Eliminación de la tenencia: ¿quién debiera preocuparse?

¿A quién conviene la eliminación del pago del impuesto a la tenencia vehicular?

De acuerdo a la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI)[1], la población mexicana se divide en seis grandes estratos socioeconómicos, los cuales presentan marcadas diferencias en sus niveles de consumo y posesión de bienes. A pesar de la arraigada creencia de que el automóvil es un producto de uso masificado entre la población,  los fríos números nos indican que la propiedad de uno de ellos sigue marcando notorias y abismantes diferencias sociales.

Gráfico: Itzel Sánchez, Fuente: Heriberto López Romo, Avances AMAI: Distribución de Niveles Socioeconómicos en el México Urbano, 2005

En el primer nivel, la clase rica, o si se prefieren los términos más técnicos, el grupo A/B, prácticamente la totalidad de los hogares posee al menos un automóvil (de hecho, la mayoría cuenta con dos o más en sus estacionamientos). Generalmente son modelos del año, y muchos de ellos de gran cilindrada, por los que se debe pagar un alto impuesto a la tenencia. Este grupo social no representa más del 7.5 por ciento de la población urbana del país (menos del 7 por ciento en el área metropolitana de la ciudad de México según datos de 2005), pero contribuye con una buena parte de lo recaudado por concepto de pago a la tenencia vehicular, aunque este gasto tiende a no significar mayor sacrificio en sus holgados bolsillos.

Un poco más abajo, representando al 13.6 por ciento de la población (11.7 por ciento en la ZMCM), se encuentra el grupo C+, la clase media alta, donde prácticamente la totalidad de los hogares posee un automóvil, aunque no tan lujoso, nuevo y grande como los que ostenta el estrato superior. A las personas de este estrato el pago de la tenencia no les significa un gran desbarajuste en  sus economías familiares, pero su eliminación quizás les ayudaría a comprar un segundo coche o adquirir un modelo un poco más parecido a los que luce el nivel superior, con hartos cilindros y corridas de asientos.

Un poquito más abajo está el nivel socioeconómico C, la clase media propiamente tal, que representa un poco menos del 20 por ciento de la población urbana mexicana (15.7 por ciento en la ZMCM). Aquí la presencia del automóvil empieza a ralear: sólo dos tercios de los hogares cuentan con uno, que generalmente es un modelo económico, destartalado, entrado en años, o las tres cosas a la vez. Aunque pagan poco por concepto de impuesto a la tenencia, la ajustada economía de los miembros de este grupo hace que agradezcan enormemente la eliminación de tal pago, que en una de esas permite al tercio que no tiene auto poder acceder a tan preciado bien.

Más abajo, en el estrato D+, que de acuerdo a los datos de 2005 representaba a poco más del 32 por ciento de la población (no creo que las cosas hayan cambiado mucho en seis años), tan sólo el 18 por ciento de los hogares posee un automóvil, generalmente de muy bajo costo, y que por lo tanto paga muy poco de impuesto a la tenencia.

Para finalizar, y representando al 27.6 por ciento de la población nacional, se encuentran los niveles D y E, donde prácticamente nadie tiene auto. Si sumamos los grupos D+, D y E, podremos observar que del 60 por ciento más pobre de la población, menos del 10 por ciento de los hogares posee un automóvil (en su gran mayoría tampoco tienen computador ni conexión a Internet, así que si usted está leyendo estas líneas es porque probablemente se encuentra en el 40 por ciento superior de esta injusta pirámide). En teoría, a estos grupos le daría lo mismo la eliminación del impuesto a la tenencia vehicular, puesto que casi nadie tiene automóvil que declarar. Un discípulo de Milton Friedman diría que incluso los favorece, ya que supone la desaparición de un gran obstáculo para adquirir un medio de transporte particular. Después de todo, el papel aguanta cualquier argumento, especialmente cuando éste se hace en nombre de los que menos tienen.

En el caso del DF, el 25 por ciento más rico de la población actualmente aporta la mayor parte de los casi 550 millones de dólares que se recaudan anualmente a través del cobro del impuesto a la tenencia vehicular, recursos que –se supone- están orientados a financiar los programas sociales que benefician al 60 por ciento más pobre, cosa que a mí en lo particular me parece de toda justicia. Vuelvo con la pregunta del principio: ¿a quién conviene la eliminación del pago del impuesto a la tenencia vehicular?


[1] Heriberto López Romo, Avances AMAI: Distribución de Niveles Socioeconómicos en el México Urbano, 2005

2 Comentarios en Eliminación de la tenencia: ¿quién debiera preocuparse?

  1. Gloria Franco // 23 julio 2011 en 12:04 pm // Responder

    Rodrigo, tengo una duda.. es cierto que el subsidio del Metro del DF se obtiene del pago de la tenencia? Eso fue lo que se publico cuando Marcelo anuncio su desaparición en 2012.
    Que por ciento de los viajes se realizan en DF en metro y en auto?

    • Rodrigo Díaz // 25 julio 2011 en 10:22 am // Responder

      Estimada Gloria,

      No tengo claro en qué se gasta exactamente el dinero recaudado vía impuesto de la tenencia. Hasta donde sé, éste no tiene un destino específico, y perfectamente puede ser utilizado tanto para subsidiar el Metro como para financiar salud, educación o actividades recreativas y culturales.
      Para datos sobre porcentajes de participación en viajes en el DF, te recomiendo que veas este documento del Metro:
      http://www.metro.df.gob.mx/transparencia/imagenes/fr24/diagnosticopoa2008.pdf
      Eso sí, hay que advertir que las cifras cambian mucho si se considera sólo el DF o si se abarca la totalidad de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Si se toma sólo el DF, la participación del Metro es de un 20% aprox. Si se toma en cuenta a los municipios conurbados, este porcentaje disminuye a un 13% aprox., aumentando significativamente el número de viajes en automóvil particular, que en todo caso no es superior a un tercio del total.

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