El perro gato de Santa Fe

Xul Solar, Ciudad y Abismos

Oxímoron: Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.

Otro ejemplo: hacer ciudad en Santa Fe

Señala El Universal en su edición del 2 de diciembre:

“La prohibición de instalar parquímetros, incentivar la construcción de estacionamientos públicos, sentar las bases para el programa Ecobici, la habilitación de dos senderos peatonales para conectar con el Centro Ciudad, así como la construcción de pasos a desnivel y ampliación de vialidades, son parte de las propuestas que en materia de movilidad se destacan en la propuesta de Plan Parcial de Santa Fe que está en proceso de consulta pública.”

Confieso que no he leído el plan de marras, y que de él sólo conozco lo que se ha publicado en la prensa, pero creo que estos pocos antecedentes me bastan para definirlo con toda tranquilidad como una caso paradigmático de oxímoron urbano, un Frankenstein compuesto por una serie de partes inconexas y contradictorias que generan algo parecido a un perro gato de concreto, pero más ambiguo. En él conviven recursos rescatados del outlet donde se dejan las prácticas urbanas que ya nadie sigue en el resto del mundo, como las supervías, el aumento de los estacionamientos y la prohibición de instalar parquímetros (que el mismo gobierno del DF promueve en otros lados), con proyectos supuestamente orientados a dar una cara más humana y sustentable (la palabra mágica que todo lo justifica) a una zona que creció a imagen y semejanza de la voracidad de quienes la desarrollaron.

A no engañarse: el plan haría las delicias del presidente de la General Motors. Está pensado por y para el automóvil particular, aunque su resultado en el mediano y largo plazo será precisamente el de aumentar los ahora bíblicos niveles de congestión vehicular que se padecen en la zona. Tráfico inducido se llama el efecto, y se define como el aumento de la cantidad de automóviles circulando a raíz del incremento en la oferta de calles y estacionamientos. Políticas como la ampliación de vialidades, la construcción de nuevas autopistas, o la exigencia de más cajones de estacionamiento a los edificios no hacen más que incentivar la llegada de más autos a un área que se ha convertido en una caricatura de sí misma. En este sentido, plantear la implementación de un sistema de bicicletas públicas o la construcción de senderos peatonales no está mal, pero la magnitud e impacto de las obras orientadas al automóvil convierten a estos proyectos en elementos meramente decorativos, la sacarina en el café después de la comida pantagruélica. Maquillaje para el muerto, greenwashing lo llaman los gringos: el blanqueo de proyectos tremendamente cuestionables a través de iniciativas correctas pero de impacto muy reducido. Así, mientras el señor Hyde destruye todo un ecosistema para pavimentar seis carriles de autopista, el inocente doctor Jekyll planta un par de arbolitos, hace una ciclopista (que no conduce a ni una parte), instala unos focos alimentados con paneles fotovoltaicos, recicla un poco de agua, y coloca unos cuantos paraderos pintados de verde, todo lo necesario para dar el sello de sustentable al plan. Ambos se tomarán juntos la foto el día de la inauguración. Ambos dirán que hicieron ciudad.

¿Qué hay detrás de todo esto? En la nota de El Universal, el funcionario Raúl González, de la Secretaríade Desarrollo Urbano y Vivienda, nos da una pista. Sin ponerse colorado, indica que el desarrollo en Santa Fe está equilibrado “pero al sistema le falta completarse” para potencializar (sic) lo que se llama “crear ciudad”. Ahí está el tema: a Santa Fe le falta completarse, o dicho de otra manera, hay que salvar el negocio, y eso al parecer no se logra con estrategias que privilegien modos de movilidad que no estén basados en el uso del automóvil, que fomenten otra manera de vivir la ciudad, más humana, más amable con el medio ambiente y con las personas que lo habitan.

Crear ciudad le llaman al cuento. No olvidar: en la ciudad los peores crímenes se cometen en nombre de la sustentabilidad.

Palabras al cierre

“Pero una cosa son las declaraciones de intenciones y otra la realidad. Las tendencias de desarrollo de nuestras ciudades van más por el modelo que se refuta que por el que se defiende, porque están sustentadas en un crecimiento económico asociado a la lógica de la producción inmobiliaria, lo que explica el sostenido proceso de extensión de la ciudad y generación de plusvalía urbana.”

Manuel Herce, Sobrela Movilidadenla Ciudad, Editorial Reverté, Barcelona, 2009

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