupa, en mi modesta opinión la respuesta a nuestros problemas debe ir sencillamente por el lado de implementar políticas tanto para disminuir el uso del auto particular en la ciudad como para fomentar la utilización de transporte público y de medios no motorizados. No basta con la construcción de ciclopistas o la implementación de nuevas líneas de Metro o de sistemas BRT como el Metrobús, fórmula mágica que puede ser absolutamente ineficiente si no se crea un contexto adecuado para su funcionamiento. ¿Y cuál es ese contexto? Uno caracterizado por el desarrollo urbano guiado por tres elementos esenciales y que yo denomino COMICO: compacto, mixto y conectado. Compacto porque nada favorece más a la difusión de la caminata y la bicicleta que la existencia de trayectos cortos, poco cansadores, y que permiten llegar a destino sin estar jadeando o convertido en un mar de transpiración. Una ciudad compacta favorece también la implementación de sistemas de transporte público como el Metro o los BRT, que necesitan altas concentraciones de demanda, dadas por una alta densidad constructiva, para ser financieramente rentables.

Lo mixto está dado por la heterogeneidad en el uso de suelo, la mejor manera de crear distancias cortas en la ciudad. Fuentes de trabajo, comercio, servicios y equipamiento mezclados con las áreas residenciales disminuyen los tiempos de viaje, minimizando la dependencia del automóvil y favoreciendo medios no contaminantes como la caminata y el pedaleo al interior de la ciudad. El último elemento, lo conectado, es fundamental para la articulación de los dos primeros, que de poco sirve tener una ciudad compacta y de usos de suelo mixto si no hay suficientes y adecuadas conexiones entre los distintos puntos de destino. Está más que comprobado que el gran impulsor de los medios de transporte no motorizados a nivel urbano es la existencia de una red vial interconectada que desconcentre los flujos vehiculares y ofrezca una gran variedad de posibilidades de desplazamiento tanto al peatón como al ciclista. Áreas urbanas con gran densidad de nodos y vías generalmente son aprovechadas por aquéllos que prefieren desplazarse por sus propios medios, y que ven en la multiplicidad de alternativas de recorrido el escenario ideal para trazar rutas que maximicen su tiempo y el placer de la experiencia de moverse en la ciudad (yo que vivo cerca del centro de Coyoacán compruebo esto todos los días, inventándome rutas que hacen de la caminata una experiencia siempre distinta, y por ello tremendamente atractiva).

Con estos argumentos no estoy invalidando en absoluto la instalación de ecotecnias en las viviendas, que indudablemente son un aporte que es necesario difundir, pero sí señalo que a la hora de fijar prioridades para enfrentar el cambio climático desde el sector vivienda, no tengo ni una duda en poner en primer lugar a aquellas iniciativas orientadas a la disminución de las emisiones de CO2 en el transporte. Y es que tan importante como la vivienda es la manera en que se conectan entre ellas y con el resto de la ciudad, que política de vivienda sustentable que no está aparejada con una política de transporte sustentable es huérfana, incompleta y condenada al fracaso. Como ya he señalado en éste y otros artículos, gran parte de las estrategias para esto son relativamente simples, y están relacionadas básicamente con volver a construir la ciudad teniendo al ser humano, su escala y necesidades como las guías del desarrollo urbano, tal como se hizo por siglos antes que entrara en escena el ídolo del automóvil.

Quién lo diría, pero el futuro de la ciudad es COMICO.

3 Comentarios en El futuro es COMICO: compacto, mixto, conectado

  1. Dafne López // 9 julio 2010 en 9:01 am // Responder

    ¡Buenísimo!

  2. Coincido contigo. Ayer precisamente veía un video de una conferencia del Arq. Jaime Lernes y su concepto de Acupuntura Urbana que es lo que ha estado haciendo desde hace 40 años en Curitiba, Br. y el concepto es el mismo: movilidad sustentable!

    De nuevo… excelente artículo

  3. Perdón… es Jaime Lerner con “r”

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