Crónicas de China II. Limitar los automóviles

La cámara viajera de Don Francisco avanza a paso de rueda por la amplia carretera que conecta el aeropuerto de Beijing con el centro de la capital (entre Sábados Gigantes y este blog cada vez hay menos diferencias). Son las seis de la tarde y la lentitud del tráfico es exasperante, más aun para quien inició su viaje 30 horas antes. Mal de muchos consuelo de tontos, peor estuvo hace dos años en la vía expresa (¡expresa!) Beijing – Tíbet, que fue testigo del peor embotellamiento de tráfico en la historia de la humanidad: 100 kilómetros de inmovilidad que duraron exactamente 10 días.

Está más que comprobado que el crecimiento económico de un país generalmente va asociado a un incremento sustantivo en la cantidad de automóviles circulando en sus calles. Si a eso le sumamos una pujante industria automotriz, que está dando dura batalla para posicionarse como la más grande a nivel mundial, entonces no debiera extrañarnos que la calidad de vida y economía de las ciudades chinas se vean seriamente amenazadas por los estragos de la congestión vehicular, fenómeno absolutamente desconocido en el gigante asiático hasta hace apenas un par de décadas.

Grandes problemas, drásticas soluciones. Contrariamente a lo que uno pudiera pensar en un principio, las ciudades chinas gozan de un grado bastante alto de autonomía para definir sus políticas de desarrollo urbano y movilidad. En Shanghai fue donde primero actuaron en serio para enfrentar el problema, imponiendo una medida que para nuestros estándares y costumbres suena en extremo radical: limitar el número de placas para nuevos vehículos, política que en sus doce años de existencia ha demostrado ser bastante exitosa a la hora de contener la congestión vehicular. Las placas se adjudican mediante subasta pública, medida que puede sonar algo impopular porque beneficia a los que más tienen (y a los que menos también), pero que cada año genera millones de yuanes que pueden ser invertidos, entre otras cosas, en proyectos de transporte público. Leo que en 2012 las placas alcanzaron un precio récord de 10,540 dólares en promedio para los autos nuevos; multiplique este número por alrededor de 10 mil placas al mes y podrá hacerse una idea de los recursos que la política genera (favor comparar con lo que se pagaba por tenencia en México).

En Beijing hace un par de años adoptaron una solución similar, aunque con una cuota de 20 mil autos mensuales, cuyas placas se asignan por sorteo. El sistema parece más justo, pero por él no se recauda un miserable yuan, a la vez que fomenta la existencia de un mercado negro de licencias. Las calles de la capital siguen estando congestionadas durante gran parte del día; no me extrañaría que redujeran la cuota en un futuro más o menos cercano.

Más sorprendente y radical es el caso de Guangzhou, la tercera ciudad del país, que este año adoptó una política que mezcla subastas y loterías para asignar un número restringido de placas. La gracia es que se hace en una ciudad que es el Detroit chino, la casa de los grandes fabricantes de autos locales, que hasta el momento han tenido que aguantarse la merma que estas medidas han producido en el gigantesco mercado interno.

Siempre he dicho que prefiero las restricciones al uso que a la tenencia. Sin embargo, las segundas son tremendamente efectivas. Las ciudades chinas están viviendo un período de fuerte crecimiento, observable a simple vista, que requiere de políticas enérgicas para contener sus inevitables desviaciones. Si pudieron controlar la natalidad, perfectamente pueden controlar el número de autos. El tránsito en Latinoamérica es igual o peor, pero seguimos apostando a las soluciones tibias, a la continuación de un modelo de desarrollo urbano que espera que el tráfico se aliviane por obra y gracia de la divina providencia. A pesar de todos sus problemas –que no son pocos- las ciudades chinas vuelan, mientras las nuestras se estancan.

Imagen: Rodrigo Díaz

 Palabras al  cierre

No pregunten los detalles, que esta nota es un croquis escrito de lo que se vio a la pasada, sin entrar en profundidades. No tengo idea cómo le hacen las ciudades con políticas restrictivas para impedir la circulación de autos con placas obtenidas en ciudades que no tienen cuota de placas. Averiguaré y lo comento cuando me haga el tiempo. Hoy prefiero escribir rápido, antes que el olvido haga su labor.

1 Comentario en Crónicas de China II. Limitar los automóviles

  1. Reblogueó esto en SalvoLomasy comentado:
    Las ciudades chinas llevan 5 años aplicando medidas restrictivas a la tenencia de autos. Ya es hora de que CdMx haga lo mismo, empezando por cobrar a los automovilies un impuesto al uso basado en sus especificaciones, emisiones y kilometros recorridos, restringir el numero de placas expedidas -asignadas por sorteo y por subasta, exigir permisos temporales de circulacion a autos emplacados fuera de la CdMx, cuyo costo debe ser cuando menos la diferencia entre la tenencia o impuesto al uso local y la que cobran los estados, asi desincentivamos la elusion del impuesto

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