3 razones para que no prospere un buen proyecto

Christoph Gielen, Suburban California

Copio el texto de un correo que me llegó hoy en la tarde:

Este día El Poder del Consumidor y el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) señalaron que sí existen alternativas a la Supervía Poniente, como es la creación de un carril de ultra alta ocupación, exclusivo para el transporte colectivo (para más de 12 pasajeros) que ya utiliza avenida Constituyentes. Con esta adecuación, que costaría 0.4% del monto destinado a la construcción de la Supervía, todos los vehículos de pasajeros tendrían un carril preferencial por el cual se estima que podrían circular hasta a 60 kilómetros por hora. Con esta obra se daría servicio hasta a 200 mil pasajeros al día, de los cuales 20 mil podrían ser propietarios de automóviles.

¿Tiene algún futuro la propuesta de los muchachos del ITDP y El Poder del Consumidor? Detesto ser aguafiestas, pero me temo que la respuesta es un NO tipo bicentenario, casi del tamaño de una Supervía. No conozco el proyecto en detalle, pero con la información que se maneja es posible lanzar tres simples argumentos para dar tan categórico juicio:

La idea no es vistosa. Los buses y combis circulando por carriles confinados no se ven muy atractivos en los comerciales televisivos ni en los afiches publicitarios, cosa que sí ocurre con las grandes obras de infraestructura, siempre una buena carta de presentación para un político –principal artífice de la Supervía Poniente- que quiere presentarse a sí mismo como un gran hacedor de cosas. Si a eso sumamos las ambiciones presidenciales de ese político, resulta más que esperable que sus preferencias se inclinen por lo llamativo, por aquello que a simple vista y sin mayor análisis aparece ante los ojos del votante como la mejor opción, y allí el actual proyecto de la Supervía corre con una gran ventaja.

No satisface el apetito de los automovilistas, que es a quienes está dirigido el actual proyecto de la Supervía y que responden al perfil típico de los habitantes de Santa Fe (me refiero a los que llegaron allá en la última década, no a los que viven en condiciones miserables en las barrancas desde hace mucho más tiempo). Estos personajes, a quienes les gusta comprar autos por metro, y que se quejan porque la Supervía tiene tres carriles por lado en lugar de diez, jamás van a aceptar una solución que no esté centrada en el uso del transporte público, que los buses quizás son una buena solución para otros (los pobres, los extranjeros), pero no para ellos. Como dije antes, son sólo un tercio de la población, pero es el tercio que marca la pauta política, económica y social de la ciudad, y eso no es poca cosa. Los expertos podrán decirles que la Supervía está condenada al fracaso, que la congestión aparecerá en ella al poco tiempo de uso, y que al final del día los tiempos de viaje serán los mismos de ahora, pero a ellos eso no les importa en lo más mínimo: sienten que está pensada a su medida, y eso es más que suficiente para que se den por satisfechos.

Es demasiado barata. Quizás el más terrible de sus pecados. El no contemplar obras faraónicas, licitaciones bíblicas ni contratos multimillonarios la hace una solución tremendamente poco atractiva como para que los actores que promueven la construcción de la Supervía cambien de opinión. Es un hecho que detrás de la megaobra se esconden intereses económicos y políticos demasiado grandes, peces muy gordos y poderosos a los cuales argumentos como la reducción de emisiones de CO2 o la disminución de tiempos de traslado para las personas de menores ingresos les importan un sagrado rábano si no se traducen en un jugoso beneficio personal. Si ni siquiera los especuladores inmobiliarios se sienten atraídos por un proyecto así, que a diferencia de lo que pasa en el resto del mundo, en México la tierra –al menos en esos lados- no sube de valor con la llegada de sistemas de transporte público, vistos más como una plaga que como un beneficio.

¿Será que me estoy poniendo cada vez más amargado? Quizás. Aunque en una de esas me equivoco, y Marcelo Ebrard no pone cara de aburrimiento cuando le presentan la idea, y en una de esas decide dar marcha atrás y acoger la propuesta, y en una de esas le da la razón a quienes, como el ITDP y El Poder del Consumidor, creen que la sensatez y el sentido común sí tienen cabida en la ciudad. A lo mejor me equivoco.

2 Comentarios en 3 razones para que no prospere un buen proyecto

  1. Rodrigo:
    Estadísticamente, los automovilistas no son ni la tercera parte de los viajantes: hacen el 20% del total de viajes en la zona metropolitana del Valle de México y constituyen el 88% de los vehículos que diaramente circulan (y esto no incluye motocicletas ni camiones o autobuses de carga). Pero los siguen favoreciendo a ellos… ¿por qué? ¿Porque sus carros se ven más bonitos? Pues que metan transporte público atractivo, como el metrobús; que hagan líneas de metrobús por todos lados y le quiten la mitad de las carreteras a los automóviles v_v si yo fuera dictadora, eso haría 😉

  2. Estimado Rodrigo:

    Curiosamente siempre estoy al pendiente de tu blog, y el día que comentas algo en lo que yo participé estuve demasiado ocupado y luego tuve un largo viaje así que a penas hoy estoy leyendo tu comentario. Coincido contigo plenamente. Hicimos la propuesta para marcar una alternativa muy sencilla de instrumentar que modificaría radicalmente la movilidad hacia Santa Fe. La propuesta incluye un “loop” al interior de Santa Fe.

    Pocos días después de que hicimos la propuesta el delegado en Cuajimalpa salió con la insistencia del metrobús por Constituyentes. Nosotros modelamos ya el metrobús por Constituyentes y estamos revisando el proyecto para el supuesto de que se haga por Camino Real a Toluca – Vasco de Quiroga que es la que verdaderamente funciona como una ciudad. Constituyentes es ya una especie de autopista flanqueada por refrigeradores, sin gran vida urbana.

    En el mediano plazo, me parece, Vasco de Quiroga debería llevar el Metrobús y Constituyentes sí contar con un carril exprés de muy alta ocupación. Sigo optimista en que haya alguien que se anime a concretarlo.

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