Le Corbusier chino

Arriba: Plan Voisin para París, 1925. Abajo: Plan Comosellame para Shanghai, 2010

El suyo debe ser un ataúd de líneas puras, carente de todo ornamento, algo incómodo pero con espacio suficiente como para darse vuelta de alegría al saber que sus postulados urbanos finalmente se materializarán casi nueve décadas después de haber sido formulados. No será en París, donde a mediados de los años veinte propuso la demolición –reconstrucción en su lenguaje- de 40 cuarenta hectáreas de terreno “insalubres y anticuadas” para dejar el campo abierto para la construcción de macromanzanas donde se erigirían edificios de vivienda en forma de cruz rodeados de áreas verdes y conectados por circulaciones peatonales cuidadosamente separadas de las vías de alta velocidad que darían una nueva estructura a la ciudad. Será al otro lado del mundo, en Shanghai para ser más exactos, donde después de mucho tiempo se pondrán en práctica nuevamente sus postulados. ¿Qué hace que un cadáver urbano abra los ojos y resucite en un contexto tan distinto al parisino? Quizás que al arquitecto-dios le importaba muy poco el contexto.

Cuando Le Corbusier pensó el Plan Voisin para París, millones de europeos arribaban cada año a ciudades que lentamente florecían después de los estragos que la guerra dejó en las economías de sus países. A su llegada, esas hordas de nuevos obreros sólo encontraban a su disposición pequeñas habitaciones localizadas en mugrientos edificios céntricos que no cumplían con las más mínimas normas de habitabilidad. Hombre de ideas radicales, el arquitecto aprovechó la coyuntura histórica para proponer un modelo urbano que no era más que una extensión de su concepto de la máquina de habitar. Como al parecer el ideal obrero era vivir en una torre de vidrio y hormigón rodeada de autopistas, la ciudad del futuro sería vertical, altamente zonificada y con sistemas de movilidad diferenciada en los cuales se daría gran importancia a los nuevos modos de transporte cuyo uso se extendía en esos años: el automóvil y el avión (en el ideal corbusieriano el aeropuerto está en el centro de la ciudad, algo que la ciudad de México logró por vías bastante menos racionales que las del maestro).

¿Y qué pasa en China? Algo muy parecido pero a mucha mayor escala. Si continúan a este ritmo, en 15 años más los chinos habrán sumado otras 400 millones de personas a su población urbana. Dicho de otra manera, el esfuerzo que los chinos deberán hacer para absorber la enorme migración desde el campo a la ciudad equivale a la construcción mensual de una urbe con capacidad para 2.2 millones de personas durante los próximos quince años. Tarea titánica que constituye la oportunidad propicia para que Corbu despierte de su largo sueño y se levante de su incómodo ataúd de líneas puras para proponer la buena nueva a todo un país que recién viene a abrir los ojos a occidente, y que por esto mismo no se dará cuenta que el modelito que le están vendiendo se encuentra más que apolillado en su lugar de origen. Shanghai, una ciudad cuyos orígenes se remontan al año 991 a.C., descubre que el pasaporte al progreso se encuentra en las grandes autopistas urbanas, en los grandes edificios de estacionamientos, que usar la retroexcavadora para destruir lo antiguo es lo que se lleva, que las ideas de la ciudad moderna están más vigentes que nunca, y que estas pueden convivir perfectamente con las miles de torres de las más diversas formas y estilos que se levantan allí cada año. ¿Simple necesidad o una nueva burbuja inmobiliaria?

Bien lo decía el filósofo: la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa.     

2 Comentarios en Le Corbusier chino

  1. Muy buen post sobre las ideas de Le Corbusiere, muy sutil a la vez que contundente. Yo que soy un poco menos sutil me atreverí a decir que quiza es el planificador más sobrevalorado de toda la historia.

    Podeis seguirme en mi blog sobre la ciudad:
    http://citylines.wordpress.com

    Buen trabajo Pedestre!!

  2. Saludos cordiales.

    Lamentablemente la cultura china ha saltado de la evolución mágica y arrolladora de arcadia, a hollar el sendero del parasitismo tecnológico del proceder comunista de avanzada. Se hace grande a luces pero sin saber que no solo a tomado lo bueno de occidente para copiarlo sino se le ha adherido lo dañino.
    Abandonar los campos para buscar el “cobijo” de las modernas urbes de ratoneras es auto destruirse.

    Bueno…”quién no sabe la historia está destinado a repetirla” o como se diga.

    Importante es que latinoamérica tiene claro el panorama y busca a través del socialismo del siglo XXI el conscientizar a la comunidad a “volver los ojos y la vida al campo”, pero…un campo de alta tecnología y bienestar.

    Atentamente
    Erick Bojorque

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