La derecha y el populismo de los combustibles y el transporte público

La Tercera, 11 de marzo de 2012

El partido que alza como bandera de lucha la eliminación del impuesto a los combustibles es el mismo que pone el grito en el cielo para protestar por los subsidios que recibe el transporte público en la capital. El impuesto genera algo así como dos mil millones de dólares al año, es pagado mayoritariamente por los sectores de más altos recursos, fomenta un uso racional del automóvil, y sirve (se supone) para financiar una serie de planes sociales que están dirigidos en buena medida a esa gran clase media cuyos intereses el partido de marras dice proteger. Por su lado, el subsidio al Transantiago (convenientemente presentado como déficit) sale unos 220 millones de dólares al año, es decir, la décima parte de lo recaudado por el impuesto a los combustibles, beneficia directamente a los que menos tienen, y premia a aquéllos que prefieren desplazarse en transporte público, algo que siempre será bueno para la ciudad y el medio ambiente. Es cierto que el sistema podría ser más eficiente, que todavía hay mucha evasión y todo lo demás, pero el porcentaje subsidiado de la tarifa es más o menos el mismo que el de cualquier país desarrollado, incluyendo Estados Unidos, país tradicionalmente reacio a este tipo de subvenciones.

Nada de qué sorprenderse. Los muchachos dela UDI, que jamás se han subido a un bus del Transantiago, ni tienen idea de lo que es un sistema de transporte público integrado, en el fondo de su alma detestan lo público y aman la iniciativa individual. Por eso aborrecen los frenos que el Estado pueda poner al legítimo derecho de desplazarse en un automóvil particular, y se salen de quicio al saber que ese mismo Estado (el cual escriben con minúscula) despilfarra su dinero en un servicio que hasta hace pocos años no le salía ni un peso a las arcas fiscales. En su mente las antiguas micros amarillas eran un modelo de eficiencia, firme demostración de la superioridad de la lógica del mercado sobre la burocracia estatal. Mal que mal, su pelea por los pasajeros maximizaba los recursos económicos, sus carreras a toda velocidad nos hacían llegar más rápido a nuestro destino, su sobreoferta generaba miles de empleos… ¿Para qué fomentar la locomoción colectiva si lo que hay que impulsar es la libertad del automóvil? Castigue a la primera, ayude al segundo y tendrá un modelo de ciudad y sociedad de nivel mundial.

La Tercera, 10 de febrero de 2012

Palabras al cierre

Al que quiera argumentos un poco más técnicos le sugiero que lea lo que escribí hace unas semanas al respecto. Si no lo convencen, puede echar un vistazo a lo que dijo un grupo de académicos de la Universidad Adolfo Ibáñez y el mismísimo Instituto Libertad y Desarrollo, instituciones para nada izquierdistas, pero que por esta única vez coinciden plenamente con lo que pienso.

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: