Bus a pie

Cada mañana voy a dejar a Amaya a la guardería. Son 30 minutos en que conversamos, jugamos y nos reímos, 30 minutos en que no congestiono la ciudad, no contamino, y que aprovecho de gozar al máximo con mi hija (quiero creer que ella también lo pasa bien en el paseo). No tengo tan clara la existencia de este gozo en aquellos padres que prefieren hacer sus deberes de transporte escolar en automóvil; mal que mal, las entradas de escuelas son puntos clásicos de congestión, donde la mala costumbre de querer estacionar justo en la puerta de entrada produce embotellamientos capaces de exasperar a cualquier padre que quisiera empezar el día de mejor manera (de hecho, mis piernas y el Amayamóvil usualmente son más rápidos que los vehículos atascados en la calle).

Parte del problema se debe a que no pocos padres al momento de elegir la escuela de sus hijos miran precisamente la parte del mapa que está al otro lado de sus hogares, cosa que  no ocurre en aquellos países con educación pública fuerte donde uno está condenado matricular a sus hijos en el establecimiento del barrio (ojo, esto no implica que el sistema sea gratuito: generalmente se paga de manera indirecta, a través de altos impuestos o altos valores de las propiedades, aunque esto es harina de otro costal). El bus escolar siempre será una buena opción, pero algo pasa para que, al menos en México, los padres sean tremendamente renuentes a contratarlo.

No sé si serán sus creadores, pero una buena solución al problema la brindaron los catalanes, que en varias ciudades han implementado el programa Bus a Peu (bus a pie). El sistema es bastante simple: se establecen rutas de acceso a las escuelas con una determinada cantidad de paraderos en los cuales, a horas predeterminadas, hay padres voluntarios (también profesores y policías de los buenos) que guían a los grupos de niños –debidamente vestidos con chalecos reflectantes- en una caminata hacia su escuela. Como todo  buen proyecto (ver caso de las cebras bolivianas), sus impactos son múltiples y en diversos ámbitos: no sólo ayuda a descongestionar las calles cercanas a las escuelas, sino que también fomenta la creación de una cultura peatonal en los niños, favorece la adopción de mejores hábitos de conducta vial por parte de los automovilistas, provee un saludable ejercicio a niños y adultos (supongo que en algo ayudará a reducir los índices de obesidad en ambos grupos), y más que nada, proporciona un excelente espacio para que padres e hijos puedan compartir y conocerse más, tiempo ganado en ciudades donde la convivencia familiar es cada día un bien más escaso. Todo este combo de beneficios se logra con una mínima inversión, centrada básicamente en el mejoramiento del espacio peatonal, poniendo especial énfasis en los puntos de potencial conflicto con los automovilistas.

Convertir lo rutinario en fuente de placer: a eso le llamo construir ciudades amables.

Palabras al cierre

Indicador de calidad urbana: porcentaje de niños que se van a pie a la escuela.

2 Comentarios en Bus a pie

  1. Qué padre está la idea de llevar a los niños a pie!, ojalá en México se llevara a cabo también, además de que es un buen ejemplo para todos. Aquí en el D.F, algunas escuela quedan muy cerca de las casas y aún así los papás los llevan en carro, para que no se cansen!, por dios!!! Con algo así, los niños llegarían despiertos, de mejor humor y ganas de aprender, después de un buen rato de caminata y de convivencia con sus compañeros.

    Excelente!

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