¡El medio ambiente no importa!

El letrero dice que un bus biarticulado transporta la misma cantidad de pasajeros que 126 automóviles, y que si multiplico esa cantidad por el número de viajes que a diario se realizan en la línea 3 del Metrobús, entonces 100 mil automóviles dejarían de circular cada día en el DF (los números aguantan todo, y si se los tortura tarde o temprano terminan por decir lo que uno quiere escuchar). Lo que pretende ser un llamado a la conciencia ecológica puede resultar en un hermoso balazo en el zapato: si me informan que 100 mil automóviles dejarán de circular por las calles capitalinas gracias a la nueva línea de Metrobús –la de los ecológicos- entonces perfectamente puedo inferir que las calles de la ciudad estarán más vacías, y que por lo tanto desplazarse en ellas en automóvil será una experiencia mucho más rápida y agradable. La historia es pródiga en demostrar que el vacío que uno deja en el tráfico vehicular inmediatamente es llenado por otro atento a la ocasión.

¿Es buena idea la de apelar a la conciencia medioambiental para promover el uso del transporte público? Tengo más de alguna duda. Que el lector haga una lista de los factores que toma en cuenta para elegir la manera de desplazarse en la ciudad. Aquí van los míos:

  • Distancia a recorrer
  • Rapidez
  • Comodidad
  • Precio
  • Seguridad
  • Atractivo del viaje

A mí me importa un soberano cuerno, pero para varios el estatus es un tema importante a considerar si de moverse en una ciudad se trata, y eso es lo que hace que millones hagan sacrificios de toda índole con tal de verse elevados en la escala social después sentarse detrás de un volante.

¿Y el medio ambiente? Lo siento, pero jamás es un punto a considerar en mis elecciones. Tengo la impresión que no soy el único que piensa así. En Copenhague, una ciudad donde el 40 por ciento de los viajes se realizan en bicicleta, una encuesta entre sus usuarios señaló que prácticamente ni uno de ellos prefería este medio de transporte por razones medioambientales, y eso que los daneses son considerados un pueblo bastante ecológico. Las respuestas apuntaban más bien hacia la comodidad, la rapidez, la flexibilidad, o el carácter gratuito del pedaleo, actividad amable con el medio ambiente como pocas, pero cuyo positivo impacto ecológico no resulta ser una razón de peso para preferirla. ¿Constituye esto un problema? En absoluto; ya dice el proverbio chino que no importa que el gato sea blanco o negro, sino que cace ratones, y lo mismo sucede con nuestras costumbres de movilidad urbana: al planeta le dan lo mismo las razones que esgrimamos para preferir medios de transporte amables con él: lo único que importa es que sí los utilicemos.

Apelar al cuidado del medio ambiente siempre caerá dentro de lo políticamente correcto, pero en el caso de la movilidad al interior de una ciudad generalmente no tiene mayor sentido, ya que, querámoslo o no, el cómo nos transportamos no es más que el resultado de una suma de decisiones individuales orientadas a la consecución de beneficios personales, donde poco importan intereses colectivos como la protección ambiental. En otras palabras, cuando elegimos cómo movilizarnos, nadie hace sacrificios por el bienestar de los demás, sólo pensamos en nuestros personales intereses. Así, los que han elegido la bicicleta, medio “verde” por excelencia, lo hacen porque cumple con gran parte o la totalidad de los atributos que ellos buscan en un medio de transporte, y que generalmente están enfocados a la satisfacción de intereses cien por ciento individuales. No conozco a nadie que se haya cambiado del auto a la bicicleta o el transporte público para hacer un bien al resto de la sociedad; si lo hicieron, fue porque descubrieron que estos medios podían satisfacer mejor sus requerimientos o se adaptaban mejor a sus particulares circunstancias.

Por otro lado, no tiene mayor sentido hablar de los beneficios medioambientales de determinado medio de transporte si no se hace nada para desincentivar el uso de los que sí producen un gran daño ambiental. Después de todo, y al menos en el DF, hasta el día de hoy el automovilista no paga ni es castigado por las externalidades negativas producidas por su elección de transporte. El mismo gobierno que nos invita a hacer uso de la Línea 3 tiene todas las herramientas del mundo para castigar a quien prefiere usar el automóvil, y sin embargo no lo hace. Si hasta la pérdida de carriles por la implementación de líneas de Metrobús ha sido más que ampliamente compensada con nuevas vialidades pensadas para uso y goce (esto último es un decir) del automovilista. Que se entienda bien, soy un gran partidario de la implementación de sistemas BRT como el Metrobús, y sí creo que la masificación de este medio de transporte se traduce en positivos impactos medioambientales, pero estos son huérfanos si no van acompañados de medidas efectivas contra el uso indiscriminado del automóvil.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿tiene sentido publicitar una nueva línea de Metrobús apelando a la conciencia ecológica de la gente? ¿No será mejor esgrimir otros atributos –que sí los tiene- que son más importantes para la mayoría de la población al momento de elegir cómo transportarse? Si la competencia está dada por el automóvil, entonces Metrobús debiera recurrir a aquellas características en que sale favorecido en una comparación, como precio, rapidez y seguridad, que no son nada menores. Alguno lo prefiere porque en algunas de sus estaciones hay baño, otro porque le gusta ir mirando los videos que exhiben en sus pantallas, y otro porque es el único medio de transporte de la capital que acoge en sus buses y estaciones a las personas con discapacidad. No importa que ni uno de ellos haya pensado en el medio ambiente al escoger el sistema; a final de cuentas no hay comportamiento más ecológico que aquél que se hace en beneficio del planeta como parte de una rutina tan inconsciente como saludable.

1 Comentario en ¡El medio ambiente no importa!

  1. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    Hay que enfatizar lo que representa un beneficio real y personal, no uno difuso y universal

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