Eliminación de la tenencia II: vender ilusión no cuesta nada

“Al desaparecer la tenencia, se beneficia sobre todo a los hogares que más esfuerzo les cuesta adquirir un vehículo. Las familias con ingresos limitados tienen que ahorrar durante mucho tiempo o comprometer pagos a crédito por varios años para contar finalmente con un automóvil en su patrimonio. Por eso, la tenencia resulta un costo adicional que impacta negativamente en los bolsillos de la gente. Al liberar a los ciudadanos de esta carga se incrementa su ingreso disponible. Los hogares pueden estar en mejores condiciones para adquirir un automóvil o incluso, destinar ese ingreso a otros bienes y servicios.”

Imagen: altaraldia.blogspot.com

No, estas palabras no pertenecen al presidente de la General Motors, sino a Demian Sánchez Yeskett, Coordinador de Asesores de la Oficina de la Presidencia de la República, quien en el blog de la Presidencia hace el panegírico de rigor para justificar la eliminación del impuesto sobre la tenencia vehicular que empezará a regir en toda la República Mexicana a partir del 1 de enero del próximo año. El argumento esgrimido es bastante simple: los impuestos afectan directamente el bolsillo de los ciudadanos. Si estos se eliminan (los impuestos, no los bolsillos), el poder adquisitivo de la población aumenta, lo que da la posibilidad de adquirir bienes y servicios de mejor calidad o que antes parecían inalcanzables, como ocurre con los automóviles para la mitad más pobre de la ciudadanía. Lógica implacable para problemas que parecían de más difícil solución.

¿Se estará pensando eliminar el pago al impuesto predial? Bajo la lógica de Sánchez Yeskett, éste sería un importante obstáculo para la compra de viviendas de mejor calidad. ¿Y si desaparece el IVA? Eso significaría un aumento significativo en el poder de consumo de la totalidad de la población, particularmente aquélla de menores recursos, que por cada producto que compra paga el mismo porcentaje que los sectores más adinerados. ¿Por qué plantear sólo la eliminación del impuesto a la tenencia vehicular y no la de otros que también impactan directamente la economía de la ciudadanía?

No conozco a nadie que le guste pagar impuestos, pero algunos son más aceptados que otros. Tengo la impresión que el impuesto a la tenencia vehicular no goza de gran popularidad por el carácter “aspiracional” que tiene la compra de un automóvil, considerado no sólo como un medio de transporte, sino además como un artículo cuya posesión simboliza un ascenso en la escala social. Es por ello que en este caso la persona de escasos recursos, que con gran sacrificio ahorra peso a peso para comprarse un auto, ve al Estado como un enemigo que coarta o atenta contra sus legítimos sueños y aspiraciones, aun cuando este ciudadano depende más que nadie de la acción que ese mismo Estado le brinda en áreas donde el mercado no puede satisfacer sus necesidades, como educación, salud o seguridad.

Gran parte del problema del pago de impuestos se relaciona con que sus costos los siente el contribuyente de manera directa, pero sus beneficios aparecen diluidos en políticas y programas orientados a satisfacer las necesidades de esa cosa tan vaga que es la sociedad en su conjunto. Ya lo dice Tony Judt: “…los impuestos se suelen considerar una pérdida de renta sin compensación. Rara vez se considera la idea de que (también) podrían ser una aportación a la provisión de bienes colectivos que los individuos aislados no podrían permitirse nunca (carreteras, bomberos, policías, colegios, alumbrado, oficinas de Correos, por no mencionar los soldados, barcos de guerra y armas).”[1]

Como lo señalé en mi anterior columna, la gran gracia del impuesto sobre la tenencia vehicular es su carácter altamente redistributivo, ya que el automóvil resulta ser un indicador bastante certero sobre el nivel de ingreso de las personas. En otras palabras, en este caso el gran esfuerzo lo hacen los que tienen más recursos; de hecho, alrededor de la mitad de la población no paga un peso por este concepto, pero recibe –se supone- la mayor parte de los beneficios que genera esta millonaria recolección de recursos (más de 500 millones de dólares anuales sólo en el DF).

Vender ilusión cuesta poco: la desaparición del impuesto a la tenencia tiene poco impacto directo en el bolsillo de los más pobres, quienes cuando lo pagan lo hacen sobre el bajo valor de automóviles viejos o muy económicos. De manera indirecta sí la sufren, y harto: después de todo, no son pocos los programas sociales que obtienen su financiamiento por esta vía. ¿Cómo se va a compensar el déficit presupuestal que la eliminación de la tenencia generará en todos los estados? ¿Existe alguna propuesta alternativa que no signifique castigar los bolsillos de las familias de menos recursos, tal como sucede hoy día con el impuesto de marras? Tarea para la casa.


[1] Tony Judt, Algo Va Mal. Santillana Ediciones Generales, 2010

1 Comentario en Eliminación de la tenencia II: vender ilusión no cuesta nada

  1. No creo que sea una ilusión, ya dijo Marcelo Ebrard que para el 2012 se eliminará este impuesto. Sólo pidámosle a dios que al hacer esta medida no nos aumente la gas o el transporte público porque sino ya estamos fritos.

    De ser así, espero que esta agrupación de ciudadanos del DF que encontré en internet http://www.alguienteniaquedecirlo.mx/pinches-datos.php no tarde en hacerle frente y manifestarse como lo han hecho los últimos días.

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