Los vecinos de Sánchez

Escribe Fernando Sánchez Paredes, Gerente General de la Asociación de Colonos Zedec Santa Fe A.C., 5 razones que a su juicio –y supongo que la de sus representados- justifican la construcción de la Supervía Poniente:

  1. Santa Fe es un destino que diariamente congrega a un cuarto de millón de personas que viven, estudian y trabajan allá.
  2. Santa Fe es una zona de paso para miles de personas que vienen de Toluca, Cuajimalpa u otras zonas del poniente de la ciudad.
  3. Santa Fe carece de una infraestructura vial adecuada.
  4. No hay un sistema de transporte público adecuado para las necesidades de la zona.
  5. Santa Fe está recién al 50 por ciento de su desarrollo potencial (aquí los ojos se les ponen como el dos de oros a los desarrolladores y especuladores que se han hecho millonarios por esos lados).

¿Y? ¿Qué tiene que ver esto con la construcción de una vía expresa urbana de seis carriles? Al igual que en los pobres argumentos esgrimidos hasta el momento por el gobierno de la ciudad, lo que hace Sánchez no es más que enumerar un conjunto de hechos que requieren de una respuesta desde el punto de vista de la movilidad, pero que en modo alguno justifican el levantamiento de una megaestructura inspirada en un modelo que ha fracasado en el mundo entero y en la ciudad de México también (el que se dé el trabajo, descubrirá que los argumentos esgrimidos para avalar la construcción de la Supervía no son más que un copy – paste de los utilizados pocos años atrás para respaldar la construcción segundo piso del Periférico).

No hay que culpar a Sánchez; él no es un especialista, y cree de buena fe que los problemas de transporte en zonas de alta concentración de actividades se resuelven multiplicando exponencialmente la superficie destinada a vialidad. Por lo demás, ése es el discurso oficial que en su momento sirvió como sustento teórico primero para la construcción de ejes viales, y cuando estos se vieron saturados, para el levantamiento de vías expresas intraurbanas como el segundo piso del Periférico o el Viaducto Bicentenario. Ha importado poco que la realidad nos haya dicho una y mil veces que este tipo de soluciones no hacen más que inducir más tráfico, quedando obsoletas a los pocos meses de uso, o que el modelo haya sido prácticamente desterrado en el mundo desarrollado, que igual se sigue insistiendo en él, como si a fuerza de perseverar algún día vaya a funcionar.

¿Qué hacer entonces?

Lo anteriormente dicho no invalida en absoluto las legítimas preocupaciones del señor Gerente General (sólo en un lugar como Santa Fe un representante vecinal ostenta un título así). Después de todo, es imposible negar las urgentes necesidades en materia de transporte de una zona levantada sin otra perspectiva en mente que no fuera la del enriquecimiento rápido y fácil. La solución no es tan sencilla, pero si echamos un vistazo a los vecinos de Sánchez quizás encontremos la respuesta.

En primer lugar, están los residentes propiamente tales, entendidos como aquéllos que llegaron a vivir al lugar en los últimos 10 años (un análisis más justo también debiera incluir a las familias que han vivido en condiciones miserables en las barrancas por décadas, pero como el proyecto de la Supervía jamás pensó en ellas, prefiero no tomarlas en cuenta en esta ocasión). No tengo idea cuántos son estos residentes, pero sí tengo bastante claro que pertenecen a la clase más acomodada de la ciudad, digamos el 10 por ciento más rico de la población capitalina. A diferencia de los habitantes de zonas como Tecámac, Ixtapaluca o Zumpango, que residen en esos lugares al no haber en el resto de la ciudad una oferta de vivienda adecuada al tamaño de sus bolsillos, los residentes de Santa Fe hicieron su elección habitacional de manera absolutamente libre, a sabiendas de las graves deficiencias que en materia de transporte e infraestructura presentaba el sector. En otras palabras, se trata de gente a la cual sus ingresos les permitían instalarse en cualquier área mejor conectada de la ciudad, como Polanco, la Condesa o la del Valle, pero que libremente decidieron sacrificar tiempo perdido desplazándose por otros atributos que para mí son un misterio pero que ellos sí supieron encontrar en Santa Fe. La solución que pide este grupo –que conoce el transporte público sólo de oídas- pasa por aumentar de manera drástica los espacios para la circulación vehicular, no importando mucho que haya que pagar por ello. Dicho de otra manera, son pocos en la ciudad, pero piden mucho de ella.

