Peligro: zona de juegos infantiles

Juegos infantiles en Ciudad Juárez. Imagen: Google Earth

Cuando trabajaba en Chile Barrio era muy común que las pobladoras de los campamentos¹ nos pidieran encarecidamente que la cocina de sus nuevas viviendas tuviera una ventana –lo más grande posible- que diera a la calle. La razón era muy simple: la cocina es un lugar donde ellas pasan gran parte del día, y el contar con una ventana les permite vigilar a sus hijos que juegan en la calle, advertir la presencia de desconocidos, y en general tener un claro panorama de lo que sucede en su barrio. Seguridad ciudadana a través del diseño de la vivienda y del espacio público, es lo que en otras latitudes se ha dado en llamar CPTED (Cryme Prevention Through Environmental Design, o prevención del crimen a través del diseño), un conjunto de buenas prácticas que a través de pequeñas acciones -como las ventanas de las cocina mirando a la calle- ayudan a reducir significativamente los niveles de inseguridad en un barrio.

La máxima es simple: la gente protege a la gente, y mientras más personas haya en la calle, y más ojos estén mirando lo que allí ocurre, menor es el atractivo que los lugares ofrecen para la comisión de delitos. Esto que suena tan de sentido común es frecuentemente olvidado por desarrolladores inmobiliarios y autoridades municipales, que se esfuerzan por crear lugares cuyo fin no parece ser otro que facilitar la tarea a quienes desean cometer un asalto, perpetrar una violación, arrojar un cadáver, o sencillamente apilar basura ante la falta de un servicio de recolección más o menos confiable. Particularmente preocupante es el caso de los espacios supuestamente destinados a los niños –los habitantes más vulnerables de todo barrio-, usualmente desprotegidos y  poco atractivos, habilitados en retazos de terreno donde la falta de control ciudadano los convierte en trampas mortales para todo aquél que se atreva a asomarse por esos lados. Don Gato no se atrevería a circular por el callejón de la foto, un lugar que en el plano aparece signado bajo el nombre de plaza o parque, pero que en la realidad no es más que el patio trasero de conjuntos que jamás se tomaron en serio la creación de lugares amigables para sus habitantes. Áreas que nacieron muertas en el tablero de dibujo, están condenadas a la soledad y a un rápido e inexorable deterioro; revertir esta situación exige no sólo intervenir directamente en ellas, sino también en el entorno que les rodea.

Palabras al cierre

Mi amor, ¿vamos a tomar el sol a esa banca en el callejón?


¹ Asentamientos irregulares en la jerga chilena

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