Los rebeldes peatones de Brasilia

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El arquitecto no se acordó de los peatones, pero ellos sí se acordaron del arquitecto (y su señora madre) cuando les tocó aventurarse en las calles de Brasilia. La ciudad cien por ciento planificada, la de la escala monumental para ser gozada a alta velocidad, la que entiende el territorio como un espacio para desplazarse con la ayuda de un motor, ve surcada su superficie por las delgadas huellas de de tierra de sendas que nadie pensó pero sí necesitó, líneas de la mano urbana que la voluntad del arquitecto-dios no pudo impedir, quizás el mejor recordatorio del hecho que el ciudadano en la vida real siempre se comporta distinto que en la mesa de dibujo. Y eso no es tan malo.

3 Comentarios en Los rebeldes peatones de Brasilia

  1. Yo trazaria los senderos de los parques después de dejar caminar a los peatones libremente en el terreno valdío.

  2. aleluya… saludos desde Ecuador…

  3. Al ver tus fotos, recordé que aquí en el D.F. he visto muchos camellones y áreas verdes con surcos, aunque haya una banqueta a un lado: Definitivamente se antoja más caminar debajo de los árboles y por el pasto que por calles más pavimentadas e incluso, con banquetas que tienen hoyos por donde, como mencionaste alguna vez, parece que va a salir un cohete disparado.

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