Los otros vecinos de Sánchez son los miles que a diario acuden a la zona a estudiar o trabajar, gente que en muchos casos no eligió Santa Fe como punto de destino, que cada día malgastan 3 o más horas desplazándose, y que mayoritariamente (digamos dos tercios) se moviliza en transporte público. Este detalle no es menor, ya que aunque esté catalogado como un sector de altos ingresos, la mayor parte de los viajes desde y hacia Santa Fe se hacen a bordo de autobuses, muchos de ellos en condiciones que dejan bastante que desear. En este sentido, lo que estas personas requieren antes que nada es un sistema optimizado de transporte público, que haga sus recorridos más breves y agradables. Son muchas personas, pero a diferencia del primer grupo no piden tanto a la ciudad.

Dado este escenario, vale la pena preguntarse qué tan conveniente es plantear una solución orientada básicamente a la circulación de vehículos particulares de personas que tuvieron en sus manos la posibilidad de elegir un lugar de residencia mejor conectado. ¿Es justo que los habitantes de La Malinche y el resto de la Magdalena Contreras paguen las consecuencias de este capricho y de la voracidad sin límites de los que se han forrado en dinero creando ciudad sin recurrir a criterios básicos de planificación? No, no me parece que lo sea, como tampoco me parece inteligente lo que se propone, una solución que no hace más que fomentar la entrada de más automóviles al ya saturado espacio vial de la ciudad. Sus promotores dicen que la Supervía tiene un profundo sentido social al permitir que sobre ella circulen vehículos de la locomoción colectiva, pero lo que ellos no tienen en cuenta es que estos autobuses en el corto tiempo no harán más que compartir congestión con los miles de autos particulares que inundarán la vía al poco tiempo de inaugurada, tal como ha sucedido históricamente gracias al ya popularizado fenómeno del tráfico inducido, que es más real de lo que muchos escépticos creen (una vez más, sólo basta mirar el segundo piso del Periférico en horas punta para probar la veracidad de esto).

Distinto sería el caso si la autoridad hubiera planteado un sistema de vías exclusivas para autobuses como el Metrobús, tal como hace unos pocos días sugirieron investigadores del IPN en conjunto con una organización comunitaria. No he visto en detalle su propuesta, pero suena bastante más razonable que la impuesta por el gobierno capitalino. Detalles más, detalles menos, los beneficios de esta idea parecen evidentes: menor costo de construcción (dos carriles en lugar de 6), menor impacto ambiental tanto de la obra como de los vehículos que sobre ella circulan, alto impacto social al ofrecer un sistema de calidad probada a los sectores que no se desplazan en automóvil particular, y lo más importante: el poder brindar viajes de duración garantizada a lo largo del tiempo, algo que ni una vía abierta al resto de los automóviles puede prometer.

No será muy bonito, pero un Metrobús elevado como el Expresso Tiradentes de Sao Paulo puede ser una respuesta más que adecuada para Santa Fe, teniendo como ventaja extra el dejar las vías existentes para la circulación exclusiva de automóviles particulares, algo que los colonos y quienes se desplazan en este medio de transporte también agradecerán (claro que no hay que decirles que esta situación es pasajera, que tarde o temprano el espacio dejado por el transporte público vuelve a ser llenado por nuevos automóviles, y que al poco tiempo todo vuelve a fojas cero. ¿Les importará esto? A lo mejor no, que para los vecinos de Sánchez este cuento del tráfico del tráfico inducido no es más que eso: puro cuento).

7 Comentarios en Los vecinos de Sánchez

  1. Se dotan de un discurso retórico y hueco hasta el máximo para ocultar toda la red clientelar a la que van dirigidas sus políticas. La política de infraestructuras de un gobierno en modo alguno es neutral o pretende satisfacer necesidades sociales. Solo pretende conceder favores, debidamente justificados, a las constructoras. Es la dictadura de las constructoras.

  2. Santa Fe es una tontería que no debió hacerse hace 21 años. Para que esa estupidez siga funcionando proponen la Supervía. Ésta saturará las calles y avenidas que rodean su acceso en San Jerónimo, pero como es de cuota podría no saturarse dentro de la autopista, sólo sus accesos y salidas. Dentro de 15 ó 20 años, luego de un resurgimiento inmobiliario de Santa Fe (hoy sus precios van hacia abajo), alguien dirá ¡ampliemos la autopista! como respuesta a las largas filas para salir o entrar a ella.

    Si llegara un enemigo y dijera: te voy a tirar una bomba, pero te dejo escoger dónde cae. Los más ricos dirían en la Santa Julia, en Neza, en Iztapalapa. Los más pobres dirían en Las Lomas o en el Pedregal. Los urbanistas, sin duda alguna dirían: en Santa Fe por favor. Ese bodrio no debió haberse hecho, hay que darle soluciones, pero las soluciones deben ser hacia la sustentabilidad y no hacia un círculo vicioso en el que invariablemente terminemos como estamos hoy, con tráfico y sin viabilidad inmobiliaria.

