La otra agricultura urbana

La ciudad crece en gran medida condicionada a la forma y tamaño de los terrenos disponibles, pensados y divididos muchas veces para usos no precisamente urbanos. El buen planificador debiera considerar esto al momento de plantear futuras expansiones, que siempre será más fácil – técnica, social y económicamente- hacer trazados que tomen más o menos en cuenta las subdivisiones prediales existentes. No significa que éstas deban ser respetadas como hechos irremediables e inmodificables (después de todo, nunca fueron concebidas para su urbanización), pero una buena manera de ahorrarse dolores de cabeza es mirar primero los planos de catastro antes de establecer cualquier zonificación o trazado vial.

Ahora bien, en estos lados el problema no es tanto la planificación de escritorio (que no considera los terrenos existentes), sino más bien la total ausencia de ésta. En un escenario como éste, no es de extrañar que la expansión urbana no sea más que un fiel reflejo de las subdivisiones agrícolas donde se dejan caer los suburbios. Al parecer, en un terreno pensado para la siembra, riego y cosecha de frutas y verduras también se pueden plantar casas, y los caminos del arado perfectamente pueden ser pavimentados para que sobre ellos circulen automóviles. El resultado es un tejido urbano en extremo inconexo, en el que los trazados viales no son parte de una estructura mayor, y donde la unión de los distintos fragmentos de ciudad que van apareciendo queda en la más absoluta incertidumbre. ¿Se puede hablar de morfología urbana en un contexto así? Ciudad hecha por partes sin formar un todo coherente, refuerza la idea que en Latinoamérica siempre resultará mejor regularizar que planificar.

Las imágenes de Tarímbaro, Michoacán, un lugar donde la planeación no es más que un mito, ahorran comentarios. Cuando los urbanistas bienpensantes hablan de agricultura urbana, yo me imagino algo como esto.

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Palabras al cierre

Gracias a la gente del CTS por el dato.

2 Comentarios on La otra agricultura urbana

  1. La falta de conectividad, o de “coherencia” respecto al cuerpo general urbano es el resultado lógico de la aplicación de la fuerza encargada de la urbanización, en este caso la iniciativa privada. Sus objetivos son las ganancias, no las ciudades. Ojalá pudieras explicar más eso de “incoherente”, un término que me parece que es incompatible en general con las ciudades. Saludos.

  2. claro que tambien interviene el poder de decision de los ayuntamientos municipales para decidir que se hace con esos terrenos. ¿Qué pasará si, aunque el sector privado demande la expansión del area urbana para fines habitacionales o idustriales, el uso de suelo establecido por los municpios no se cambie?

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