Ángel fue su propio verdugo

“Evidentemente fue un comentario sarcástico; considero que el sarcasmo es una expresión fina de la inteligencia”

Ergo, los tontos somos nosotros que no lo comprendimos. A decir verdad, importa poco que sus disculpas sean sinceras o no; el hombre ya ha tenido castigo suficiente. 24 horas le alcanzó a durar una cruzada que le significó no sólo perder el trabajo y quedar con la peor de las imágenes ante la opinión pública; contra todos sus deseos y proyecciones, sus frases para el plomo no hicieron más que fortalecer a la plaga de langostas que con tanta vehemencia quiso liquidar.

Resulta claro que los grandes ganadores de esta corta historia son los ciudadanos de a pie de esta ciudad, particularmente los ciclistas, por lejos el colectivo más organizado y consistente de todos los que habitan el DF, que vio transversal y mayoritariamente validado el discurso que con paciencia y esfuerzo ha construido a lo largo de todos estos años. A la defensa de los valores del pedaleo se sumaron no sólo los que lo practican y promueven habitualmente, sino todos aquellos que vieron en las palabras de Verdugo un ataque irracional contra un modo de entender y vivir la ciudad que es tremendamente amable con ella y sus habitantes.

Ganaron también los medios de comunicación, que al menos durante un día se plantearon seriamente el problema de la libertad de expresión y las responsabilidades y límites que este derecho fundamental siempre debe considerar. En un país lamentablemente acostumbrado a altas dosis de impunidad en todos los ámbitos, la reacción de la radio donde se emitieron las declaraciones sienta un sano precedente que deja en claro que transgredir los valores sobre los que se basa nuestra sociedad debe tener un precio que debe ser pagado por el que abusa de su posición de privilegio.

Finalmente, a lo mejor también ganó Ángel Verdugo. El hombre lo debe estar pasando pésimo, pero el silencio de las próximas semanas puede que lo ayude a replantearse la manera en que enfrenta su profesión y el ejercicio que a través de ella hace de la libertad de expresión. Hacer del castigo público una oportunidad está en sus manos; desde ya, me atrevo a sugerirle que aproveche estos días para darle un merecido descanso a su Peugeot 206 y salir a caminar la ciudad que él quiere defender. Que la mire a otra velocidad, con otros ojos, que por un tiempo se dedique a ponerse en los zapatos ajenos, que ande en transporte público y se relacione con sus colegas automovilistas desde el otro lado del parabrisas. Si quiere lo acompaño. Se va a llevar sorpresas, buenas y malas, pero lo que es seguro es que su mirada no va a ser la misma. Todos lo agradeceremos; probablemente él también.

Ya lo dijo él mismo: a veces la letra con sangre entra.

1 Comentario en Ángel fue su propio verdugo

  1. Francisco Zea llama a Ángel Verdugo “mi maestro”. Supongo que fue su profesor en la escuela libre de derecho, por lo que dudo que la profesión del “maestro” sea ser opinador de la radio.

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