  3. Coincido sólo en una cosa: cuando construyeron Santa Fé no imaginaron el crecimiento y la importancia que iba a cobrar para la economía de la ciudad. Pero qué se hace? le aventamos una bomba para que ya no exista?

    Desafortunadamente tu post cae en la denotación de resentimiento social, descalificas las necesidades de comunicación vial de Santa Fé sólo porque ellos tienen posibilidades económicas superiores a la media. Mal discurso para defender el no a la supervía.

    La idea de Metrobús es, como ya se comprobó, inviable porque las vías por las que proponen que circule no cuentan con las características de tamaño, son muy reducidas.

    Ahora dime tú, ¿15 personas de La Malinche son mayoría en una ciudad con millones de habitantes? y digo 15 personas xq la última vez q fui a una reunión son ellos a ese número ascendía (¿?) el número de asistentes contándome a mí.

    • Rodrigo Díaz // 20 agosto 2010 en 9:50 am // Responder

      Estimado Diego,

      Muchas gracias por tomarte la molestia de leer mis líneas. Lamento haber escrito de manera tan poco clara mis argumentos, los que pueden hacer creer que no me importan en absoluto los problemas de movilidad de Santa Fe. Sí me importan, y bastante, y por eso he dicho en todos los tonos posibles que la Supervía es una mala solución, tanto para los que se mueven en transporte público como privado, y que sólo beneficia a los constructores de la obra. La construcción de líneas de Metrobús es absolutamente factible, sobre todo si se consideran modelos como el de vía elevada bien ejemplificado en el caso del Expresso Tiradentes de Sao Paulo.
      Insisto, el que una zona concentre una gran actividad económica y residencial no justifica en absoluto la construcción de vías expresas (por algo en el mundo desarrollado ya nadie lo hace). El desastre de Santa Fe va a tener solución en la medida que se creen políticas que tengan al transporte público como eje prioritario. ¿Y qué hacen los actuales residentes que hoy día se desplazan en automóvil? Tienen dos opciones: o cambian su manera de movilizarse, o se aguantan las consecuencias de sus decisiones residenciales. Pretender vivir en Santa Fe y además desplazarse rápidamente al resto de la ciudad en automóvil es pedir demasiado, y es bueno saberlo desde ya.
      Por último, me da lo mismo que me llamen resentido. Tengo la fortuna de tener una situación económica bastante mejor que la mayoría de los mexicanos, pero no por ello dejo de tener en claro que la prioridad en la elaboración de políticas urbanas la deben tener siempre los sectores de menores recursos, y si eso significa que los que ganamos más tenemos que jodernos un poco, lo acepto de buena gana.

    • Rodrigo, hablas de “15 personas”. ¿Por qué crees que tan poca gente de la colonia Malinche asistió a la reunión a la que dices? Porque a lo largo de los años, la intransigencia constante de las autoridades, y muy especialmente la nula atención que ponen a quien no tiene recursos económicos para potenciar a sus demandas, nos hemos “desciudadanizando”.
      Los ex-habitantes de la Malinche tienen que trabajar. Es una zona que mayormente sobrevive de microeconomía, de autoempleo, venta informal, o servicios. Esto significa que muchos trabajan incluyendo fines de semana (pues sencillamente les es indispensable para tener qué comer día a día).Si la realidad indicara que ante argumentos de verdad recibirían resultados de verdad, probablemente hubieras visto mucha mayor concurrencia – ¿cómo si no puedes entender que quien tiene muy poco acepta sin chistar que les expropien y destruyan sus casas, así como el tejido social vecinal?
      No son quince personas los afectados. Son quince personas los que no tuvieron nada mejor que hacer, y fueron a una reunión para… que les informaran cuál sería su inescapable futuro.

    • De acuerdo en lo general con Solovino. Además no estoy tan segura que la gente que vive en Santa Fe haya tenido la opción de vivir en Polanco o la Condesa. ¿Has visto los precios de los departamentos en estos lugares? Cuando los comparas por m2, sí te hace dudar si no preferirías aguantarte las dos horas de tráfico pero obtener el triple de espacio y más amenidades.
      No digo que me guste Santa Fe, ahí trabajo (para mi mayor desdicha), pero creo que en cierta forma la ciudad también expulsa a la clase media alta y la orilla a optar por una localización que no necesariamente es lo que prefieren. Toda proporción guardada, es lo mismo que le pasa a los pobres, viven donde pueden no donde quieren.
      En todo caso, partir del cliché que los ricos tienen la culpa de todo me aburre ya, mientras sigamos teniendo esos prejuicios en la cabeza nos seguimos negando a entender su lógica. Como si por el hecho de ser ricos son malos y los pobres son necesariamente buenos e inocentes… Trascendamos ese discurso y tratemos de entender a todos, que finalmente en la ciudad hay de todo.

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