4 razones por las cuales el subsidio a la gasolina es nefasto para el medio ambiente

Desafiando todo lo que hasta el día de ayer sostenía la literatura especializada, resulta que mantener bajo el precio de la gasolina tendría positivos efectos medioambientales. Al menos eso es lo que se desprende  del documento “Análisis de los precios y de los subsidios a las gasolinas y el diesel en México, 2007-2010”, elaborado en la Cámara de Diputados, y del cual Francisco Nieto hace una reseña en Animal Político. El argumento del estudio es bastante sencillo: el progresivo aumento del valor del litro de combustible ha hecho que muchos conductores dejen de consumir gasolina Premium y comiencen a preferir Magna, más económica, pero también más contaminante al tener una concentración de azufre muy superior a la de su pariente de mayor alcurnia.

A decir verdad, los resultados del estudio no son nada sorprendentes, sí sus conclusiones. Si se toma una muestra de unos mil automovilistas y se les pregunta si han cambiado sus preferencias en materia de combustibles a raíz del aumento en el precio de éste, resultaría más o menos esperable que una parte de ellos hubiera decidido cambiarse a la mezcla más barata; lo contrario sí hubiera sido toda una sorpresa. Si embargo, esto no es suficiente para concluir categóricamente que este cambio de conducta ha tenido consecuencias negativas en el medio ambiente. Supongamos el peor escenario, es decir, que la totalidad de los mil entrevistado se hubiera cambiado a Magna. ¿Es negativo esto? Por supuesto que sí, siempre y cuando sigan ocupando sus vehículos con la misma intensidad que cuando consumían Premium. Pero si en su afán de ahorrar estas personas además dejan de hacer algunos viajes en automóvil y prefieren el transporte público, la bicicleta o caminar, ¿estaríamos hablando de un deterioro ambiental? El problema del análisis de marras es que enfoca los efectos medioambientales producto del alza en el precio del combustible desde una sola perspectiva (la calidad de la gasolina), sin considerar que hay otros factores, cuyo impacto ambiental es tanto o más relevante, que se ven favorecidos por una política de reducción de subsidios. Es cierto, mantener artificialmente bajo el precio de la gasolina de mejor calidad puede tener algunos beneficios para el planeta, pero sus costos son mucho mayores. ¿Cuáles son estos costos? Yo identifico al menos cuatro:

  1. El subsidio a la gasolina, ya sea Premium o Magna, lo que hace en el fondo es incentivar el uso del automóvil en detrimento de otros medios más ambientalmente amigables. Está más que demostrado que cuando el precio del combustible sube, también se incrementa la cantidad de gente que decide movilizarse caminando, en bicicleta o en transporte público, alternativas más baratas y mucho más ambientalmente amigables. No olvidar: el único automóvil que no contamina es el que no circula.
  2. Dificulta la entrada en el mercado de fuentes de energía menos contaminantes, como la electricidad, gas o biocombustibles, cuyo costo de producción actualmente es mayor.
  3. Fomenta la compra de vehículos más grandes y gastadores. No es coincidencia que la entrada masiva en el mercado de Estados Unidos de automóviles japoneses (más pequeños y menos consumidores que los norteamericanos) se haya producido a mediados de los setenta, cuando el precio del petróleo a nivel internacional se elevó por los cielos. Diversos estudios señalan que hay una relación directa entre precio de la gasolina y tamaño de los automóviles preferidos por los consumidores; en otras palabras, cuando el combustible es barato, la cilindrada tiende a aumentar, y eso a la salud del planeta no le hace muy bien. Alguien dirá que un aumento en los precios de la gasolina propicia la compra de autos viejos y contaminantes. Es cierto, pero eso puede ser controlado mediante la prohibición a la importación de autos usados y estableciendo métodos y estándares de verificación técnica y fiscalización más rigurosos.
  4. Finalmente, y quizás el efecto más pernicioso de todos: la gasolina barata es el combustible más adecuado para hacer explotar la expansión urbana. En efecto, las ciudades tienden a ocupar mayores territorios cuando el recorrer grandes distancias no está asociado a una gran carga económica para el usuario. De esta manera, aumenta el atractivo del suburbio, al menos desde el punto de vista del bolsillo. Esta situación alimenta un círculo vicioso, ya que mientras más extensa y menos densa es una ciudad, mayor es su dependencia del automóvil particular, lo que finalmente produce una mayor contaminación. Está más que comprobado, y hay un montón de literatura al respecto: las emisiones de gases contaminantes per cápita son mucho mayores en áreas suburbanas de baja densidad que en zonas céntricas. En momentos en que la consigna es crear urbes más compactas, resultaría muy saludable para este propósito el sincerar el precio de la gasolina.

Si la solución es subsidiar gasolina de mejor calidad, ¿por qué ni un país desarrollado –donde la agenda ambiental está en primer plano- ha adoptado una política así? Si el problema es el alto impacto negativo de la Magna, incompatible con los estándares ambientales a los que México aspira, entonces no queda otro camino que sacarla del mercado. Eliminar un subsidio tan grande (4.3 mil millones de dólares el año pasado) no es tarea fácil, y a fuerza debe hacerse de manera paulatina para dejar que la economía y la sociedad se vayan adaptando gradualmente al cambio (es cosa de preguntarle a Evo Morales qué pasó cuando en Bolivia quiso quitarlo de un día para otro). Hay que aceptarlo: si las predicciones son ciertas, queda petróleo para unos cuarenta años más, y su extracción será cada día más compleja y cara. Mejor es ir preparándose desde ya para un escenario de escasez, donde la fuente de energía que lo substituya probablemente no será tan económica. Todas las burbujas explotan alguna vez: a lo mejor es el fin de un modelo de hacer ciudad basado en gran medida en un recurso barato y que alguna vez pareció que nunca se iba a acabar.

1 Comentario en 4 razones por las cuales el subsidio a la gasolina es nefasto para el medio ambiente

  1. Francisco Valdés // 28 febrero 2011 en 12:00 pm // Responder

    Tienes que considerar el ciclo de vida de las dos gasolinas: verde y roja. Terry Tamminen en su libro “Miles per gallon: The true costs of our oil addiction” argumenta que la roja (premium) es más contaminante de producir que la verde (regular) al punto que es preferible la verde a la roja con criterio ambiental.. En el libro debe venir la referencia, si la encuentro la posteo aquí.

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  1. Subsidio a la gasolina: ¿qué pasa si se quita? | SalvoLomas

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