13 intendentes en 21 años

Fernando Echeverría Vial acaba de dejar la Intendencia de Santiago para convertirse en flamante Ministro de Energía. Alcanzó a estar 1 año y 4 meses en el cargo. En 21 años de democracia, 13 personas han ocupado el puesto que acaba de dejar. Al igual que todos ellos, el próximo Intendente probablemente recibirá su nombramiento con cara de absoluta sorpresa y sin ni una idea en la cabeza sobre lo que debiera ser el futuro de la Región Metropolitana. Al igual que todos ellos, tendrá que improvisar sobre la marcha sobre qué hacer en un cargo para el que casi nadie está preparado. Y al igual que todos ellos, no tendrá la menor certeza de cuánto tiempo ocupará la cómoda oficina de Moneda con Morandé.

¿Se puede esperar una visión metropolitana de largo plazo cuando la permanencia de la principal autoridad regional depende exclusivamente de la voluntad del Presidente? Soy incapaz de evaluar la gestión del Intendente saliente: Echeverría ni siquiera tuvo tiempo para hacerlo mal. Su sucesor sabe que con suerte durará dos años y ocho meses en el cargo (nadie se ha repetido el plato en gobiernos distintos), muy poco tiempo como para dejar huella en la ciudad, sobre todo si se asume sin tener nada parecido a un programa de gobierno. Volver a empezar, volver a armar equipos, volver a evaluar programas, volver a aprender cómo funciona un aparato de gobierno complejo en una ciudad compleja, que por su naturaleza necesita de visiones urbanas que no se desarrollan de un día para otro; dadas así las cosas, el próximo Intendente está prácticamente condenado a hacer una administración del día a día que no se proyecta en el futuro. No será su culpa: el puesto está hecho para que quien lo asuma no pueda desarrollar ni una agenda propia. Si alguien trató de hacerlo, murió rápido en el intento. Alguien dirá que Enrique Peñalosa sólo necesitó de tres años para cambiarle el rostro a Bogotá. Falso: a ese lapso habría que sumarle los años previos que él y su equipo invirtieron en pensar y desarrollar políticas y programas que estaban listos para ser aplicados cuando finalmente asumió el poder. El sucesor de Echeverría difícilmente podrá decir esto.

La elección democrática de intendentes no garantiza en absoluto la llegada de mejores personas al cargo (nunca estaremos completamente blindados de los pillos o los incapaces), pero sí favorece el arribo de verdaderos proyectos de gobierno, de visiones de ciudad que no se improvisan, que se preparan con mucho tiempo de anticipación. Y es que un buen alcalde (un Intendente es básicamente eso) puede hacerse sobre la marcha; una gestión orientada al futuro no.

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