Arquitectos parlantes para arquitecturas mudas

qué hubiera escrito Neruda,
qué habría pintado Picasso.
Ricardo Arjona

“Nos interesó hacer un espacio que no generara volumen, sino un espacio abstracto, abstraído a la tierra y que pudiera protegerse y cualificarse como una estructura simbólica; la dovela es una especie de piedra del sol; una piedra muy ligera, porque se mezcla con el aire, se mezcla con la luz, y por eso la hace, de alguna manera, flotar.”

El que habla es Antón García-Abril en entrevista publicada en la última edición de Obras. Recurriendo al lenguaje que caracteriza a los inmobiliarios, constructores, ingenieros y empresarios de productos de la construcción que constituyen el grueso de los lectores de la revista, el arquitecto español se explaya sobre las ideas que inspiraron su proyecto para el teatro Cervantes ubicado en Plaza Carso, a pocos metros del museo con forma de WC también propiedad de Carlos Slim:

“Quise recrear en un ambiente contemporáneo la idea de sublimación de lo público, de abstracción, del tipo de plaza, de espacio público, y esa inmersión en ese sistema de plataformas para acceder al uso principal del lugar, que recrea virtualmente, de alguna manera, la vida… (Se trata) de un juego de recreación donde la narrativa del teatro se acompaña con la parte narrativa de los espacios. Crear un mundo perceptivo, un mundo sensible, que nos conduzca a otros mundos; teatro, música, ambas experiencias intelectuales y sensoriales”.

Deja claro desde un principio que lo suyo va más allá de la arquitectura como tradicionalmente se entiende la disciplina. Antes que un teatro, el proyecto de García-Abril es una experiencia de vida: “lo que quiero es que se sienta ese desequilibrio que te mueve, que te excita de alguna manera y que te atrae, te atrapa…Al final, el juego es siempre este diálogo, este desafío entre lo que ves y lo que sientes y lo que analizas y comprendes, entonces la arquitectura está en este espacio, entre lo que percibes y comprendes”. Arquitectura dotada de un profundo sentido humanista, hecha para y por la gente parece ser el mensaje a transmitir a aquellos cortos de mirada que sólo ven un teatro bajo tierra: “(el teatro Cervantes) es un espacio para las personas, no es un edificio. La diferencia es abismal, un edificio es un objeto, es sustantivo, puede tener hasta dueño. Este teatro, este espacio, es para todos.”

Parece edificio, tiene permiso de construcción de edificio, lo construye una constructora de edificios con materiales de edificios, pero no es un edificio: ahí está la gracia de esta experiencia colectiva en tres dimensiones. Sobre su relación con la ciudad y su contexto inmediato, el arquitecto es más o menos claro: “(el entorno de los edificios) me es ajeno, para mí, el entorno es la gente y el espacio. Este entorno es de volúmenes y creo que esta proposición es una afirmación rotunda de que la monumentalidad del espacio se impone a la voluntad de la volumetría, de la forma. El entorno le es ajeno, pero no la ciudad. Cita a Teotihuacán como fuente de inspiración (las ruinas, no el supermercado); en el conjunto a su obra no le queda otra que asumir el rol de Pirámide del Sol: “esta pieza es la clave de todo el conjunto; siendo la más pequeña, es la cereza del pastel. Creo que es la que aúna todo lo positivo que tiene el urbanismo, que trata de la gente.” Suma y sigue, al arquitecto ni un tema le es ajeno, nada queda al azar. Las palabras hacen un parque de diversiones en su boca al momento de hablar del sistema constructivo: “yo quería una estructura muy abstracta en donde la luz se mezclara con la gravedad, un material que fuera capaz de crear ese choque, esa mezcla que provoca un espacio arquitectónico”.

Palabras mayores para un arquitecto que deja la vida en el último plano de detalle. Proyectar hasta que duela, involucrarse en cuerpo y alma en cada trazo, en cada cota: “esto es como una historia de amor; se sufre, se goza, se ríe, hay pánico, fantasía, todo eso es hacer un proyecto de ese tipo, al final, es una experiencia extraordinaria, compartida con mucha gente… Creo que es una labor de enorme generosidad porque trabajamos para los demás”. El arquitecto termina la entrevista exhausto. El lector también.

La culpa es de uno, que se educó con el anticuado discurso que las obras deben hablar por sí solas, que mientras más muda sea la labor del arquitecto, tanto mejor. Que un poco de decoro indica que el elogio de la obra debe venir del usuario, y no de su creador. Que hay que sospechar de la arquitectura con demasiada explicación rimbombante. Cambiaron los tiempos: los que piensan así nunca aparecerán en Obras, nunca serán miembros del star system, nunca recibirán un encargo de Carlos Slim. Los que piensan así seguirán viendo un teatro subterráneo con un techo que sobresale en la superficie. No hay que descartar que sea un buen proyecto.

Palabras al cierre

“Seguramente es de los más baratos en México, desconozco la cifra, pero no creo que haya costado más de 10 millones de dólares”. Haberlo sabido antes para encargar dos.

3 Comentarios en Arquitectos parlantes para arquitecturas mudas

  1. Los Arquitectos provocan con sus obras, no con sus palabras. Saludos Rodrigo

  2. Estos son arquitectos del Ego. Para mí son de lo peor entre la fauna nociva de las ciudades.

  3. JAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA ¡LA PINCHE CINETECA!

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